Categoria: Diario de viaje

Tumbada en el sofá no reconozco el primer destello.

Podría ser el reflejo de la luz de un cuarto de estar del edificio de enfrente, en el cristal de una ventana que se cierra o se abre.

Señales con un espejo.

El segundo, el tercero, el cuarto, anteceden a los truenos fuertes, vibrantes, bellos.

Tiembla la casa, éste ha caído cerca.

La tormenta trae el mar al patio de vecinos.

 
PD: Prosigo con la lectura de “El puño y la letra”. The Drones ponen banda sonora a la incesante lluvia. Ya no sé cuántas veces he compartido esta obra maestra. Subid el volumen y que paséis una buena noche.

Apenas pude apartar la vista de su flequillo, de sus labios pintados de un rojo que hacía juego con sus botines y se fundía con el rosa pálido del interior de su boca. Cantaba sintiendo cada exhalación de aire.

Ayer conocí la esperanza.

Él, elegante, se movía buscando los ojos de ella. Llegó a susurrarme estas ganas de hacer que hoy me inundan.

Ayer conocí la esperanza, exquisita y fina. Sólo durante unos segundos desvié mi mirada para observarme los pies, las piernas, y agradecer estar allí en ese momento.

A veces pasan cosas como esta, que te conectan a la vida y casi ocurren de milagro.

Mil gracias a Elle Belga por su concierto de anoche en Bonberenea Sutan. Fue un regalo inspirador.

“Ayer conocí a la esperanza,
una mujer no muy alta,
cogí sus manos frías
y sentí calor.

Me enseñó cómo se salva
un corazón con óxido,
porque aquí nuestra lluvia
puede ser bendita”.

(“Esperanza” de Elle Belga).

Diario de viaje de una gira cualquiera. Barcelona, 6/12/14. 7:03 pm.

 

Mi cuello es un nudo.

Tengo un colibrí

retorciéndose dentro de mi brazo.

Por fin consigue singlar el laberinto

y salir volando a través del ojo izquierdo.

 

Tranquila.

Ahora tu nariz se hunde

en una almohada que huele a limpio,

aún quedan 32 minutos para que suene la alarma

y ya has llorado el pájaro de hoy.

 

 

Tren Barcelona-Irun, 7/12/14. 5:42 pm.

 

El cielo parece una majestuosa colonia de coral

sometiendo a un buque de guerra hundido en el aire.

 

Vale, lo reconozco. Es mi “Semana Nick Cave. Sus palabras llevan martilleándome dulcemente los últimos siete días. A veces me sorprende la capacidad que tenemos para hilar inconscientemente historias, para atar cabos que explican nuestra propia vida. La mañana antes de que comenzara esta serie de siete jornadas, escribí (ya lo compartí con vosotros) un diario de viaje en el que aparece una referencia a Sokurov y su cine lento, paisajístico, delicado.

Resulta que en su día leí una crítica preciosa, firmada por Cave, a su cinta “Madre e hijo”. Dice Cave que a los diez minutos de sentarse en la butaca, comenzó a llorar en silencio, y no paró hasta que terminó la proyección.

Ahí estaba yo, el lunes pasado, desayunando, pensando que la imagen que estaba divisando bien podría ser un plano casi fijo, tan misterioso como los de Sokurov, y por la noche, ahí volvía a estar yo, con Cave, hablándome de lo que es sentir.

Durante unos años, más o menos del 2005 al 2007, preparé un repertorio especial que casaba con las imágenes de “Madre e hijo” y, siempre que era posible, pedía que se proyectara mientras tocaba. A veces miraba la pantalla grande y olvidaba que estaba en otra realidad. Me insertaba literalmente en la existencia de aquellos dos personajes, en aquellos campos.

Una de las veces que más me emocioné fue en el Nocturama del 2005, en el Monasterio de la Cartuja (Sevilla), y con mi madre entre el público. Concha Laverán capturó imágenes increíbles que corroboran que me introduje entre aquellas vidas. Mis botas bien podrían haber estado manchadas de rocío, de barro, al finalizar el concierto. Anoche estuve ordenando fotos, y aparecieron éstas.

Gracias, Nick Cave. Gracias Aleksandr Sokurov. Gracias, madre. Gracias, Concha Laverán.

