Categoria: Reflexiones

Arratsaldeon!

Cuando al terminar el taller un chaval de 25 años con pinta de amish (excepto porque lleva una vieja camiseta del “Violator” de Depeche Mode) te da las gracias diciendo “he crecido”, lo único que puedo hacer es sentir que yo también, y mucho. Su agradecimiento y el de todos los asistentes, que me habéis hecho llegar de alguna u otra manera, es el combustible para seguir adelante. Gracias por valorar un modo de hacer las cosas fuera de los cauces habituales, sin desvirtuar nuestro trabajo y manteniéndonos fieles a nosotros mismos.

Limpios.

Tras estas jornadas dedicadas a la “industria musical” en La Térmica de Málaga, reconozco que estas dos palabras me parecen un binomio con los polos cada vez más distantes. Día a día, en cada conversación y cada pensamiento, me siento más alejada de la “industria” y más cercana a lo “musical”.

Gracias a Plan de Gira, Pablo y Áurea por haberlo hecho posible, por vuestras atenciones y hospitalidad. A La Térmica por poner este increíble espacio a nuestra disposición. Gracias también a Alejandro Vera Palencia por las conversaciones sobre leyes y licencias que hemos tenido estos días, pero sobre todo por las risas y las sardinas asadas.

Hoy os dejo con esta canción, dedicada a Jaime Molina, mi alumno con pinta de amish y principios inamovibles. Subid el volumen y que paséis una buena noche. PD: no dejéis que el logo de Warner os agüe la fiesta…

He tocado en un refugio de montaña excavado en la roca, al borde de un acantilado, en el Delta del Ebro al amanecer, en una antigua fábrica de armas, en monasterios, en castillos y en viejos mataderos. Para engrosar el listado de lugares mágicos de donde se puede extraer un buen relato, el sábado le tocó el turno a La Gallera, en la Ciutat Vella de Valencia. El Festival Off Herzios inauguraba su nueva edición con mi propuesta y la de Fernando Junquera (Negro), haciendo posible, por fin, el encuentro musical que ambos ansiábamos desde hacía mucho tiempo.

Como cada vez que me enfrento a un solo de improvisación pienso en el lugar que lo acogerá, su acústica y su historia. La Gallera es un majestuoso espacio dodecagonal de unos 10 metros de altura, con una reverberación natural de más de 7 segundos. Escenario de cientos de peleas de gallos, hogar de trileros y corredores de apuestas de antaño. Quise brindar un homenaje a las aves muertas en ese suelo, darle la vuelta a lo sórdido y convertirlo en un canto liviano.

Pero a veces, la idea que se preconcibe, no resulta ser exactamente la misma que se lleva a cabo en un final. El mismo sábado antes del concierto co-protagonicé varios repasos involuntarios a mi propio pasado. Recuperé amistades olvidadas y abracé con anhelo el encuentro con otras personas que siempre están presentes, aunque en la distancia. Entendí que todo aquello sirvió para recordarme la cantidad de peleas de gallos de las que he salido airosa. Me faltan algunas plumas, pero, como me dijo Negro, he pasado de pantalla.

Así que allí estaba yo, cual ave que vuela desde el primer piso hasta el rincón de la pelea. No pude evitar bajar cantando desde las balconadas, tras las sillas ya ocupadas por el público que abarrotaba el lugar y acortaba la reverberación, poniéndomelo muy difícil.

El sepulcral silencio y la fina escucha de las 150 personas allí congregadas chocaba dentro de mí con las imágenes de los gritos, los cacareos, las broncas y el sonido de la sangre caliente derramándose en el suelo de piedra. No dejaba de pensar en cómo se ganan las peleas de gallos. En cómo quería hoy ganar la nuestra. Y fue así, de esta manera, como lo hicimos. Negro y yo. Abrazo tu mirada clara, amigo. Así se vence. Juntos. Como tú dices, “contigo, insert coin siempre”. Subid el volumen de vuestra vida y, por si acaso, disfrutad.

 

Otros enlaces:

Álbum de fotos de “La Gallera”: http://www.flickr.com/photos/manumarpel/sets/72157639971832873/

Audio de “La Gallera”:

http://shop.audiotalaia.net/album/offhz011-ainara-legardon-negro

Hace un mes se me propuso participar en un recital de poesía y música junto a Rafa Berrio y Teresa Calo que se llevará a cabo esta tarde para celebrar el 20 aniversario de Koldo Mitxelena Kulturunea de Donosti. Como condición, que mis piezas sonoras versaran sobre la idea poética del tiempo.

