Categoria: Reflexiones

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Reflexiono sobre ello y sobre los contenidos recogidos en el Estatuto del Artista en mi artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo”, publicado en el Anuario de la Música 2018 de Musika Bulegoa y cuyo título es un homenaje a la gran Remedios Zafra. Está redactado teniendo en cuenta las recomendaciones sobre la utilización de lenguaje no sexista recogidas en la “Guía de lenguaje para el ámbito de la cultura” publicada por Emakunde/Instituto Vasco de la Mujer.

El Anuario completo se puede descargar aquí: http://musikabulegoa.eus/wp-content/uploads/2019/03/EHMBE_Urtekaria_2018_web-1.pdf

“Música e instrumentalización del entusiasmo”

A menudo la afirmación “soy artista” genera automáticamente la curiosidad morbosa, plasmada en la cuestión de con qué otro u otros trabajos y de qué forma es capaz de vivir una persona que se dedica a la creación artística. El cliché que nos persigue como amateurs o como colectivo precario (y precarizado) está profundamente asentado en la sociedad y, lo que es peor, en el propio ámbito artístico.

Afortunadamente en los últimos tiempos se está tratando abiertamente en distintos foros públicos la realidad de nuestra profesión. Ya no escondemos nuestro inestable modo de vida y tratamos de hacer llegar nuestras demandas más básicas tanto al público como a las instituciones y poderes políticos.

En este sentido es especialmente lúcido el ensayo “El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital” de Remedios Zafra (Premio Anagrama de ensayo 2017), un texto que reflexiona sobre cómo la pasión de las personas dedicadas al arte suele jugar en nuestra contra:

“…su entusiasmo puede ser usado como argumento para legitimar su explotación, su pago con experiencia o su apagamiento crítico, conformándose con dedicarse gratis a algo que orbita alrededor de la vocación, invirtiendo en un futuro que se aleja con el tiempo, o cobrando de otra manera (inmaterial), pongamos con experiencia, visibilidad, afecto, reconocimiento, seguidores y likes que alimenten mínimamente su vanidad o su malherida expectativa vital”.

Zafra también subraya que, en nuestros tiempos, esta “instrumentalización del entusiasmo y la pasión creadora, está definida por la caducidad como principal rasgo”. No puedo estar más de acuerdo con ella cuando afirma que los criterios culturales no vienen ya dados por la cultura, sino por el mercado, y que “el pago más fácil, porque es el más rápido, es el “pago con ojos”.” Efectivamente, la visibilidad es hoy lo que mejor encaja en la lógica de mercado, mientras que la remuneración “se advierte como inversión futura”.

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Yo contesto que es posible, al menos yo así lo experimento, siendo tremendamente promiscua y activa, con la dificultad añadida de mantener la coherencia artística y el sentido crítico en estas condiciones a veces tan frenéticas.

Pensemos en cuáles son las principales fuentes de ingresos del colectivo de músicos actualmente. Hay quienes solo componen. En este caso las principales fuentes son los honorarios por los encargos de obras y los derechos de autoría. Hay quienes solo interpretan, y en ese caso sus fuentes son principalmente los cachés de las actuaciones y los derechos conexos como artistas intérpretes. En ocasiones confluyen ambas facetas (las de autoría e interpretación) junto a la autoedición discográfica, con lo que se obtienen también ingresos por ventas y por derechos conexos sobre los fonogramas. Hay quienes además imparten charlas, talleres o dan clases regularmente. Esta es otra fuente de ingresos importante en relación a la música. Sin duda, las subvenciones o ayudas institucionales, becas, residencias artísticas y otros apoyos, constituyen otro soporte reseñable. Quienes podemos gestionar todo esto a la vez tenemos la suerte de vivir y además comer y pagar el alquiler gracias a la música, pero no es lo habitual, ni debería serlo. En estas condiciones, la auto-explotación se hace presente y las personas artistas acaban convertidas en gestoras y burócratas, con las energías extenuadas y sin apenas tiempo para entregarse a las tareas relacionadas con la creación.