PD: Podéis leer el texto de Cave aquí: http://home.iae.nl/users/maes/cave/disc/sunday.html

PD2: en estos días leo “Lolito” de Ben Brooks (Blackie Books), en cuya portada hay una pegatina con una declaración de Nick Cave: “El libro más divertido y brutal que he leído en años. Me ha vuelto loco”. Yo no llego a tanto, pero me estoy echando unas buenas risas, eso sí.

Ainara LeGardon en una película de Sokurov por Concha Laverán

Ainara LeGardon en una película de Sokurov por Concha Laverán

Tren Irun-Burgos, 30/11/14

Vivo aquí. En este vagón. O en otro. Todos son iguales. Me lavo los dientes con agua no potable. El zarandeo hace que la tapa del retrete a veces caiga súbitamente. Ya casi ni me asusto. Pinto mis labios con el cuidado con el que lo haría una enferma de párkinson y sigo mi camino.

…Y el camino me lleva esta semana hasta Barcelona. Tengo dos citas importantes relacionadas con esto de la autogestión. Por un lado impartiré un taller en la Euskal Etxea (con precio rebajado para estudiantes y socios de la casa vasca), y por otro lado presentaremos disco en el Festival Dark Side of Aloud.

Cada día estoy más orgullosa de formar parte de la familia Aloud Music Ltd, de colaborar, de inspirar y dejarme inspirar por ellos. Así que os animo a aportar vuestro granito de arena para que sigan existiendo propuestas como estas, al margen de los cicuitos habituales. En secreto hemos comenzado a escribir una revista imaginaria que se llama “Ética, política y militancia musical”. No sabemos si algún día se harán públicas nuestras conversaciones, nuestras ideas, pero lo importante es tenerlas y ponerlas en práctica. Como todo lo que organiza Aloud Music Ltd, el festival es gratis para los menores de 23 años y como novedad, también para los mayores de 50 años. “Traéte a tus padres a disfrutar de la música en directo”, dicen. Pues claro.

Y para los que estamos en un rango de edad entre 23 y 50, la entradas valen 10/12 € (4 conciertos). Devolvámosles a Aloud la generosidad que nos han demostrado. Levantemos el culo del sofá.

Nos vemos allí, con el potenciómetro al 11.

05/12/14: Barcelona. Euskal Etxea. Taller de Autogestión musical. Nivel 1. 8 horas.

Horario: de 10:00 a 14:00 y de 15:30 a 19:30 h
Lugar: Euskal Etxea de Barcelona.
Precio: Tarifa general 30 €. 25 € para socios y estudiantes universitarios de:
a) Máster en gestión cultural de la UB.
b) Máster en gestión de industrias creativas y culturales de la UPF.
c) Máster en gestión cultural del a UOC.
d) Máster en producción y comunicación cultural de Blanquerna.
e) Grado en comunicación e industrias culturales de la UB.

Inscripciones: http://codetickets.com/home/home.php?txtbuscador=ainara+legardon&Buscador=Buscador

 

06/12/14: Barcelona. Festival Dark Side of Aloud (La [2] de Apolo). Con Astralia, Santa Rita y Our Next Movement. 20:00 h

Entradas enhttp://entradium.com/entradas/Dark-Side-of-Aloud-1074

(Santa Cruz de Tenerife. 8:35 am)

 

Desayuno mirando al mar.

Hoy alberga una de esas misteriosas escenas que parecen un plano fijo, sin serlo.

Como en una película de Sokurov, la proa de un barco aparece de la nada.

Muy lentamente me va descubriendo sus colores, entre brumas.

Estoy a salvo del viento.

Cruzo los brazos.

La mano derecha acaricia el codo izquierdo.

La mano izquierda se aferra fuertemente al bíceps derecho.

Cierro los ojos y siento un beso.

 

(Avión Tenerife-Gran Canaria. 11:37 am)

 

Vuelo rozando el Teide nevado.

Nadie más mira por la ventana, todos leen la sección de deportes.

Distintas páginas cuentan lo mismo.

La costumbre nos hace inmunes a la belleza.

Gran Canaria es terrosa, marrón, rojiza. Pide a gritos atención.

Distintas páginas siguen contando lo mismo.

 

(Las Palmas de Gran Canaria. 10:25 pm)

 

Esta noche las luces de la plataforma petrolífera, a lo lejos, se dejan enmarcar por dos palmeras, en tierra, cubiertas ya con la decoración de navidad.

Los focos de los vehículos que avanzan por la carretera de circunvalación a toda velocidad pintan la estampa con destellos, como colas de cometas.