Hasta unas pocas horas antes del evento (cuando escribo este texto) no había encontrado la manera de estructurarlas, ni cómo plasmar en ellas esa imagen del tiempo, la memoria, el silencio.

Pero mágicamente, como ocurre casi siempre a última hora, todo encaja. Lo que se ha ido pensando, leyendo, sintiendo y escuchando cobra forma, y dentro de un rato, también cobrará vida.

El domingo por la mañana me despertaron los aplausos de la gente que se agolpaba en una avenida de Irún para ver pasar la Behobia-San Sebastián. Hoy he sabido que una de las corredoras murió pocos minutos después, casi llegando a meta. El tiempo: minutos, segundos. Lo sobrecogedor de asistir a los últimos de una persona.

He recopilado varias llaves alemanas antiguas, de ésas con las que se da cuerda a los relojes de pared. Las he metido en una caja cilíndrica de té de loto proveniente de Vietnam que compré en Francia en 1998. Los laterales son de cartón. Las tapas, de metal.

Hace poco había encargado una nueva rejilla para mi micrófono, el que uso habitualmente para amplificar mi voz. La que tiene ahora cuenta, por lo menos, con 20 años y mucho aliento. Es esa nueva rejilla, joven e inmaculada, carente de experiencia y de saliva, sin labios que la hayan rozado, ajena a cualquier melodía, la que usaré para conseguir sonidos acuáticos a partir de la fricción de dos superficies metálicas: la suya y la de una de las tapas de la caja, que, con las llaves de relojero dentro, moverá el tiempo, no sé todavía si hacia delante o hacia atrás.

He encontrado también un trémolo que creía haber perdido, con el que puedo regular la frecuencia y la amplitud de una onda: Sonido, silencio, sonido, silencio, sonido, silencio. Más rápido, más lento. Soooooonidoooo, siiiiiileeencioooo. Lo combinaré con el eco de cinta, que produce retardos y repeticiones, y con el que puedo lograr que se retroalimente cualquier sonoridad, hasta la de mi propia respiración.

En mente, siempre, varios versos que serán recitados esta tarde:

“Cada hilo era una puerta para adentrarme en mi hermano muerto y lo paladeaba al ritmo lento de un viajero antiguo” (Francisco Javier Irazoki).

“Qué grande es la realidad. No quepo en ella” (Eduardo Apodaca)

Ainara LeGardon por Ricar Iriarte

Ainara LeGardon por Ricar Iriarte

 

 

 

Fotografía realizada durante el recital. Un micrófono recogía el sonido de mi estómago (“El tiempo se deshace como un ombligo”, Rafael Berrio); otro, el cascabel de un gato gigante llamando a misa; otras tres pastillas de contacto hacían lo propio con las llaves de relojero dentro de la caja de té de loto, cuya tapa friccioné con la rejilla de un SM58; mi voz se amplificaba a través de un antiguo teléfono rescatado de la ya clausurada central nuclear de Vandellós I, y en el aire silbaba la idea poética del tiempo con la mirada de Calo y Berrio, entre declamación y declamación.

Arratsaldeon!

Llueve, suena la voz de Meredith Monk y termino de redactar una entrega más de mis diarios de viaje (o lo que quiera que sean estos textos), que espero os sirvan para descubrir algo nuevo o simplemente para acompañarme de forma retroactiva.

Hoy mi agradecimiento va para Maria Porter, su mirada y su aliento. Una mujer (actriz, pedagoga y directora norteamericana) que desde el primer día que pasamos juntas me miró con complicidad y quiso regalarme parte de su experiencia. Gracias por hacerme reflexionar sobre el proceso creativo de tal forma que ahora soy capaz de ponerle nombre a muchas de mis sensaciones en esa “habitación vacía”.

La foto la saqué durante la demostración de su trabajo “Encounters with an empty room” (que muestra la relación entre el proceso creativo y el entrenamiento físico a través del Método Suzuki) el 5/09/13 en la Sala Negra de Teatros del Canal.

Que paséis una buena tarde.

 

06/09/13

El hotel en el que me alojo está justo al lado de un departamento de bomberos del centro de Madrid. Lindando con los bomberos hay una residencia de ancianos. Mi ventana da justo al patio que une los edificios, cuya estructura permite que los sonidos de las plantas bajas lleguen claramente hasta el tercer piso.