Volvemos a uno de los problemas que nos ahogan: la prisa y la falta de tiempo para poder dedicar el mimo necesario a cada proyecto en el que nos embarcamos. Y este nos lleva al asunto de la intermitencia propia de nuestro sector: ¿qué ocurre en los periodos en los que seguimos trabajando, pero no obtenemos ingresos? Entre disco y disco seguimos componiendo, ensayando, preparando la producción de nuevas canciones o de una próxima gira, etc. Lo cierto es que carecemos de una estructura administrativo-legal adecuada para afrontar esta situación.

Hace unos meses, las noticias hablaban de la intención del Gobierno de reformar el régimen de Seguridad Social y permitir que la cuota que pagamos las personas afiliadas al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos esté en relación con nuestros ingresos, mediante una cotización por tramos. Desafortunadamente, este acuerdo que aguardamos con esperanza se va posponiendo.

En 2019 tendremos que afrontar una cuota de 283,3 euros mensuales sean cuales sean nuestros ingresos. Esto provoca que tengamos que trabajar mucho y de forma continuada, descartando incluso los periodos vacacionales. Carecemos de derecho a subsidio por desempleo, y ni nos planteamos soñar con etapas en las que podamos dejar de tocar o dar clases para poder dedicarnos exclusivamente a la investigación artística y a la creación de nuevas obras. Esta situación genera un problema de sobresaturación y ansiedad que en algunos momentos de nuestras carreras nos pasa factura en lo referente a la salud.

Para (sobre)vivir de la música, nos vemos en la obligación de crear/producir mucho y rápido. Mientras tanto, el público se acostumbra a consumir de la misma forma: superficialmente y sin disfrutar de la música ni valorar el esfuerzo que requiere su creación y su puesta a disposición. Los actuales modelos de distribución musical no ayudan; la tiranía que impone la cultura de masas, tampoco.

Mery Cuesta, en su libro “La Rue del Percebe de la cultura y la niebla de la cultura digital” (consonni, 2015), describe tres interesantes aspectos de la “nueva cultura” que se genera en el entorno digital: “a) rapidez de acceso, b) amplitud de horizonte y c) baratura”, y describe certeramente sus contras: “la rapidez y facilidad de acceso a una gran cantidad de información también implica una absorción superficial de los contenidos y una suerte de bulimia; la amplitud de horizonte provoca desorientación; y la baratura -no nos engañemos- es muchas veces la máscara amistosa de la precariedad profesional”.

Los modelos de distribución y consumo musical en el ámbito digital, en vez de ser valiosas herramientas de trabajo para el colectivo artístico, con frecuencia se convierten en interferencias y provocan la homogeneización tanto del pensamiento artístico como del gusto de la audiencia.

Al margen de esta circunstancia, tampoco nos ayuda en nuestro día a día el escaso cumplimiento de la legislación vigente. En teoría, la empresa o institución organizadora de un concierto debe encargarse del alta y baja en la Seguridad Social siempre que la persona trabajadora lo demande o solicite. Esto casi nunca se cumple. Nos “obligan” a presentar una factura.

En el Estatuto del Artista se analiza la necesidad de la creación de un sistema fiscal acorde a la intermitencia del trabajo artístico y a la irregularidad de nuestros ingresos, que pueda garantizar una jubilación digna y compatible con el derecho a seguir creando. También se demanda el reconocimiento de nuestras lesiones y enfermedades laborales y el derecho a percibir el subsidio por desempleo. También, como punto relevante, se enfatiza la importancia de las enseñanzas artísticas y la necesidad de equiparación de sus titulaciones a las universitarias. No pedimos mucho, simplemente la misma protección social que se le brinda al resto de la clase trabajadora.

Dice Zafra que “lo que moviliza a un entusiasta es dedicarse a su pasión, transformar su vulnerabilidad económica en libertad.” Y sin embargo, lo que los entusiastas se encuentran con mayor frecuencia es “que su trabajo es convertido en afición, que su trabajo no es empleo, que su producción es valorada como consumo, y su fuerza productiva es rentabilizada por otros.”

