Categoria: Diario de viaje

Arratsaldeon!
No he ido al Primavera Sound, pero os aseguro que he disfrutado del verdadero sonido de la primavera. Paseando por el monte se descubren poemas escritos con el eco de la madera. Hoy comparto un fragmento del diario de viaje de hace un par de semanas, a través del valle del Baztan. Está dedicado a Hasier Larretxea y a su aita.

 

Infernuko errota, 17/05/15

 

El riachuelo que camina hacia el Molino del Infierno domina el lenguaje Morse,
con sílabas cosidas por vocales cerradas,
pronunciadas a lo largo de las eras que han quedado marcadas con líneas blancas en las rocas.

¿Y tú, cómo te llamas?

¿Cómo tus piedras, tu arena, tu cauce?

Las ortigas de tu orilla, las vistosas y mortíferas digitales, los tréboles que han nacido para acolchar los pasadizos de troncos caídos.

Tu sonido cambiante al girar sobre mí misma encima del puente,
al pivotar sobre los tobillos que ahora se quejan.

Al otro lado sólo se atreven a cruzar aquellos que no temen a la magia.

Te llevaría conmigo si pudiera.

Un leñador con sierra ha compuesto un poema con los pedazos de un roble,
como fonemas, uno tras otro, dispuestos en maravilloso desorden.

 

Foto de Rafa Rodrigo

Foto de Rafa Rodrigo

[Recomposición de ideas y textos escritos entre el 1 y el 10 de mayo del 2015, entre Irun y Madrid. No hay imagen ni música posible para acompañarlos, quizás sólo la de la banda sonora de la película que finalmente no pude ir a ver].

Llora mi nariz, nieva polen.

Cojeo desde que hace nueve días nos bajaron de un tren que se había enganchado a la catenaria en Zumarraga. Una de mis dos maletas pesa casi treinta kilos. Yo la fingí ligera.

Por un momento estoy perdida. Nos aproximamos a una ciudad de casas palaciegas, con un verde vivo y húmedo. Dudo. He olvidado a dónde me dirijo y han de pasar unos segundos hasta que reconozco Donosti. Durante ese pequeño lapso me he extraviado también en el tiempo. “Qué día tan primaveral, para ser noviembre”. Creí que estos seis meses no habían pasado.

Me dicen que llevo exceso de equipaje. Pienso en todo aquello con lo que cargo hoy, y de ello, qué podría dejar atrás.

El burro se rasca la cabeza contra la esquina del invernadero. También le está dando vueltas al asunto.

Aligerar.

 

Al sol admiro las veinticinco plantas fantasma del Edificio España, aquel realizado por los Otamendi y que es hoy el símbolo de la vergüenza y el sinsentido.

Vacío.

Dos perros se revuelcan en la hierba, rascándose el lomo compulsivamente. Se manchan con las heces de otros perros.

Es necesario indagar en los intestinos y embadurnarse. ¿Lo es?

Camino bajo un andamio cubierto de plástico, a modo de pasillo de ficción que bien pudiera desembocar en otra realidad.

Que no lo es, que es ésta.

Disfruto del trayecto.

Pero duele cada vez que doblo la esquina de la calle Reyes.

Anoche sólo hubo unos pocos “clicks”. Bien. A veces merece la pena dejar los brazos libres, coger a alguien de la mano o cerrar fuerte los puños, dejarse llevar y disfrutar de la música.

Anoche viví uno de los conciertos más mágicos de los últimos años. Algunos me dijisteis que viajasteis también junto a mí. Alguna lágrima se le cayó a alguien, y me lo hizo saber. Algún “flipatzen naiz” me sacó la sonrisa. Algún aplauso ralentizó mis movimientos durante un segundo.

Ha sido la primera vez desde hace mucho tiempo sin una sola foto en las redes sociales a las pocas horas, sin que, al abrir los ojos, viera manos en alto con cámaras o móviles. Parece que estamos volviendo a ser reales, y aún así (y por ello) a ser capaces de volar. GRACIAS.

PD: no hay imagen para ilustrar esta entrada. Pon la tuya.

PD2: con todo el cariño y agradecimiento a los fotógrafos-camaleones que nos regláis vuestra pasión sin que apenas nos percatemos de vuestra presencia.

 

 

Gijón, 18/04/15

 

Es un mirlo.

El pájaro negro con pico naranja intenso, de canto indescifrable, es un mirlo.

Hoy se esconde entre las hojas ovaladas de un pitosporo japonés, y vuelve a recitarme sus versos. Detengo mis pasos y echa a volar.

Sentada en la piedra del punto más alto del Cerro de Santa Catalina

dejo que el aire arranque estas páginas de mis manos.

Me (des)coloca el pelo sobre los ojos una y otra vez.

