Categoria: Reflexiones

Egunon!
Era el verano del 2004, hace exactamente 10 años, cuando Álvaro Sanz (Los Cursos de Alvaro Sanz) y yo hicimos nuestro primer viaje juntos a Siurana. Recuerdo con total nitidez la canción que sonaba en su viejo coche, subiendo por la carretera que lleva a la montaña, y la sensación de libertad que me embargaba: “Butterflies drowned in wine”, de Smog. Sé que él también se acuerda, porque hemos hablado de ese momento más de una vez.

Aquella noche nos tumbamos en la superficie de una roca gigantesca, tan pulida por el paso del tiempo, que ahora es increíblemente suave y tersa. Aún estaba caliente porque el sol la había bañado durante todo el día. Allí esperamos pacientes a que aparecieran las estrellas fugaces, a que nuestras miradas coincidieran en el mismo punto. Pasaron horas y horas, hasta que vimos lo que posteriormente nos explicaron que fue un meteorito entrando en contacto con la atmósfera terrestre. Tan bello como terrorífico. Nos agarramos de la mano tan fuerte que dolía, y se nos erizó el vello del rostro de puro miedo. Yo pensé que si ese era el momento de morir, ¿quién mejor a mi lado que mi amigo? Sería otro de nuestros periplos.

“It was speeding to the South and we thought it was the end. What a beautiful sight to behold holding your hand…” dice “Speeding South”, el tema que cerrará mi nuevo disco.

En unas horas emprendo camino hacia ese lugar, donde Álvaro organiza este año el Festival Inspira. Voy a dar un taller, pero también voy a recordar, a saludar a viejos amigos, a afinar mi mirada y a dejar que se me erice lo que tenga que erizarse. Suenan los primeros acordes de esta canción, y yo ya estoy impulsándome hacia la montaña.

Subid el volumen y que paséis un buen día.

Perdonad que no esté tan inspirada como siempre, que no os recomiende versos una vez por semana, que no comparta tantas ideas. Hoy he leído en una noticia que una chica descubrió un mensaje de auxilio en la etiqueta de un vestido que acababa de comprar en la cadena Primark: “Forced to work exhausting hours” (“Forzado a trabajar horas extenuantes”). Lo primero que he sentido ha sido una pena terrible, lo segundo el compromiso de evitar a toda costa comprar en esas superficies, y lo tercero un rotundo aviso para conmigo misma.

En esta foto del concierto del sábado no me estoy cortando la yugular. Aún no. Me estoy colocando los laringófonos para cantar sin mover los labios. Todavía me quedan fuerzas para que la máquina siga en movimiento. Como diría Patti Smith “agito los codos como si fueran alas”, y así consigo permanecer en el aire mientras preparo el siguiente taller de este fin de semana sobre creatividad e inspiración. Algo importante, algo bonito. Algo que espero no me falte.

“no se le habla a la caracola
se la escucha.

siento vergüenza pero enseguida entiendo. aprieto mi oreja contra 
su oreja de caracola. primero, tal y como suponía, oigo los ruidos del mar, 
murmullos. luego poco a poco otra música. 
puras palabras.”

Patti Smith

Que paséis una buena noche.


PD: la foto es de Txema Agiriano en el concierto de TESTER Club en hACERIA (Bilbo).

Ainara LeGardon en TESTER Club hACERIA (Bilbo)

Ainara LeGardon en TESTER Club hACERIA (Bilbo) por Txema Agiriano

“Trato de rodearme de personas que se convierten en mis mejores amigos. Así es como logro estar realmente cerca de la gente, haciendo música con ellos”, le dice Bill Frisell a Marc Ribot.

A veces me siento sola. Hablo de esa soledad a la que se refiere Rilke en sus “Cartas a un joven poeta”, palabras que acompañan y hacen menos dura la sensación. Hoy tropezaba por casualidad con una entrevista de Ribot a Frisell, dos de mis guitarristas de cabecera. Una conversación entre amigos, transcrita para nuestro deleite. Combinando la lectura de ambos textos, vuelvo a sentirme cerca de alguien, de algo.