Es nuestra responsabilidad mantenernos firmes en un compromiso con la lucha para dejar de ser el eslabón débil de la cadena en cualquier negociación relacionada con el trabajo en el campo artístico, así como en la batalla para seguir creando desde una posición reflexiva que huya del apagamiento crítico y de la banalización.

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo” de Ainara LeGardon

Inquire Magazine, un proyecto fantástico que une arte y opinión con perspectiva de género, publica la conversación que he tenido recientemente con la gran Natalia Piñuel. Hablamos de autogestión, de SGAE (y del libro “SGAE: el monopolio en decadencia”, Consonni cultura crítica), de los modelos de distribución digital de música y de sentir y hacer las cosas de otra manera:

http://inquiremag.com/pantalla-sonica-ainara-legardon/

Entrevista Ainara LeGardon en Inquire

Entrevista Ainara LeGardon en Inquire

El programa ERRAIETATIK de Hala Bedi Irratia, me invitó a compartir mis experiencias como artista autogestionada y mis reflexiones en torno a los actuales modelos de gestión de derechos de propiedad intelectual. Podéis escuchar la entrevista completa a través de este enlace:

Archipiel (Ainara LeGardon y Álvaro Barriuso) son los protagonistas de un nuevo capítulo de “Con las ondas en la masa” en la Radio del Museo Reina Sofía. Tal y como se explica en su web, “Con las ondas en la masa” es una serie de cápsulas producidas por Javi Álvarez en las que entrevista a artistas en relación a su trabajo sonoro y presenta algunas de sus piezas. Entrevista y pieza nunca se solapan. Todo el material sonoro del programa es inédito o ha sido producido para la ocasión”.

http://radio.museoreinasofia.es/javi-alvarez

Material complementario (pdf con detalles sobre las piezas incluidas en el programa, créditos, etc.) aquí:

http://radio.museoreinasofia.es/sites/default/files/audio/material/capitulo_6_-_archipiel.pdf

 

“Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir” es una conferencia performativa ofrecida en Tabakalera (Donostia) el 10/02/18 en el marco de la Jornada “La Gran Conversación”.

Más información en https://www.tabakalera.eu/es/dejarse-hablar-la-gran-conversacion

En esta conferencia, a través de un texto poético y utilizando diversos micrófonos, un eco de cinta antiguo y una grabadora de cassette, muestro parte de mi relación con la voz y la palabra.

El texto proyectado es el siguiente:

Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir.

De mis años en la Facultad de Ciencias Químicas no saqué nada en claro salvo multitud de imágenes poéticas. Imágenes que a veces se agolpan para tratar de explicarme lo incomprensible o ayudarme a interpretar lo indescifrable. Me aclaran cómo la voz ha sido siempre mi manera de marchar, de volver, de llegar a cualquier lugar. De volar hacia un destino a menudo incógnito. Incluso de lamentar, de avergonzarme y de temer. De crear campos magnéticos, transformar y transformarme.

Viajo con y dentro de la voz.
Me convierto en animales nocturnos,
puertas que se abren,
objetos que caen al vacío,
viento, niebla y lluvia.
Mi cuerpo, una dinamo.

La voz y el canto. El canto y el grito. La peligrosa, comprometida y comprometedora palabra en medio de todo. Transitar por el susurro y por el aullido, expuesta.

Callar.
Cantar.
Cantar callada.
Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir.

Cantar. Cantar es una lección. Una lección de Termodinámica, para ser exactos. O quizás de Química Orgánica, no lo tengo muy claro.
Al cantar, la palabra es una frontera, un cambio de estado en el que la presión provoca que, a igual temperatura, cuando pronuncio el vocablo me pueda encontrar en estado sólido y líquido al mismo tiempo.

La palabra, en realidad, es la frontera y es la presión. Es la fuerza que comprime mi pecho cuando canto.

La palabra, quizás, es la frontera, la presión y la tensión que intenta desmembrarme, separar todas las partículas de mi piel, rasgar mis poros, desarticularme.