Escribo sin mirar mi mala letra.

Lloro de viento.

 

Al otro lado de la lengua de mar crecen en la loma inmensos tanques esféricos.

Globos sonda.

Balones de playa.

Tumores circulares.

 

A mi espalda, el “Elogio del Horizonte” se calienta al sol.

 

Más abajo, en la fachada del edificio más privilegiado, la escena es sugerente:

Un gato blanco y beige se relame en la ventana del tercero. Mira hacia arriba, estirando tanto su cuello que parece que se va a desmembrar.

Huele y escucha a la paloma que descansa en la repisa del cuarto.

Desde el quinto, la mujer morena me mira y se oculta tras la cortina. Con gusto desplumaría a la paloma para su guiso de hoy.

Un nuevo habitante aparece en la escena. Otro gato, esta vez tan oscuro como la tez de la vecina, observa desde el primero.

Me pregunto qué historia esconde la planta segunda.

En venta.

 

Este fin de semana Archipiel nos hemos recluido en Heleta para trabajar en el montaje de nuestra próxima pieza, “Hazme un 7”. Rafa Rodrigo ha ejercido de chófer, cocinero y asistente técnico. Hemos disfrutado de un antiguo cine reconvertido en auditorio y pista de baile para nosotros solos. En él hemos creado 7 microescenarios con metros y metros de cinta de vídeo que ahora parecen medusas salidas de películas de ciencia ficción, recipientes de vidrio que cantan y vibran, teléfonos con línea directa a las historias de pilotos de guerra de países con lenguajes desconocidos.

Aunque aún quedan por escribir un par de homiletras para recicantar de espaldas el uno al otro, ya hemos elegido los micrófonos que conformarán el bosque en movimiento en el que nos perderemos, en el que perseguiremos las texturas del musgo y el helecho, de las hayas y los abetos.

Al igual que hace dos años, la adaptación de nuestro trabajo al escenario de la Sala Verde de Teatros del Canal y las necesidades de producción del Festival Talent están suponiendo un ejercicio de concreción, concreación y formalización de ideas muy sano y reconfortante: Un push-up enriquecedor para nuestro quehacer cotidiano. Re-re-re-re-novad’or, tre-molón y trovadorador.

Fuera de nuestro imaginario, los pottokas pastaban cerca de las ovejas y las vacas, y en el reloj de la iglesia siempre daban las siete.

Estas son algunas de las imágenes del proceso de creación y montaje de “Hazme un 7”. ¡Os esperamos en el estreno (2 de mayo a las 20 h)!

http://www.teatroscanal.com/espectaculo/talent-madrid-2015/

 

Penúltima versión de "Hazme un 7", por Archipiel

Penúltima versión de “Hazme un 7”, por Archipiel

 

Ensayos de Archipiel por Rafa Rodrigo. Hay luz al final del túnel.

Ensayos de Archipiel por Rafa Rodrigo. Hay luz al final del túnel.

 

Ensayando el Pasillo Armónico

Ensayando el Pasillo Armónico

 

Ensayando el Contacto Simple

Ensayando el Contacto Simple

 

Ensayando Microescenarios Plásticos

Ensayando Microescenarios Plásticos

 

Ensayando Palabra

Ensayando Palabra

 

 

Carretera Zaragoza-Valencia. 15:20.

 

Por los cauces de los ríos aragoneses, vacíos de agua, crecen malvas y hierba verde, como si varios botes de pintura gigante se hubieran derramado coloreando lenguas de vida que iluminan un paisaje aniquilado por el hombre.

A estas horas ya no nos darán comida decente en ningún sitio.

Los pequeños arbustos secos ofrecen la última sonrisa de su agonía.

(Yo también fui rama que olvidó el placer de ser partida por la fuerza de la corriente).

Es el viento el que moldea el paisaje ahora. Es la broza la que pide la extremaunción.

Has anidado en un panel informativo de la Autovía Mudéjar. Tus plumas pardas se calientan entre los píxeles de esos signos que avisan de un accidente.

(Yo también he dibujado mi cara en las sombras de la ladera de la montaña).

Más allá de la línea del horizonte todo parece pintado al óleo.

 

Gabon!

Después de tantos años la sigo mirando, como dice Wade Matthews, como una arqueóloga que estudia un objeto recuperado de la excavación, intentando adivinar su posible uso. Me sigue sorprendiendo y fascinando su capacidad para la buena conversación, su voz a veces calurosa, sus aullidos destemplados, cómo me coloca las manos sobre su cuerpo.

Esta foto de Igor Zalbidea capta el momento bañado por el último bramido antes de hacerse el silencio en La Alhóndiga, anoche. Me parece la imagen perfecta para resumir un fin de semana emocionante. Pronto, la crónica en forma de diario de viaje. Por ahora me despido con el deseo de que paséis una buena noche.