Y recuerdo un diálogo a tres bandas entre Jason Victor, Naiel Ibarrola y yo, a medianoche, tras la merecida cena después de nuestra última grabación. Sonaba Bill Frisell, y comentábamos nuestros diferentes puntos de vista acerca de su música y la de Ribot.

En esta entrevista ambos hablan de lo mismo: de que la guitarra no sólo se toca con los dedos, sino imaginando lo que escuchas. De nuestro sonido personal, que nace de nuestras limitaciones (con lo que no puedo estar más de acuerdo). De que lo que hace único a un sonido es la incapacidad de lograr aquello que intentamos.

Hablan del mundo en miniatura que conforma la comunidad musical. La familia en la que se convierte tu banda, una familia en la que los miembros se escuchan los unos a los otros. Y me siento afortunada por saber, con toda certeza, que pertenezco a una.

Hoy comparto con vosotros el enlace a la charla entre Ribot y Frisell, y las fotos de la mañana siguiente a nuestra conversación sobre ellos dos, tras la pieza que conformará nuestro disco, instrumentado con todo lo que veis en la imagen. Que paséis una buena noche, en compañía o soledad. Se despide atentamente: la mujer del fuelle.

PD: Gracias, Dani Moreno, por regalarme tu ejemplar de las cartas de Rilke. Cuando te duela no tenerlo, acuérdate de lo que Rilke le decía a Kappus: “Sé que a mis libros les gusta estar con usted”.

http://bombmagazine.org/article/2482/Bill%20Frisell

Jason Victor, Naiel Ibarrola y Ainara LeGardon.

Jason Victor, Naiel Ibarrola y Ainara LeGardon. En familia.

En mi camiseta de Low reza “Someday this will all make sense” (“Algún día todo esto tendrá sentido”). La arranco del armario y me la pongo cada vez que me flaquean las fuerzas, que dudo de si el sacrificio y el empeño que le ponemos a aquello a lo que nos dedicamos merece la pena. Y siempre llego a la misma conclusión: que algún día tendrá sentido. Que el mero hecho de hacer lo que hacemos, ya lo tiene.

Esta semana me he emocionado leyendo “Ahora que todo ha terminado”, el relato de David Bravo acerca de cómo se ha ganado el “Caso Soto”, con la primera sentencia en España a favor de las redes P2P. No os perdáis este artículo, por favor. Cuenta, desde la humildad, la verdadera odisea de la entrega, el sacrificio y la obsesión personal por cambiar las cosas, y el milagro que supone haberlo conseguido en una suerte de lucha de, una vez más, David contra Goliath. También advierte de la fragilidad, del milagro que ha supuesto. No puedo sino sentirme agradecida y en deuda con gente así, de cuya abnegación tomar ejemplo.

Sigamos trabajando.

Suena el disco compartido de Angels of Light & Akron/Family. Que paséis una buena noche.

“La moraleja que saco de este caso después de tantos años es que los gigantes no tienen los pies de barro y que con armas como las suyas, ganan salvo milagro. El de Pablo ha sido uno. Celebrémoslo. Pero celebrémoslo como la rara excepción a la regla que es, y no como la constatación de que ni tenían ni tienen nada que hacer contra nosotros. Si pensamos así, estaremos equivocados y quizás, cuando nos demos cuenta, será demasiado tarde.” David Bravo.

http://www.eldiario.es/zonacritica/propiedad_intelectual-pablo_soto_6_266383373.html

Egunon!Esto no va sobre mí. No es spam. Ésta es sólo una foto en la que salgo yo, pero habla de muchas otras cosas, de muchas otras personas:

Mientras escribo este texto, el canto de un gorrión en mi ventana ha hecho que me levante de la silla a admirarlo durante unos minutos. Ha ahuecado su plumaje y dialoga con otro pájaro posado más allá del siguiente balcón. Vuelvo a mi escritorio y me doy cuenta de que el corazón se me ha acelerado contemplando esa escena.