La palabra impide o permite, a su antojo, el equilibrio. Una armonía en la que ni el hielo se derrite, ni el agua se congela. Una situación en la que mi cuerpo en ocasiones logra deslizase serpenteante sobre su propia superficie. Otras veces no lo consigue. La capa de sólido se rompe, inspiro líquido, me ahogo en el intento. Me ahogo en mí.

Solo encuentro una forma de moldear la autoridad de la palabra: despojarla de su significado a base de no pensarla (o de tanto pensarla), hasta convertirla en palabra que no suena a nada, o directamente en palabra que no suena.

Aligerar el peso que tiene el lenguaje, y por fin dejar de jadear entre hielo y agua según el capricho de la sintaxis y de mi entendimiento, ambos cómplices de la palabra.

Debo respirar la propia palabra. Inhalarla y aguantarla dentro de los pulmones, contando hasta diez como si fuera salbutamol.

“Sal” de saligenina, “but” de butil, “am” de amino, “ol” de etanol. Salambutol, olambutsal.

AM, amplitud modulada.
Ol, todo.
But, pero.
Sal, vete.

Diez segundos es aproximadamente el tiempo que necesita mi cerebro para dejar de percibir la palabra con todas sus razones, y convertirla en un elemento inocuo. Que deje de ser una amenaza para mi voz.

La voz.

¿Dónde queda la voz en este diagrama de fases? ¿La voz como portavoz (esclava) de la palabra, o como veleidosa ama y señora de esta?

Nadie quiere hablar con la voz.
La voz da miedo.
Nadie quiere hablar con la voz, ni alzando su propia voz contra la voz.
La voz está ahí antes de pensarla.
Sale de la boca sin permiso, sin pensarla.
Incluso antes de pensar otorgarse a una misma el permiso para pensarla.

A veces me avergüenzas, voz.
No sabes cuánto.
A veces deseo que te quedes dentro.
Quédate dentro.
No salgas si no es estrictamente necesario.
Si no se quema tu casa, no corras, no me avergüences.
Si no se quema mi tráquea, que no brote el aire que te da vida.

Al menos, por favor, no digas nada.

.

Ainara LeGardon.

Estoy viendo Metrópolis en La 2 y me da un vuelco el corazón cuando veo reproducidas en pantalla y oigo declamar, en boca de una performer, estas palabras mías:

“Los artistas nos dedicamos a hacer, sin preocuparnos demasiado de cómo lo estamos haciendo. Nos han enseñado que responsabilizarnos de algo más que divertirnos creando, nos desconcentra. Nos han repetido que lo mejor es que nosotros nos dediquemos a lo que sabemos hacer, y dejemos el control de la gestión de nuestra obra en manos de profesionales. Estamos desunidos y luchamos solos. Y las batallas, de esa forma, están perdidas antes siquiera de iniciarse”.

Extracto del artículo "¿La culpa es de los artistas?" de Ainara LeGardon en Metrópolis de La 2 de TVE.

Extracto del artículo “¿La culpa es de los artistas?” de Ainara LeGardon en Metrópolis de La 2 de TVE

La performance “Bosobosoboso”, según el dúo de creadores “Somos nosotros” (Begonya García y Alfonso Fernández), está basada en el Decálogo de Buenas Prácticas Profesionales desarrollado por la Asociación de Artistas Visuales, y contrapone las buenas prácticas e intenciones, con la realidad de los artistas.

Me ilusiona que esas palabras mías hayan llegado hasta ahí y me emociona que alguien las haya tomado para desarrollar una obra que además reflexiona sobre la realidad de los artistas como trabajadores precarios (aunque echo de menos un pequeño crédito a la autora y a la fuente, ya que detalles como ese harían que todo esto fuera un poco menos precario).

Dicho esto, la cuestión es que si sirven para abrir debates de este tipo, me doy por satisfecha.