Acabo de ver “20000 Days on Earth” en el patio de un palacio, al aire libre, y ahora, casi por accidente, me siento en un hotel de cuatro estrellas ante manjares que tan sólo puedo contemplar.

Podría cenar en un vertedero y sentiría que mi vida es un regalo igualmente.

 

 

Un hito, una marca más en la lista de lugares mágicos en los que dar un concierto. La sede que alberga al Festival Keroxen, en Tenerife, es uno de ellos. Como casi siempre que realizo un solo de improvisación, trato de impregnarme con la historia del lugar y construir una dramaturgia sonora, o al menos crear hilos conductores entre las pequeñas piezas o procesos que se van sucediendo. El espacio es un instrumento más, casi el más importante, puesto que su acústica determinará los cauces por los que fluirá el sonido, el movimiento, las ideas casi en forma de líquido.

Un tanque de petróleo. ¿Qué más puedo pedir? Un tanque de petróleo que desempeñó su cometido en los años 30 del siglo XX, y luego se vació y permaneció como una mole inservible hasta que se le ha dado un uso como lugar para la creación artística. Un majestuoso espacio con una reverberación de ¿17 segundos? ¿En serio? Cuento en voz baja hasta 17 y sonrío.

Y recuerdo el día en que Archipiel grabamos una pieza durante nuestra residencia en Azala. Era primavera, el césped aún estaba húmedo y yo me tumbé en una esterilla de gomaespuma. El sol pegaba fuerte. Le dimos al REC. Al cabo de unos minutos empecé a acalorarme, luego a quemarme. Y cuando me quejé en alto de que mi cuerpo estaba ardiendo, Álvaro dijo con una voz que no parecía la suya “estás tumbada sobre una charca de petróleo”. Le miré y le vi comiendo hierba a mi lado. Lentamente, parecía un rumiante. “Petróleo”, repetía con la boca llena y la dicción rota. Un abejorro nos sobrevolaba y su zumbido fue el despertar perfecto para la consciencia.

Ahora floto en un tanque de petróleo. Imagino a mi amigo masticando hierba y a cualquier insecto tratando de sobrevivir en un entorno negro y denso, que parece la descripción de una existencia pasada. Cuánta muerte y cuánta vida en este depósito. La densidad de mi propio cansancio determina una pieza en la que se mezclan los sonidos acuosos del contenido de los bidones, con un canto de sirena lejano, al otro lado del teléfono con línea directa a la nada.

Gracias a los que escuchasteis en silencio y os dejasteis llevar por los fenómenos climatológicos, extraños e incómodos, que surgieron a través de los micrófonos.

Gracias al Keroxen por la oportunidad de intervenir en un lugar tan mágico. A Bonny y Dácil por la amabilidad y hospitalidad.

Gracias a Juan MaRe por capturar los momentos con ese encanto que le caracteriza.

Suena el viento baladrando entre las rendijas de dos puertas mal cerradas. Desde aquí veo el mar entre nieblas. Que paséis una buena tarde.

Ainara LeGardon tomó una pequeña parte del escenario central para deleitarnos con una sesión de improvisación libre en la que su voz y diversos objetos amplificados crearon una de esas atmósferas etéreas de escalofrío reverberante y cargada de una teatralidad sublime. Los cantos de sirena de esta bilbaína, sus artificios vocales y mecánicos, sus acoples musitados y sus movimientos y ruiditos emocionales se volcaron en una audiencia hechizada por la magia de su espectáculo. Un show tremendo que describe la calidad experimental de las propuestas del festival”.

Extracto de la crónica en http://www.lagenda.org/noticias/cronica-keroxen-quinta-jornada

Ainara LeGardon en Keroxen por Juan MaRe

Ainara LeGardon en Keroxen por Juan MaRe

 

 

 

PD: “Petróleo” de Archipiel se puede escuchar en: https://soundcloud.com/elhombreclasico/petroleo

Tren Alacant-Irun, 15/11/14

Un comentario tras el concierto de Valencia, tras un baile lento conversando, tras rasgar el envoltorio de unos regalos, me mantuvo en vela un buen rato aquella noche. Soñé con todo ello el poco tiempo que dormí. Fantaseé con mil palabras que deseaba poner sobre el papel. Aquí van algunas de ellas, a modo de resumen-petición-enseñanza de este último viaje:

1-“Esta mujer debería estar llenando estadios (aunque ni lo pretenda ni lo necesite). Otra liga”. Primero, me alegra mucho que se transmita que ni deseo ni necesito semejante cosa. Segundo, repito en público lo que digo en privado cuando se me habla de “otras ligas”: No juego (no jugamos) en otra liga. Simplemente nos dedicamos a otro deporte. Si cada uno jugara su propio deporte, seríamos todos campeones.