Últimamente mi pulso se embala muy a menudo. Pero, como digo, esto no va sobre mí. Va sobre las emociones, sobre la vida. Sobre soñar y sentirse rodeada de tanto talento que la cabeza apenas da para asimilarlo. En esta foto no estoy cantando. Estoy escuchando, disfrutando, guardando en mi puño un instante que no quiero olvidar. Un momento único que me estaban regalando Xabier Erkizia, Manolo Rodríguez y Wade Matthews, que lanzaban sonido “como si fuera un chal de seda”, y el público, que lo recogía tras dejarlo flotar sin prisa en el espacio reverberante. Qué bonita metáfora con la que Wade un día me describió esa fascinación permanente hacia la música que muchos sentimos, sorprendiéndonos “una y otra vez de la insólita lentitud con que cae”.

Una vez en casa, desenvolví el regalo de cumpleaños con el que me obsequió mi maestro al despedirse. Encontré un echarpe rojo de seda 100 % natural. Lejos de ser una prenda de vestir, simboliza todo lo que estoy experimentando en estos últimos meses: la calidez, la suavidad, el cariño, el sentimiento, la verdad, el amor puro sin trampas. La música como nunca la he sentido.

Pero esto, insisto, no va sobre mí. Va sobre las personas sensibles que facilitan y posibilitan la magia. Sobre los hábiles prestidigitadores y aquellos que se dejan emocionar, de forma que conmueven a otros.

Cojo el mensaje, el relevo y la responsabilidad. Que el chal sobrevuele por encima de todo.

La imagen es de Dani Arrizabalaga Photo. Los colores, mis favoritos: el negro de la profundidad de todo lo recóndito; el rojo de la aventura y la fuerza; y el blanco de la pureza, que pinta ya mi pelo y hace de mí otra cada día. Gracias, querido Dani, por compartir tu mirada con nosotros.

Suena «Impala» de Songs:Ohia.

Os deseo un feliz día y, si veis algo volando, disfrutad de ello e intentad acompañarlo en su viaje.

 

Ainara LeGardon Relay Artium por Dani Arrizabalaga

Ainara LeGardon en el Relay de Artium por Dani Arrizabalaga

Héctor sonríe, mi ojo muestra la duda. La cicatriz de mi frente se torna gigante como si mis creencias lucharan desde dentro por salir a respirar un poco de aire fresco.

En la tarde de la tercera jornada de grabación me asaltó la desconfianza. Como un monstruo, fue creciendo y haciéndose poderosa a lo largo de unas cuantas horas. Llegué a replantearme decisiones artísticas tomadas hace ya muchos años, y que creía sólidas y firmes.

En todo proceso creativo siempre nos tropezamos (o al menos deberíamos hacerlo) con un momento de vacilación, de titubeo. Yo considero ese instante como la situación más sana y enriquecedora posible, aunque parezca una puerta difícil de franquear. El cuestionamiento de nuestras ideas, las razones por las que materializarlas de una forma y no de otra, a qué debemos darle prioridad, y un sinfín de interrogantes más, nos llevan incluso a reconsiderar las bases de nuestra propuesta.

Con suerte, alguien nos hará ver el cuadro con la perspectiva necesaria para tomar las determinaciones adecuadas. Yo tuve a todo el equipo de superhéroes volcado en ello. Expresar en voz alta, debatir y defender las razones por las que una vez decidimos algo trascendental, nos hace reafirmarnos en nuestras conclusiones.

La mía, una vez más, se puede resumir en que ser REAL es lo más importante.

“Buscaré siempre, dudaré con frecuencia y desconfiaré de mí mismo”. Cicerón.

PD: la foto, como todas las de esta serie, es de Rafa Rodrigo. Que paséis una buena noche.

 

Ainara LeGardon y Héctor Bardisa, por Rafa Rodrigo. La duda

Ainara LeGardon y Héctor Bardisa, por Rafa Rodrigo. La duda

14 de abril. Segunda jornada de grabación.

A los homínidos, a diferencia de los otros animales, les basta con imaginar que lo van a pasar mal para pasarlo mal y desencadenar idénticos impactos a los provocados por una amenaza real. “El único primate capaz de sentirse impotente y desesperado ante algo que está ocurriendo en el otro extremo del planeta, o de algo que ocurrirá dentro de 50 años, es el humano, que puede desplazar ese proceso a través del tiempo y del espacio. La capacidad de conmoverse por hechos que ocurren lejos es característica del ser humano”. Aún a riesgo de que me perdáis el respeto, confesaré que lo leí en una entrevista de Eduard Punset al neurólogo Robert Sapolsky.

