Categoria: Diario de viaje

Bus Irun- Vitoria-Gasteiz

 

Conejos con orejas negras, tiesas como neumáticos,

emergen de la nieve en saltos escurridizos.

 

“The one I love” de R.E.M. suena por tercera vez consecutiva.

 

No se puede mirar directamente al blanco.

Quema tanto como el azar.

 

 

Mutriku-Lekeitio 04/02/15

 

Seis chalupas en medio de un mar blanco de hierba helada.

En el cielo, un color gris plomo que nunca había visto fuera de los libros de Química.

Toda una hilera de embarcaciones en la ría del Artibai espera paciente en la arcada de la iglesia de Ondarroa, como fieles que acuden al servicio religioso.

Los abetos juegan a lanzarnos bolas de nieve sin necesidad de ponerse a resguardo después, pues nos saben incapaces de devolver el ataque.

A esta velocidad tardaremos 29 minutos en recorrer 10 kilómetros. Tenemos un litro de leche de avena, un mazapán, cuatro galletas de sésamo, un quitanieves en sentido contrario, el tono de la galena, las gaviotas y una buena misa oficiada por Scout Niblett.

El brazo más pesado de un eucalipto cae vencido a la carretera. Los demás lloran lagrimones de agua gélida.

Hemos ganado.

 

 

 

Barcelona, 23/01/15

12:27

Las gaviotas gigantes van devorando los aviones más lentos y distraídos, uno tras otro.

Yo observo el puerto imaginando viajar en teleférico y caer suavemente al mar cálido: un buen baño de sales contemplando las no-nubes.

Arden mis piernas al sol mientras dan las doce y media.

 

14:07

Al otro lado del ventanal del restaurante un chico desaliñado se detiene y mira hacia nosotros. La camarera morena de los hoyuelos sale a saludar. Se dan un abrazo tan hermoso y sentido que la última aceituna negra de mi ensalada salta hacia ellos.

Suena dixieland.

Él le pide que se quite el delantal para apreciar lo bien que le queda ese nuevo-viejo jersey de lana.

Entra una clienta y ella brinca a atenderla con una sonrisa deslumbrante. Mi aceituna aún flota en el aire persiguiendo un hoyuelo donde posarse.

 

17:55

Veo la puesta de sol desde la pista.

Los aviones que antes sobrevivieron se han reunido aquí para merendar y tornarse enormes.

Los vapores del queroseno difuminan todo alrededor.

El mar parece ahora denso y plateado: mercurio que avanza hacia las primeras luces de la costa y en el último momento se arrepiente.

 

 

 

 

 

Tumbada en el sofá no reconozco el primer destello.

Podría ser el reflejo de la luz de un cuarto de estar del edificio de enfrente, en el cristal de una ventana que se cierra o se abre.

Señales con un espejo.

El segundo, el tercero, el cuarto, anteceden a los truenos fuertes, vibrantes, bellos.

Tiembla la casa, éste ha caído cerca.

La tormenta trae el mar al patio de vecinos.

 
PD: Prosigo con la lectura de “El puño y la letra”. The Drones ponen banda sonora a la incesante lluvia. Ya no sé cuántas veces he compartido esta obra maestra. Subid el volumen y que paséis una buena noche.

Apenas pude apartar la vista de su flequillo, de sus labios pintados de un rojo que hacía juego con sus botines y se fundía con el rosa pálido del interior de su boca. Cantaba sintiendo cada exhalación de aire.

Ayer conocí la esperanza.

Él, elegante, se movía buscando los ojos de ella. Llegó a susurrarme estas ganas de hacer que hoy me inundan.

Ayer conocí la esperanza, exquisita y fina. Sólo durante unos segundos desvié mi mirada para observarme los pies, las piernas, y agradecer estar allí en ese momento.

A veces pasan cosas como esta, que te conectan a la vida y casi ocurren de milagro.

Mil gracias a Elle Belga por su concierto de anoche en Bonberenea Sutan. Fue un regalo inspirador.

“Ayer conocí a la esperanza,
una mujer no muy alta,
cogí sus manos frías
y sentí calor.

Me enseñó cómo se salva
un corazón con óxido,
porque aquí nuestra lluvia
puede ser bendita”.

(“Esperanza” de Elle Belga).

Diario de viaje de una gira cualquiera. Barcelona, 6/12/14. 7:03 pm.

 

Mi cuello es un nudo.

Tengo un colibrí

retorciéndose dentro de mi brazo.

Por fin consigue singlar el laberinto

y salir volando a través del ojo izquierdo.

 

Tranquila.

Ahora tu nariz se hunde

en una almohada que huele a limpio,

aún quedan 32 minutos para que suene la alarma

y ya has llorado el pájaro de hoy.

 

 

Tren Barcelona-Irun, 7/12/14. 5:42 pm.

 

El cielo parece una majestuosa colonia de coral

sometiendo a un buque de guerra hundido en el aire.

