Blog

Música para la portada de una revista de arquitectura: entrevista en “Aldiri Arkitektura eta abar”

Portada Aldiri Aktikertura eta abar 25

Portada Aldiri Aktikertura eta abar 25. Fotografía de Rafa Rodrigo. Material utilizado para la elaboración de la pieza “El deseo como cemento”: Miniamplificadores Danelectro Honeytone, eco de cinta Copicat IC 300 WEM ’70s, micrófono Electro-Voice 915 Crystal –perteneciente a un afinador estroboscópico Conn Strobo Tuner ST9 ‘50s-,varios reproductores de casete Philips, Sanyo, Omega y Unisef, cinta, material plástico, vasija con conchas y teléfono perteneciente a un sintetizador analógico DeMenTia laBs circuit bent “Field phone”

Mis cacharros tienen el honor de conformar el bodegón de la portada del nº25 de la revista de arquitectura Aldiri Arkitektura eta abar. En el interior, una entrevista de Ander Gortazar Balerdi sobre mi proyecto “El deseo como cemento“. Música y arquitectura, mucho en común. Reproduzco a continuación la versión en castellano. La versión en euskera, aquí: http://www.ueu.eus/denda/ikusi/aldiri_25__donostia__kulturaren_hiria_

 

Música para la portada de una revista de arquitectura. ¿Qué tienen en común ambas disciplinas?

Muchísimo. A través de la música también diseñamos, proyectamos y construimos. Fabricamos relatos y lugares en los que la gente encuentra refugio y disfrute. Los músicos, al igual que vosotros los arquitectos, tenemos que elegir los materiales idóneos y la mejor forma de combinarlos para que la experiencia deje huella en quien la vive.

El bodegón fotografiado por Rafa Rodrigo muestra todos los dispositivos y elementos utilizados para la pieza “El deseo como cemento”. ¿Por qué deseo? ¿Por qué cemento?

Llegué a ese título casi al final del proceso, cuando comprendí con qué materiales estaba trabajando. No sólo eran sonidos, eran también palabras e historias. Pero lo que más peso iba adquiriendo era el conjunto de relatos que yo misma iba construyendo mirando los edificios, observando la ciudad (me informé sobre la historia local, el porqué de sus monumentos, arquitectura, peculiaridades, etc.), a los paseantes, a la gente conversando en el tranvía, en las cafeterías… En Donostia podía entender parte de sus diálogos. En Wroclaw sólo sus gestos, su tono, el contexto. Todas esas piezas, sin un material aglomerante, no encajaban. Ese aglomerante que daba cohesión al conjunto era precisamente mi fantasía y cómo yo estaba interpretando todo que percibía a través de mis sentidos: “El deseo –mi fantasía- como cemento –cohesionador-”.

En uno de los diarios donde fui describiendo el proceso, expliqué que me interesaba “dialogar entre nosotros y con ellas [las ciudades], en el idioma en el que hablan las ciudades y las historias: un lenguaje aunque a veces torpe, siempre acogedor; formado por palabras truncadas, de las que nos llevamos tan sólo una parte de su significado. De esta manera podemos seguir construyendo ficciones y rellenar con el cemento del deseo los huecos de nuestra vida que no acertamos a comprender”.

“El deseo como cemento” nace en una residencia artística en Wrocław, y fue grabada tanto en la capital cultural polaca como en Donostia. ¿En qué aspectos de la ciudades está basada la pieza?

La idea nace del reto de vincular ambas ciudades a través del arte sonoro. El resultado de la pieza no es una grabación, sino una acción o performance sonora. Las grabaciones que utilizo en ella están tomadas en ambas ciudades, pero en la pieza intervienen también las palabras (o mejor dicho, los fonemas), el poso de las historias con las que me fui encontrado y otras que fui imaginando, y también algo de reflexión y crítica sobre el paisaje sonoro que nos envuelve.

¿Cómo fue el proceso creativo?