Hoy os iba a contar que ya queda muy poco para el curso on-line de Propiedad Intelectual, licencias libres y gestión de derechos, que comienza el 1 de febrero. Os animo a realizarlo para adquirir los conocimientos y las herramientas que, con suerte, harán que podamos luchar más firmemente por nuestros derechos (por cierto, que el Decálogo de Buenas Prácticas Profesionales desarrollado por la Asociación de Artistas Visuales es uno de los documentos que suelo mostrar en clase). Más info sobre el curso aquí:
http://www.ainaralegardon.com/…/curso-on-line-de-propiedad…/

PD: El artículo original que contiene las palabras citadas es “¿La culpa es de los artistas?” y está disponible en: http://www.ainaralegardon.com/…/la-culpa-es-de-los-artistas/.

Gabon! Que paséis una buena noche!

 

“El diablo se hace más fuerte cuando miras hacia otro lado”. Ayer escuché esta frase (o algo parecido en su versión inglesa) e inmediatamente la adopté como epígrafe de uno de los capítulos del libro sobre SGAE. Afortunadamente, algo está cambiando y hoy, 27 de mayo, algunos miramos de frente a muchas cosas. Las comparto con vosotros por si os apetece unir la trayectoria de vuestros rayos X:

-Se ha puesto en marcha la página Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Uno de los primeros actos en los que estarán algunos compañeros es esta tarde en Madrid, una jornada sobre sindicalismo y derechos de autor en el Ateneo de Villaverde: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/30454-jornada-sindicalismo-derechos-autor.html

-Yo no estaré allí, porque arranco en Irun “Copyzer” (“Copyqué”), un servicio de asesoría gratuita y personalizada en materia de derechos de autor, licencias, y propiedad intelectual en general. La demanda ha sido brutal y las sesiones están completas hasta septiembre, lo cual indica vuestra inquietud y necesidad.

-Pero para el que quiera escuchar mis consideraciones acerca de los modelos de gestión de derechos de autor, la música en el entorno digital, la supuesta batalla entre creadores y usuarios, y lo que yo entiendo por respeto entre unos y otros, os recomiendo encarecidamente la lectura de esta entrevista en Plaza Abierta que me ha realizado Alejandro Matilla. La más detallada y completa en materia de propiedad intelectual de las que me han hecho hasta ahora. Espero que os parezca interesante puesto que, como siempre digo, va por vosotros. Que paséis un buen fin de semana. Y mirad a este lado, por favor.

http://plazabierta.com/entrevista-a-ainara-legardon-sobre-propiedad-intelectual/

Portada entrevista Ainara LeGardon en Plaza Abierta

Portada entrevista Ainara LeGardon en Plaza Abierta

 

“Creo que existe ya casi la necesidad de clamar que tenemos una obligación moral o una vocación. Decir que la música es como un jardín: si no la cuidamos, se marchitará y morirá. El mundo será un lugar más desagradable. Creo que si no educamos a otra generación que valore las artes y la cultura se acabará la historia.” Adam Farrel (Beggars Group).

Yo no creo que se acabe, no creo que la música vaya a morir nunca. Pero si no la cuidamos, el mundo será sin duda un lugar más desagradable. Esta cita y otras muchas las he disfrutado durante mi trayecto de este fin de semana. Viajar de Irun a León, comer, dormir, impartir un taller de autogestión de 8 horas en MUSAC (genial el grupo), ofrecer una entrevista para Fluido Rosa y volver a casa, todo en menos de 36 horas. Y mientras viajaba, devorar el libro #Gorrones. Cómo nuestro insaciable apetito de contenidos gratis en internet empobrece la creatividad de Chris Ruen. Muy buen relato, aunque supongo que impopular por momentos, sobre la supervivencia (o no) de los artistas en esta era que nos ha tocado vivir y la guerra que se libra en el campo de la propiedad intelectual.

Os dejo hoy con el vídeo de del single “Canada” de Low, que fue editado por Rough Trade (sello de Beggars Group). Os dejo con la supervivencia y el regar. Gracias a los que desbrozáis y cuidáis de la regeneración de nuestros jardines musicales. Que paséis una buena noche.