Ainara LeGardon en el Basque Fest por Igor Zalbidea

Ainara LeGardon en el Basque Fest por Igor Zalbidea

 

 

Irun 14/03/15. 08:07 am

 

“Asimilar. Rejuvenecer”.

 

Ese eslogan en el escaparate de una farmacia me despierta en medio de la guerra que estoy librando contra el viento, que impulsa las gotas como balas.

Suena un tiroteo incesante en el tejadillo de lata del andén número dos. Estoy empapada.

Las yemas de los dedos de mi mano izquierda duelen de forma hermosa, como si fuesen a florecer.

 

“Asimilar. Rejuvenecer”.

 

Ayer asimilé, rejuvenecí. No necesité cosméticos.

A todos y todo lo que me encontraba en el camino, ya había cantado antes.

A Hannot, a Gaizka, a Iban, a Kuti.

A la nostalgia, al desarraigo, a la música nada más despertar.

A Gernika, a Mendata.

A volver.

A Igor, a Ainhoa, a Alaitz. A sus hijos.

A Xabi y a su canto de viola de hace diez años.

A Ager, que no estaba. Que sí estaba. A Mikel, a Andoni.

A la generosidad, a la amistad, a la ayuda, a la entrega.

Al amor puro sin trampas.

A lo que ese lugar ha obrado en mí.

Al agradecimiento de haberme convertido en lo que soy, y de seguir aún conmigo. A la imposibilidad de desprenderme ya de ello.

 

Ander me recordó la extraña belleza de los árboles cuyas flores brotan a primeros de marzo, en medio aún de aguaceros y días nublados. A ellos también había cantado hace tiempo.

 

“Asimilar. Rejuvenecer”.

 

Todo lo digiero y lo incorporo a mi discurso. Seguiré contando historias.

Me repito la suerte que tuve. Que tengo.

Héctor, Rubén, Rafa.

Sonrisa, risa, sonrisa.

Verdad.

 

Ainara LeGardon. Gernikako Lekuek Festibala. Foto de Rafa Rodrigo.

Ainara LeGardon. Trinkete (Gernikako Lekuek Festibala). Foto de Rafa Rodrigo.

 

Bus Irun-Bilbo, 02/03/15

 

¿Dejará alguna vez de llover?

 

El trigésimo octavo día consecutivo de precipitaciones deja en la ventana del autobús

la marca de las garras de un tigre gigante,

las Meninas,

el Orinoco,

una serpiente pitón,

las lágrimas de los Amantes de Teruel,

un feto diminuto siendo arrastrado por la serpiente pitón,

un arco iris transparente sobre la Ría de Orio,

el Empire State Building.

 

Todo se dibuja y se borra en el cristal,

como imaginado por el aluminio y el estireno de un Telesketch.

 

En cuestión de media hora ha crecido el Nilo y su corriente se ha llevado los árboles enfermos de la Isla de San Nikolas.

 

Casiopea,

Orión

y el estandarte tricolor en el mar, de nuevo.

 

Como errores enmendados con Tipp-ex sobre una hoja oscura, quedan las marcas de la crecida de río Deba en los árboles de la orilla. Miles de fragmentos de plástico blanco y papel higiénico exponen nuestras faltas y desaciertos.

 

El niño que mea desde Bruselas me salpica mientras apaga un fuego en la Torre Eiffel. Me sumerjo en esta siesta meridional con la esperanza de que el mareo se ahogue en ella.

 

Irun-Lekeitio 26/02/15

 

Una bandada de garzas no guarda los bueyes esta mañana.

Vuelan dirección Hondarribia a una velocidad lo suficientemente lenta como para dejar que admiremos su plumaje.

 

En Deba las corrientes pintan el mar de tres colores, como tejiendo un estandarte con franjas perfectamente definidas de cobre turbio, turquesa pálido y azulejo.

 

Las fuertes lluvias de estos días han arrastrado hasta la playa todo lo bueno y todo lo malo. Conos de tráfico, botes de suavizante y latas de cerveza conviven varados en la arena con ramas, piedras y preciosos caparazones. Son los escudos borrados de la bandera.

 

 

Lekeitio 27/02/15

 

Las olas explotan en forma de polvos de talco. Casi puedo inhalarlos desde el muelle.

 

Nunca he oído el diálogo de las gaviotas tan de cerca. Son ellas las que componen las piezas de Steve Reich allí donde los bañistas olvidan sus llamativas toallas durante los meses estivales, donde los indigentes luego disponen sus húmedos catres de sudaderas y musgo.

 

Un hombre, que no sé bien si es un fantasma o un valiente, practica bicicleta estática en el polideportivo abandonado.

Caen goteras en esta imagen del desatino.

 


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