Llevo varias noches despertándome con los avisos, alarmas y sirenas. Afortunadamente, parece que anoche que no se quemó nada en la zona, ni ningún gatito quedó atrapado en la copa de un árbol.

Me acosté pensando en Maria Porter, una actriz de pelo blanco y fuerte que dirige el Departamento de Teatro de la Universidad de Long Island y a la que he tenido el placer de conocer en el Festival A Solas- The Magdalena Project, en el que participo. Su trabajo “Encounters with an empty room”, que presencié ayer por la tarde, me dejó realmente impresionada. Me expliqué (me explicó) muchas cosas que siento y que me ocurren trabajando sola. Me recordó esos puntos que hay que tener siempre en cuenta, la disciplina, el rigor y el porqué de hacer lo que hacemos.

“Siempre tengo que ir mas allá de las limitaciones que percibo en mí […] Tengo que trabajar con energía de actuación, y no con energía de ensayo […] Tengo que ser consciente de mis hábitos y posturas personales y tener control sobre ellos […] Tengo que usar un foco claro, y siempre tener una imagen […] Y en el fondo del teatro, o en mi caso en mi sala de estar, un Dios de la Perfección que me fuerce a medir cómo estoy ejecutando las formas en relación a su ejecución ideal.”

Anoche, como digo, me acosté pensando en ella, en todo lo que aprendí de su demostración, y en la importancia de seguir adelante por el camino de la independencia creativa.

Ninguna alarma sonó. No bajaron los muchachotes por la barra metálica ni se montaron en su camión rojo con esa inmensa escalera.

Sí que ocurrió, sin embargo, algo mágico. Tan triste como bello. Mi compañera de habitación, Helen, atestigua que a las 4 de la madrugada ya se podía escuchar. Yo lo oí conscientemente de 7 a 7:30, siendo aún de noche, pero seguramente llevaba varias horas insertándose en mi sueño el lamento constante de una ancianita de la residencia. Con voz aguda, quejumbrosa, y en forma de cántico decía “María, María, María”. Tres veces y una pausa. “María, María, María”. Tres veces y una pausa. Así, por lo menos, durante cuatro horas y media. Helen cree que estaba rezando. Yo, que llamaba a algún familiar en sueños. El caso es que aquella “María” se zambulló en mis fantasías con Maria Porter y su Dios de la Perfección.

“Debes estar muy cansado” es la traducción del saludo de honor en japonés cuando se termina la representación. Es exactamente lo que le hubiera dicho, con una reverencia, a la anciana que ha hecho que esta noche nada (y todo) saliera ardiendo. Lo que Maria Porter nos dijo tras su trabajo, y lo que yo le digo hoy, desde aquí, a ella.

Escenografía de "Encounters with an empty room". Maria Porter

Escenografía de “Encounters with an empty room”. Maria Porter

 

Egunon!

Me encanta compartir con vosotros lo que para mí es, no sólo una buena noticia, sino la noticia de un gran paso en lo personal y lo artístico.

El día 3 de septiembre presentaré mi primer solo de improvisación en Teatros del Canal de Madrid, dentro del festival de artes escénicas A Solas- The Magdalena Project (Red Internacional de Mujeres en las Artes Escénicas Contemporáneas, organización fundada en 1986 por Jill Greenhalgh para dar visibilidad y promocionar el papel de las mujeres creadoras independientes): http://www.teatroscanal.com/espe…/a-solas-magdalena-project/

Espero poner en práctica todo lo que me han transmitido mis maestros improvisadores. Estas líneas son mi agradecimiento personal a uno de los que más me ha marcado: Wade Matthews, quien me ha enseñado que hacer un solo así no es cuestión de actuar, sino de SER; que hay que reconocer que la estrella es la música y no el músico, y obrar con generosidad y ética.

Dejaré la guitarra en casa, me pondré las medias de red y cogeré todos los micrófonos que tenga a mano para SER con mi voz y el sonido cavernoso de mi cuerpo cuando tiene el estómago vacío.

Gracias por hacerme entender que no estoy aquí para tocar, sino para hacer música.

Gracias por enseñarme que la escucha es el acto más voluntarioso, solidario e inteligente del improvisador. Que escuchar es más que oír; es elegir.

“Cuando el grupo y su música se mueven como un banco de peces, como una bandada de golondrinas, todos juntos en la misma dirección y en el mismo instante… eso es la escucha. Cuando el grupo y su música se mueven como los fuegos de artificio, todos a la vez y en direcciones distintas, llenando el espacio de colores y ruidos, eso es la escucha. Cuando ya no canta ninguno, eso es la escucha”.