Durante varias semanas caminé por las ciudades grabando todo sonido y/o escena sonora que me resultara interesante. En Donostia, por ejemplo, grabé a unos niños jugando al fútbol en la Plaza de Cataluña, gritando, bajo el cartel que avisa “prohibido jugar al balón”. Éste rebotaba contra las paredes de la Parroquia de San Ignacio, y se me ocurrió, sin parar la grabadora, caminar hacia la entrada y descubrir lo que estaba sucediendo en el interior de la iglesia. Me encontré con una escena magnífica, el rezo del rosario. Decenas de mujeres murmuraban ese cántico que se convertía en un colchón sonoro, con palabras empapadas por la reverberación de aquel espacio, ininteligibles pero con mucho significado. Una pared de piedra separaba dos mundos, dos ambientes sonoros, totalmente distintos.

Como ese ejemplo, muchos más. Tantos, que llegó el momento de desechar algunos paisajes. Fui uniendo ciertos cabos entre las dos ciudades, señales que me indicaban qué audios usar y cuáles no, y lo fui documentando todo en un diario. De esta forma, el proceso se completaba con pequeños poemas y reflexiones.

Técnicamente, hubo que realizar una selección de las grabaciones de campo, elegir un orden lógico, pasarlas a formato casete, y encontrar la manera de encajarlas con las historias y las escenas que más me habían llamado la atención. También quise utilizar objetos o materiales encontrados en las ciudades para recrear momentos sonoros vividos en ellas. Por ejemplo, recreé el sonido de las olas del mar rozando la superficie de un micrófono de contacto con arena de la playa de la Zurriola contenida en un bol, o el sonido de las obras de reforma de las ciudades -el más común y casi continuo de los ambientes sonoros- haciendo vibrar una vasija de cristal que compré en un mercadillo de Wroclaw y rellené con conchas traídas de Donosti. Todo este proceso de búsqueda, ensayos, errores y hallazgos, me llevó aproximadamente un par de meses.

La pieza recrea sonoramente las obras de reforma de la ciudad, la arquitectura, la forma de comunicarnos. ¿Se podría extraer alguna conclusión? ¿Hacia dónde va La Ciudad, como ecosistema?

Aunque disfruté enormemente de las diferencias (la gastronomía y las costumbres relacionadas con ella, la arquitectura -que en Wroclaw es tremendamente especial-, etc.), me sorprendió encontrar un contexto de “Ciudad” muy homogéneo en dos lugares tan distintos y alejados. Hay más elementos comunes de los deseables, bajo mi punto de vista. Toda una retahíla de franquicias multinacionales que nos visten y nos dan el café como “nos tiene que gustar”, hacen que todo parezca demasiado uniforme y me hace intuir que el pensamiento se mueve globalmente por una misma senda que nos marcan tanto aquí como allá.

También me sorprendió lo poco conscientes que son los ciudadanos del entorno sonoro que les rodea. Vivimos en un contexto saturado de músicas, melodías, cantos, sonidos, ruidos (a gran volumen), voces y ecos (repeticiones de mensajes) que nos envuelve y, en ocasiones, incluso nos acorrala. Sin embargo, hemos terminado por acostumbrarnos a esta saturación y a vivirla con cierta dejadez.

¿Y hacia dónde la ciudad, Donostia-San Sebastián? ¿Cual es el poso que dejará la Capitalidad Cultural en la ciudad?

Para mí, a título personal, se está consolidando en una oportunidad de realizar proyectos diferentes, de encontrar otros creadores y ciudadanos con los que dialogar en lenguajes artísticos distintos. Pero, en términos generales, espero que seamos capaces de lograr que la huella que perdure no sea la de una ciudad más cara e inaccesible, como suele ocurrir tras los macro-eventos de este tipo.

Sólo me queda preguntarte por la definición de “cultura” de Ainara LeGardon.

Supongo que es aquello que hace de nosotros lo que somos. Lo que conforma nuestra identidad; ese contexto adquirido en el que a veces es necesario desaprender para que las nuevas ideas avancen.

Ilustración de Ainara LeGardon por Pirati a partir de una fotografía de Rafa Rodrigo

Ilustración de Ainara LeGardon por Pirati a partir de una fotografía de Rafa Rodrigo

 

 

Comentarios ( 0 )

    Deja un comentario

    Tu dirección de email no será publicado. Los campos obligatorios están marcados. *