“Cuando te contentes con ser simplemente tú mismo,

y no te compares ni compitas,

todos te respetarán”.

(Lao Tse)

2-Horas antes, durante el viaje de ida, aprecié cómo el paisaje se transmutaba. Salí antes del amanecer, vi asomar el sol entre montañas, disfruté del verde, de la frondosidad de los bosques. Me puse a leer (justamente “Cartas de una pionera”, que no puede casar mejor con el espíritu de un periplo emprendido con el frescor de la madrugada) y, cuando levanté la mirada, el panorama había cambiado radicalmente. No me resultaba extraño, puesto que he realizado este mismo trayecto en multitud de ocasiones, pero nunca se me acaba de hacer familiar del todo. Comencé a escribir:

Tren Zaragoza-València, 13/11/14

¿Cuántas veces he de realizar un trayecto

para encontrarme en paz con él?

No sentir extraños

los terrenos yermos,

ni las tejas rotas,

los conductos secos,

las redes que ahogan

las piedras que quieren

rodar a mi encuentro.

 

Polvorienta llego despeinada a tus ojos.

Salgo ardiendo troquelada en trozos.

 

Mientras tanto recibí la noticia de las pocas entradas anticipadas que habíamos vendido para esa noche. Mi contestación, breve y automática, fue: “terreno yermo”. Me di cuenta en ese momento de que los versos que parecían dibujar un paisaje, estaban también describiendo artísticamente a un lugar. Y tuve que buscar una buena razón por la que estar recorriendo este camino de nuevo, tropezando, quizás, sobre algunas conocidas piedras. Trabajando suelos que no admiten siembra.

3-Llegué, tras más de diez horas de viaje, y tal y como predije, despeinada y a trozos. Entonces algunas personas me recordaron, sin pretenderlo, las poderosas razones por las que una transita estos caminos hasta encontrarse en paz con ellos.

Amigos que salen a tu encuentro en la estación sólo para pasar dos minutos contigo, que estrenan ropa por si los restos de pelo de gato te pudieran dar alergia (Litronas, recuerdo el día en que me recibiste con una estrella de mar que tú mismo, buceando, habías cogido aquella mañana. Naranja intenso, preciosa. La traías en un tupperware con agua salada y me dijiste: “Morirá pronto, pero te la tenía que regalar, princesa”. Esta vez me has traído a tu hijo, para presentarme, orgulloso, al más bonito de los regalos).

Amigos que te hacen un hueco en su sofá para que descanses media hora antes de la prueba de sonido, sin apenas hacer falta decir nada. Amigos que sonríen cuando te escuchan hacer ruiditos al caer dormida (Carlos, gracias por ofrecerme, sin preguntar, ese momento en el que un cuerpo se repara).

Amigos a los que apenas puedes evitar coger de la mano para vivir cada minuto que pasas con ellos como si fueran horas, con los que el impulso de desear bailar mientras se conversa es ineludible. Amigos que te regalan pan sin gluten en rebanadas porque saben que así te acordarás de ellos cada mañana del próximo mes, en cada desayuno. Los mismos amigos que siempre aciertan con los libros que necesitas leer (Dani, acaricio el “Tao Te Ching” agradecida. Eres mi proveedor de Biblias, mi camello de Escrituras Sagradas).

Amigos que te ceden la cama, la comida y el refugio. Que el día de su cumpleaños te agasajan a ti con regalos (Beíta, con qué ilusión he aceptado el libro –otro- esta mañana. Ése que me cuentas que salió a tu encuentro y te dijo que era para mí. Lo es).

Amigos que te hacen reír, da igual dónde, cuándo y porqué (Jose Kali, ya no nos quedan números para elaborar más códigos secretos. Llévame al Casino la próxima vez, que ganamos fijo).

Todos ellos, y los que me acompañan como cómplices en la música, en el silencio, en las miradas… todos hacen que este esfuerzo cobre sentido. Los programadores generosos, los técnicos amables. No importa (o casi) que la sala no esté llena. Llenar y llenarme de otras cosas es lo que necesito. Aunque también necesito (necesitamos) poder continuar el viaje. Si ha de ser por senderos ásperos y pedregosos, sólo con vuestra ayuda una puede albergar la esperanza de que quizás, alguna de las semillas que se han dejado caer, brote y dé fruto.