 

Vale, lo reconozco. Es mi “Semana Nick Cave. Sus palabras llevan martilleándome dulcemente los últimos siete días. A veces me sorprende la capacidad que tenemos para hilar inconscientemente historias, para atar cabos que explican nuestra propia vida. La mañana antes de que comenzara esta serie de siete jornadas, escribí (ya lo compartí con vosotros) un diario de viaje en el que aparece una referencia a Sokurov y su cine lento, paisajístico, delicado.

Resulta que en su día leí una crítica preciosa, firmada por Cave, a su cinta “Madre e hijo”. Dice Cave que a los diez minutos de sentarse en la butaca, comenzó a llorar en silencio, y no paró hasta que terminó la proyección.

Ahí estaba yo, el lunes pasado, desayunando, pensando que la imagen que estaba divisando bien podría ser un plano casi fijo, tan misterioso como los de Sokurov, y por la noche, ahí volvía a estar yo, con Cave, hablándome de lo que es sentir.

Durante unos años, más o menos del 2005 al 2007, preparé un repertorio especial que casaba con las imágenes de “Madre e hijo” y, siempre que era posible, pedía que se proyectara mientras tocaba. A veces miraba la pantalla grande y olvidaba que estaba en otra realidad. Me insertaba literalmente en la existencia de aquellos dos personajes, en aquellos campos.

Una de las veces que más me emocioné fue en el Nocturama del 2005, en el Monasterio de la Cartuja (Sevilla), y con mi madre entre el público. Concha Laverán capturó imágenes increíbles que corroboran que me introduje entre aquellas vidas. Mis botas bien podrían haber estado manchadas de rocío, de barro, al finalizar el concierto. Anoche estuve ordenando fotos, y aparecieron éstas.

Gracias, Nick Cave. Gracias Aleksandr Sokurov. Gracias, madre. Gracias, Concha Laverán.

PD: Podéis leer el texto de Cave aquí: http://home.iae.nl/users/maes/cave/disc/sunday.html

PD2: en estos días leo “Lolito” de Ben Brooks (Blackie Books), en cuya portada hay una pegatina con una declaración de Nick Cave: “El libro más divertido y brutal que he leído en años. Me ha vuelto loco”. Yo no llego a tanto, pero me estoy echando unas buenas risas, eso sí.

Ainara LeGardon en una película de Sokurov por Concha Laverán

Ainara LeGardon en una película de Sokurov por Concha Laverán

Tren Irun-Burgos, 30/11/14

Vivo aquí. En este vagón. O en otro. Todos son iguales. Me lavo los dientes con agua no potable. El zarandeo hace que la tapa del retrete a veces caiga súbitamente. Ya casi ni me asusto. Pinto mis labios con el cuidado con el que lo haría una enferma de párkinson y sigo mi camino.

…Y el camino me lleva esta semana hasta Barcelona. Tengo dos citas importantes relacionadas con esto de la autogestión. Por un lado impartiré un taller en la Euskal Etxea (con precio rebajado para estudiantes y socios de la casa vasca), y por otro lado presentaremos disco en el Festival Dark Side of Aloud.

Cada día estoy más orgullosa de formar parte de la familia Aloud Music Ltd, de colaborar, de inspirar y dejarme inspirar por ellos. Así que os animo a aportar vuestro granito de arena para que sigan existiendo propuestas como estas, al margen de los cicuitos habituales. En secreto hemos comenzado a escribir una revista imaginaria que se llama “Ética, política y militancia musical”. No sabemos si algún día se harán públicas nuestras conversaciones, nuestras ideas, pero lo importante es tenerlas y ponerlas en práctica. Como todo lo que organiza Aloud Music Ltd, el festival es gratis para los menores de 23 años y como novedad, también para los mayores de 50 años. “Traéte a tus padres a disfrutar de la música en directo”, dicen. Pues claro.

Y para los que estamos en un rango de edad entre 23 y 50, la entradas valen 10/12 € (4 conciertos). Devolvámosles a Aloud la generosidad que nos han demostrado. Levantemos el culo del sofá.

Nos vemos allí, con el potenciómetro al 11.

05/12/14: Barcelona. Euskal Etxea. Taller de Autogestión musical. Nivel 1. 8 horas.

Horario: de 10:00 a 14:00 y de 15:30 a 19:30 h
Lugar: Euskal Etxea de Barcelona.
Precio: Tarifa general 30 €. 25 € para socios y estudiantes universitarios de:
a) Máster en gestión cultural de la UB.
b) Máster en gestión de industrias creativas y culturales de la UPF.
c) Máster en gestión cultural del a UOC.
d) Máster en producción y comunicación cultural de Blanquerna.
e) Grado en comunicación e industrias culturales de la UB.

Inscripciones: http://codetickets.com/home/home.php?txtbuscador=ainara+legardon&Buscador=Buscador

 

06/12/14: Barcelona. Festival Dark Side of Aloud (La [2] de Apolo). Con Astralia, Santa Rita y Our Next Movement. 20:00 h

Entradas enhttp://entradium.com/entradas/Dark-Side-of-Aloud-1074

(Santa Cruz de Tenerife. 8:35 am)

 

Desayuno mirando al mar.