 

 

 

Texto disponible en formato pdf y descarga libre: Un_nuevo_escenario_Ainara_LeGardon

Esta breve ponencia se enmarca dentro de una mesa redonda en la que el desafío es mostrar las cuestiones que más preocupan a los autores en materia de la gestión de sus derechos, y hacerlo en menos de diez minutos. Vamos a intentarlo.

En el ámbito de la propiedad intelectual se están viviendo momentos de cambio. Por un lado, desde la Comisión Europea se trabaja para revisar y actualizar la normativa existente, tratando de armonizar las diferentes leyes estatales y apostando por el Mercado Único Europeo. Por otro lado, en el Estado español aún queda un largo camino que habrá de desembocar en una próxima y necesaria reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (una más, tras la insuficiente revisión que supuso la Ley 21/2014), que implique la definitiva transposición de la Directiva 2014/26/UE sobre gestión colectiva.

Si bien la última reforma de la LPI nació ya obsoleta al no transponer algunas normas contenidas en la directiva europea, sí que ha supuesto ciertos cambios en el rumbo de la gestión de derechos. Ese hecho, sumado al surgimiento de una nueva entidad en el País Vasco, está provocando que se tambaleen los cimientos del hasta ahora casi invulnerable monopolio de las sociedades gestoras[1].

¿Qué cuestiones son las que más preocupan a los autores musicales?

Cuestiones simples, llanas. Asuntos que carecen de lógica para los autores y usuarios, y que se podrían resumir en muy pocos puntos:

1-El contrato de gestión contiene unas condiciones innegociables, previa y unilateralmente establecidas por la entidad. En el caso de SGAE es, además, de carácter exclusivo. ¿Qué implica esto?

-El autor se obliga a delegar la gestión de la totalidad su repertorio a la entidad. No puede optar por dejar fuera de SGAE la gestión de ciertas obras.

-En el caso de las autoproducciones, los autores están obligados a pagarse a sí mismos los derechos de autor cuando editan un disco o cuando ejercen de organizadores de sus propios conciertos. Ese pago se ha de efectuar por adelantado y a través de SGAE. Es decir, SGAE cobra a los autores para luego pagar a esos mismos autores, previa deducción de su porcentaje por la recaudación y administración de esa cantidad.

-Los socios tampoco pueden controlar, por ejemplo,en qué espacios pueden tocar su repertorio sin que SGAE esté legitimada para solicitar el pago de derechos en su nombre: pequeñas librerías, locales ocupados, y otros espacios alternativos fuera del circuito oficial y que no pagan tarifas a SGAE.

2-Tarifas y pendiente de reparto

-¿Por qué SGAE es capaz de gestionar los derechos de sus socios, pero también los de otros autores que no les han encomendado su gestión? Por un lado, porque existen derechos de gestión colectiva obligatoria, y por otro, porque algunos derechos que en principio son de gestión colectiva voluntaria son recaudados también por SGAE a través de las tarifas generales. Estas tarifas se cobran a los usuarios no por el uso efectivo de un repertorio concreto, sino simplemente por la disponibilidad de uso. Esto implica que existan millones de euros pendientes de identificar y/o repartir en las arcas de SGAE, simplemente porque han sido cobrados en nombre de autores que no los podrán reclamar, puesto que muchos ni siquiera son socios (ni tienen intención de serlo).

-Las tarifas han sido fijadas de forma unilateral por SGAE, en muchos casos (como ha denunciado repetidamente la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) de forma abusiva, amparándose en su posición de monopolio.

Cambio en el modelo

Por suerte, la reforma de la LPI trata algunos de estos aspectos, como el contrato de gestión, el control sobre las tarifas (hace tan solo unos días se aprobó la orden ministerial por la que se aprueba la metodología para la determinación de las tarifas generales) y el destino del reparto, la transparencia, etc.