Llevo once horas y media en un tren. Mientras noto cómo las ojeras se hinchan, me despido con una petición:

Por favor, id a conciertos. Abandonad la pereza. Dejad a un lado los prejuicios. Que vuestros ojos miren y vean, que vuestros oídos gocen, que vuestro cuerpo escuche, que vuestra emoción rebose.

 

Extraigo, para terminar, el final de la crónica del concierto en 16 Toneladas, firmada por Fidel Oltra para Muzikalia: “Lo importante es que habíamos asistido a una clase magistral de amor por la música, de actitud sobre un escenario, de dominio de unos instrumentos (brutal lo que hace Ainara con la guitarra), de profesionalidad sobre las tablas y humildad al bajarse de ellas: Ainara se sentó en un taburete, junto a la barra, a vender sus discos y charlar con quien quisiera acercarse. Tuve la oportunidad de hablar unos minutos con ella. La encontré sudada y cansada pero parecía feliz. Le comenté que me pareció que disfrutaban mucho sobre el escenario y me respondió que sí, que así era. Hablamos, no lo olvidemos, de una artista que ha pasado por el FIB y que lleva cinco discos a sus espaldas. Resulta que, después de tantos años, disfrutó como una chiquilla en un concierto ante 20 personas. Eso, amigos, es la música, la verdadera esencia de la música. El resto, como decía Alex Ross, es ruido”.

Y las de Amalia Yusta para Alquimia Sonora: “Otras propuestas sí son posibles, y son las que, en definitiva, más nos seducen, con-o-sin-respuesta-del-público”. 

Si habéis llegado hasta aquí, gracias.

La foto es de Amalia Yusta. Es el grito del herrero que forja el metal, del harrijasotzaile que levanta rocas, del agricultor que labra la tierra, del músico que llora.

Ainara LeGardon en Valencia por Amalia Yusta

Ainara LeGardon en Valencia por Amalia Yusta

 

 

Egunon!

Hacía tiempo que no vivía un lunes empeñado en ser domingo. Y es que para saborear lo ocurrido el fin de semana he necesitado algo de reposo.

Pocas veces he estado al (verdadero) borde del llanto en medio de una canción. Reconozco que la experiencia del domingo, tocando “A second of…”, fue impresionante. Como una liberación, los lagrimones me acariciaban las mejillas y me permití a mí misma no avergonzarme y disfrutar de ello.

Milesker etorri zineten guztiei, bihotzez. Gracias de corazón a todos los que os acercasteis a compartir con nosotros la celebración de esta primera vez, de estas canciones que se ponen a sonar en público tal y como ellas eligen, de este reencuentro, de este inicio de etapa, de la experiencia de la ingravidez.

El sábado por la noche el búho ululaba poniendo banda sonora a nuestras conversaciones, y la lluvia disfrazaba de Adán y Eva a nuestro coche, adhiriendo a él las hojas amarillas que simbolizan este deseado otoño. Ya ha llegado el frío. Suena Kristin Hersh.

La foto es de Rafa Rodrigo. La mirada es de Rubén Martínez.

Que paséis un buen día.

La foto es de Rafa Rodrigo. La mirada es de Rubén Martínez.

La foto es de Rafa Rodrigo. La mirada es de Rubén Martínez.

Madrid 24/10/14

Lo más parecido al mar en Madrid es un largo cabello mío, cano, ondulado sobre la sábana.

Lo más parecido a una gaviota, la sombra de una paloma coja que sobrevuela mi hombro cargada de enfermedad.

Lo más parecido a un acantilado, la impersonal mole ocre edificada enfrente.

Lo más parecido a creer ahogarse cuando una ola te lleva, ver el cuerpo asimétrico de un hombre en silla de ruedas intentando hacerse hueco entre los coches que han invadido un paso de cebra.

Lo más parecido a ilustrar un poema con otro poema, lo que acabo de hacer.

Ya vuelvo a casa.

 

 

17 al 23/10/14

Deba.

Si fuera así siempre, el azul me gustaría.

Un mar prusia con ondas largas como las de mi pelo.

Hoy no debería estar aquí,

donde he cantado horas intensas de amor sin saberlo.

 

Abro la ventana y encuentro de frente una colmena de cemento.

En las sábanas, un largo cabello blanco ondula sobre el cobalto.

Tengo fiebre.

Madrid.

 

 

 


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