Hoy alberga una de esas misteriosas escenas que parecen un plano fijo, sin serlo.

Como en una película de Sokurov, la proa de un barco aparece de la nada.

Muy lentamente me va descubriendo sus colores, entre brumas.

Estoy a salvo del viento.

Cruzo los brazos.

La mano derecha acaricia el codo izquierdo.

La mano izquierda se aferra fuertemente al bíceps derecho.

Cierro los ojos y siento un beso.

 

(Avión Tenerife-Gran Canaria. 11:37 am)

 

Vuelo rozando el Teide nevado.

Nadie más mira por la ventana, todos leen la sección de deportes.

Distintas páginas cuentan lo mismo.

La costumbre nos hace inmunes a la belleza.

Gran Canaria es terrosa, marrón, rojiza. Pide a gritos atención.

Distintas páginas siguen contando lo mismo.

 

(Las Palmas de Gran Canaria. 10:25 pm)

 

Esta noche las luces de la plataforma petrolífera, a lo lejos, se dejan enmarcar por dos palmeras, en tierra, cubiertas ya con la decoración de navidad.

Los focos de los vehículos que avanzan por la carretera de circunvalación a toda velocidad pintan la estampa con destellos, como colas de cometas.

Acabo de ver “20000 Days on Earth” en el patio de un palacio, al aire libre, y ahora, casi por accidente, me siento en un hotel de cuatro estrellas ante manjares que tan sólo puedo contemplar.

Podría cenar en un vertedero y sentiría que mi vida es un regalo igualmente.

 

 

Un hito, una marca más en la lista de lugares mágicos en los que dar un concierto. La sede que alberga al Festival Keroxen, en Tenerife, es uno de ellos. Como casi siempre que realizo un solo de improvisación, trato de impregnarme con la historia del lugar y construir una dramaturgia sonora, o al menos crear hilos conductores entre las pequeñas piezas o procesos que se van sucediendo. El espacio es un instrumento más, casi el más importante, puesto que su acústica determinará los cauces por los que fluirá el sonido, el movimiento, las ideas casi en forma de líquido.

Un tanque de petróleo. ¿Qué más puedo pedir? Un tanque de petróleo que desempeñó su cometido en los años 30 del siglo XX, y luego se vació y permaneció como una mole inservible hasta que se le ha dado un uso como lugar para la creación artística. Un majestuoso espacio con una reverberación de ¿17 segundos? ¿En serio? Cuento en voz baja hasta 17 y sonrío.

Y recuerdo el día en que Archipiel grabamos una pieza durante nuestra residencia en Azala. Era primavera, el césped aún estaba húmedo y yo me tumbé en una esterilla de gomaespuma. El sol pegaba fuerte. Le dimos al REC. Al cabo de unos minutos empecé a acalorarme, luego a quemarme. Y cuando me quejé en alto de que mi cuerpo estaba ardiendo, Álvaro dijo con una voz que no parecía la suya “estás tumbada sobre una charca de petróleo”. Le miré y le vi comiendo hierba a mi lado. Lentamente, parecía un rumiante. “Petróleo”, repetía con la boca llena y la dicción rota. Un abejorro nos sobrevolaba y su zumbido fue el despertar perfecto para la consciencia.

Ahora floto en un tanque de petróleo. Imagino a mi amigo masticando hierba y a cualquier insecto tratando de sobrevivir en un entorno negro y denso, que parece la descripción de una existencia pasada. Cuánta muerte y cuánta vida en este depósito. La densidad de mi propio cansancio determina una pieza en la que se mezclan los sonidos acuosos del contenido de los bidones, con un canto de sirena lejano, al otro lado del teléfono con línea directa a la nada.

Gracias a los que escuchasteis en silencio y os dejasteis llevar por los fenómenos climatológicos, extraños e incómodos, que surgieron a través de los micrófonos.

Gracias al Keroxen por la oportunidad de intervenir en un lugar tan mágico. A Bonny y Dácil por la amabilidad y hospitalidad.

Gracias a Juan MaRe por capturar los momentos con ese encanto que le caracteriza.

Suena el viento baladrando entre las rendijas de dos puertas mal cerradas. Desde aquí veo el mar entre nieblas. Que paséis una buena tarde.

Ainara LeGardon tomó una pequeña parte del escenario central para deleitarnos con una sesión de improvisación libre en la que su voz y diversos objetos amplificados crearon una de esas atmósferas etéreas de escalofrío reverberante y cargada de una teatralidad sublime. Los cantos de sirena de esta bilbaína, sus artificios vocales y mecánicos, sus acoples musitados y sus movimientos y ruiditos emocionales se volcaron en una audiencia hechizada por la magia de su espectáculo. Un show tremendo que describe la calidad experimental de las propuestas del festival”.

Extracto de la crónica en http://www.lagenda.org/noticias/cronica-keroxen-quinta-jornada

Ainara LeGardon en Keroxen por Juan MaRe

Ainara LeGardon en Keroxen por Juan MaRe

 

 

 

PD: “Petróleo” de Archipiel se puede escuchar en: https://soundcloud.com/elhombreclasico/petroleo


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