EKKI surge, por lo que hemos podido comprobar hasta ahora, con la intención de permitir que el titular de derechos pueda elegir qué tipo de contrato suscribe con ella, flexibilizando la gestión para que sea el autor el que pueda tomar todas las decisiones sobre su obra. Otro ejemplo, en marcha desde el año 99, es el de DAMA. Esta entidad permite el contrato por obra (no exclusividad), y, gracias a la aplicación de unas tarifas que atienden al uso efectivo, tiene un “pendiente de identificar” de cero euros.

Cualquier entidad gestora que sea capaz de incidir en estas cuestiones, estará corrigiendo los graves fallos del modelo de gestión actual, y mejorando las condiciones de los creadores.

Formación y ayuda para los creadores

Un asunto fundamental para que los autores puedan tomar decisiones conscientes y responsables respecto a la gestión de su obra, es dotarlos de la formación necesaria en materia de propiedad intelectual. Que sepan qué derechos genera su obra y de cuáles son titulares, que diferencien entre aquellos que pueden ceder y los que no, que entiendan qué es y qué no es una entidad de gestión colectiva, que comprendan lo que son y no son las licencias libres y su compatibilidad o no con el modelo de gestión elegido por ellos mismos, y, como objetivo final, que ni un solo autor firme ningún contrato sin entender plenamente a qué se está comprometiendo mediante ese acuerdo.

Ainara LeGardon. Durango, 8 de diciembre del 2015.

[1] Todas las sociedades de gestión de derechos de propiedad intelectual en el Estado español ostentan un monopolio en su ámbito de actuación, excepto en el caso de los derechos de los creadores audiovisuales, quienes pueden elegir entre SGAE o DAMA. DAMA supuso, hasta el nacimiento de EKKI, el único caso de ruptura de uno de esos monopolios, pero tan sólo en un sector concreto (directores y guionistas, no compositores).

Mesa redonda. De izda a dcha: Igor Estankona (EKKI), Ainara LeGardon, Myriam Miranda (Musikari), Anjel Valdes (Elkar). Foto: Twitter Noiz Agenda

Mesa redonda. De izda a dcha: Igor Estankona (EKKI), Ainara LeGardon, Myriam Miranda (Musikari), Anjel Valdes (Elkar). Foto: Twitter Noiz Agenda

 

Hace unos meses leía el ya clásico “Manual de superviviencia” de Josep Coll i Rodríguez, y me sentí en parte irritada y en parte identificada con la cuestión (y su correspondiente respuesta) que cierra el capítulo “Preguntas habituales. Solución a las 100 preguntas malditas”.

A esa pregunta número 100, “¿Los artistas de este país se merecen el esfuerzo que ha supuesto escribir este libro?”, Coll se responde a sí mismo con un “No. (Véase el epílogo).”

Reí un poco. Tan solo un momento. La gracia que me hizo esa réplica a modo de protesta, que entonces percibí cargada de altanería, solo me duró unos segundos. Luego pensé en cuántas veces me he preguntado algo similar, y en cuántas me he quedado con ganas de zarandear (de forma figurada) a algún amigo, conocido, o incluso desconocido al comprobar su dejadez en lo que respecta a la gestión de sus creaciones. Pensé en las situaciones en las que lo he llegado a hacer (zarandear literalmente) y en cuántas ocasiones he sentido frustración, puesto que la razón de ese desinterés posee sus raíces en una profunda desinformación que la industria musical y las entidades de gestión alientan.

Los artistas nos dedicamos a hacer, sin preocuparnos demasiado de cómo lo estamos haciendo. Nos han enseñado que responsabilizarnos de algo más que divertirnos creando, nos desconcentra. Nos han repetido que lo mejor es que nosotros nos dediquemos a lo que sabemos hacer, y dejemos el control de la gestión de nuestra obra en manos de profesionales. Estamos desunidos y luchamos solos. Y las batallas, de esa forma, están perdidas antes siquiera de iniciarse.