Gracias por hacerme desear esculpir el silencio.

Gracias por hacer que considere mi instrumento como un conjunto de posibilidades. Por enseñarme que el instrumento no sólo sirve para comunicar las ideas, sino también para pensarlas.

“En el momento de proponer el instrumento como herramienta de pensamiento, emerge lo imprevisto, no como una sorpresa sonora, sino como una idea que entra en la cabeza y sale por el instrumento sin que sepamos muy bien de dónde ha venido”.

Gracias por ayudarme a asumir el riesgo de tocar más allá de las fronteras de lo cómodo y atreverme a entrar en situaciones imprevisibles. Por darme la fuerza para tomar decisiones que me han empujado hacia áreas que no había imaginado antes, convirtiendo –como diría John Butcher- un concierto correcto en un concierto especial.

Gracias por hacerme huir de la dependencia y la pereza.

Gracias por plantear en mí la pregunta de si hay algún valor intrínseco en llegar a más gente y cuál sería su coste.

Gracias por confirmarme que el error existe o no según lo que se hace con él.

“La música iba muy bien antes de que nosotros naciéramos e irá realmente bien cuando nos hayamos ido”.
[Notas: citas e ideas extraídas del libro “Improvisando. La libre creación musical” de Wade Matthews. Foto de Esther Cidoncha]

Ainara LeGardon por Esther Cidoncha

Ainara LeGardon por Esther Cidoncha

 

Este mes (julio del 2013), la revista Gaztezulo me dedica su portada y 9 páginas de jugosa entrevista. Entre algunos de los asuntos que tratamos en ella, están (¿cómo no?) los talleres de autogestión. Igone Fdez. Mariezkurrena me pide que proponga un decálogo del “Hazlo tú mismo”, una especie de “chuleta” para aprobar un examen imaginario y que contenga, en esencia, el modo de hacer las cosas que a mí me ha funcionado. Lo elaboré, por lo tanto, teniendo en cuenta mi propia experiencia y la de otros músicos que han compartido la suya conmigo a través de conversaciones, artículos, colaboraciones y/o proyectos comunes.

Originalmente se ha publicado en euskera. Aquí tenéis la traducción:

 

1- Labra tu camino siguiendo la trayectoria que más te estimule y te convenga. No estará libre de obstáculos, pero por lo menos disfrutarás de tu propio viaje.

2- Haz una declaración de principios que te defina y manténte fiel a ellos. Sé coherente contigo mismo/a y con tu música sin obsesionarte con agradar a todo el mundo, porque eso es lo que generará reacción en los demás: aunque sea irritación en algunos seguro que es inspiración para otros. Sun Ra decía “El planeta está dormido y es culpa de los músicos que son infieles a sí mismos.”

3- Concéntrate en metas fácilmente alcanzables a corto plazo. Poco a poco irás logrando esos pequeños éxitos y evitarás la sensación de frustración que conlleva el no poder alcanzar tus objetivos.

4- Sé persistente, constante, tenaz, disciplinado/a, organizado/a, eficaz y muy valiente. Entrégate de forma absoluta a lo que te apasione y huye de la impaciencia y la negligencia.

5- Asume tus errores y aprende de ellos. Son una oportunidad.

6- Haz favores y sé generoso/a con la gente que te rodea. No temas pedir ayuda si la necesitas y agradécela cuando la recibas.

7- Menos es más. Que se queden con ganas de conocerte mejor.

8- Evita dar las cosas por hecho. Comunica tus ideas y decisiones, y consulta las de los demás, aunque creas que pueden sobreentenderse.

9- Ten en cuenta que las siglas “DIY”, que habitualmente significan “Do it yourself” (hazlo tú mismo), también pueden entenderse como “Decide it yourself” (decídelo tú mismo). Lo más inteligente es saber qué tareas delegar en otras personas y en qué punto del camino hacerlo. Decidir cómo y cuándo, está en tu mano.

10- Aparta el miedo o la vergüenza a decir “no”. Respétate a ti mismo/a y mantén tu dignidad intacta. 

Decálogo del DIY Ainara LeGardon para Gaztezulo

Decálogo del DIY Ainara LeGardon para Gaztezulo

 

Decálogo del DIY Ainara LeGardon para Gaztezulo

Decálogo del DIY Ainara LeGardon para Gaztezulo


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