En el proceso de documentación para el libro sobre SGAE que David García Aristegui y yo estamos escribiendo, hemos realizado numerosas entrevistas con autores, socios y no socios de la entidad. En varias ocasiones, tras la esperanza de encontrar a alguien formado/a, comprometido/a y que nos pudiera ofrecer razones bien fundamentadas a la hora de explicar sus decisiones en materia de gestión de derechos, nos topamos con el silencio, la duda, la delegación de poderes en alguien de quien realmente se desconfía, el recelo y, en última instancia, el miedo. Han sido ocasiones puntuales, pero para nosotros muy significativas.

Volviendo al manual de Coll, que me parece una obra generosísima, extraigo algunos fragmentos de su epílogo. La publicación data del año 2007, mucho antes de que afloraran a la superficie algunos de los conflictos más graves para los creadores (caso SAGA, escándalo de la “Rueda de las televisiones”, marcados desequilibrios económicos y de poder en los nuevos modelos de negocio, y un largo etc.) y de que eso de la “piratería” nos comenzara ya a sonar como un “no-problema” muy lejano a algunos. Con todo, recoge sensaciones y aspectos en los que debemos poner atención, y que hoy siguen absolutamente vigentes.

“…nuestra falta de organización nos mata, la voluntad de la mayoría de artistas de preocuparse únicamente por su proyecto artístico facilita esta situación, la falta de solidaridad entre nosotros y, especialmente, de los artistas que triunfan nos deja desnudos ante cualquier vulneración de nuestros derechos colectivos. La falta de participación total en los movimientos asociativos —las asambleas vacías— deja a los representantes de éstas vendidos delante de cualquiera, al no tener legitimidad de ningún tipo para actuar con un mínimo de respaldo. Pocos estamos perdiendo el tiempo, realizando acciones para intentar cambiar las cosas; […] Esta aureola que huele a muerto debe cambiar. En el momento en que los artistas nos demos cuenta de que sin músicos NO HAY MÚSICA, que debemos recuperar la punta de la pirámide del negocio musical, salir de las catacumbas… entiendo que, si todos nos pusiéramos de acuerdo, nadie haría playback, nadie firmaría contratos tipo con una duración aproximada de 120 años, como ocurre con los contratos editoriales, nadie miraría impunemente la miseria que vivimos desde su casa de Miami, nadie nos compraría por una zanahoria, por un anticipo.”

Yo no me rindo. Lo que se necesita es invertir en la formación de los artistas, dotarlos de las herramientas y el conocimiento necesarios para que tomen sus decisiones conscientemente, y dar las gracias y valorar el trabajo de quienes enseñan y comparten ese conocimiento que nos dota de poder. Que no se cansen de hacerlo.

PD1: Un abrazo bien fuerte a algunos de los que tengo más cerca, a los que me han enseñado a través de sus artículos, libros o simplemente a través de sus actos: David G. Aristegui (¿Por qué Marx no habló de copyright?), Servando Rocha (Creadores Abogados), Enric Enrich (Copyrait), Sergio Picón (Aloud Music), Alejandro Vera Palencia (Sideleft), y un largo etcétera.

PD2: “Manual de Supervivencia” se puede descargar gratuitamente desde la web de Asesoría Jurídica de las Artes: http://www.asesoriajuridicadelasartes.com/aja-ediciones/. El autor pide a cambio que se difunda el mensaje del motivo de su decisón para hacerlo: “ha decidido regalar su libro como protesta a la subida del IVA cultural y, en concreto a la no equiparación del IVA de los libros digitales (21%) con el de los impresos (4%)”.

PD3: Mientras decidía entre enlazar el nombre de Sergio a su blog o bien a la web de Aloud Music, me encuentro leyendo un post en su página personal que dice “…lo bonito de organizar conciertos es hacer feliz a la gente. Tengo mil recuerdos de gente disfrutando, con los ojos cerrados, bailando, gritando… en movidas montadas por mí. Todo el esfuerzo, las negativas, los obstáculos, las dificultades, la mierda de este negocio, se ve compensada por este tipo de cosas”. Y ya no tengo dudas.

Epílogo Manual de Superviviencia

Epílogo Manual de Superviviencia


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