Yo añadiría que, de igual forma, nos emocionamos recordando algo que ha sucedido: Escucho mi voz cantando al miedo y me estremezco del mismo modo que lo hice en el instante en que lo viví.

La foto es de Rafa Rodrigo y es mi favorita, por especial, de las de ese día. Que escuchéis y os emocionéis bien, y paséis una feliz noche.

 

Ainara LeGardon & band, por Rafa Rodrigo. La emoción de la escucha

Ainara LeGardon & band, por Rafa Rodrigo. La emoción de la escucha

En el 2008 sufrí una rotura de ligamento supraespinoso cuando nos disponíamos a grabar un disco que iba a llevar por título “The third”. A aquello, desde entonces, lo llamamos la “no grabación”. Pasé un año en casa, sin poder hacer otra cosa que comer, leer, ver películas y dormir. Ni siquiera podía tocar, ni encontré las ganas para que de mi boca saliera una sola nota. Aproveché para estudiar un poco y devorar algunos libros que me enseñaron mucho. Fue la única época desde que soy adulta en la que he podido contar por meses los periodos sin migraña, aunque el dolor provenía de otros lugares (físicos e incorpóreos), y era cansino y difícil de soportar.

Llegó el 2009 y me obligué a retomar la grabación de ese disco (que ya no era ése, sino otro, puesto que yo era otra también). Álvaro Sanz filmó todo el proceso. El crujir de sus rodillas se escucha en algunas canciones del “Forgive me…”, y yo aún percibo su presencia detrás de mí en “Stained sounds”. El documental jamás llegó a editarse, entre otros motivos porque el sufrimiento quedaba patente en cada fotograma.

Álvaro me preguntó por qué estaba dejando que esa situación me venciera, y yo le hablé de resignación y conformismo. Creo que fue la primera de las dos únicas veces que se ha enfadado conmigo.

Aquello me marcó. También lo hizo la lectura, durante aquellos días, de la autobiografía de Johnny Cash. “A veces debes rendirte para, al cabo de un tiempo, poder volver a pelear”. Hablaba de ir a un lugar donde el dolor no pueda seguirte. Y ahí es justo donde estoy ahora.

La sensación de haber perdido el tiempo espero que jamás me vuelva a hostigar. Y cuando alguien como mi amigo, quien me impulsó a dejar atrás la sumisión y el amoldamiento a determinadas circunstancias, necesite un pequeño recordatorio, aquí estaré para hacer que cada minuto de nuestras vidas cuente.

Ésta es la historia de por qué “Every minute” se titula así. Ésta, la imagen en blanco y negro de las primeras notas registradas. Fue el pasado 13 de abril, en Moby Dick Club, a puerta cerrada, dándole a ese espacio un uso especial. Devolviéndonos él a nosotros tanta música como su madera ha sido capaz de absorber minuto a minuto durante años.

Gracias a la gente de Moby Dick, a Paco Jiménez (que sufrió la “no grabación” de antaño y fue artífice de las posteriores “sí grabaciones”), a Héctor Bardisa –el alicantino supremo-, a Rubén “Demoliciones” Martínez, y a Rafa Rodrigo (el ojo que todo lo ve). Gracias a Ana por tanta ayuda en las veces que no y en las que sí hemos grabado, y a Rosalía por la hospitalidad.

Durante los próximos días iré desgranando algunos momentos vividos e imaginados en la última semana. Gracias por estar ahí y que paséis una buena noche.

Grabación de "Every minute", por Rafa Rodrigo. Primeras notas

Grabación de «Every minute», por Rafa Rodrigo. Primeras notas

Arratsaldeon!

Cuando al terminar el taller un chaval de 25 años con pinta de amish (excepto porque lleva una vieja camiseta del «Violator» de Depeche Mode) te da las gracias diciendo “he crecido”, lo único que puedo hacer es sentir que yo también, y mucho. Su agradecimiento y el de todos los asistentes, que me habéis hecho llegar de alguna u otra manera, es el combustible para seguir adelante. Gracias por valorar un modo de hacer las cosas fuera de los cauces habituales, sin desvirtuar nuestro trabajo y manteniéndonos fieles a nosotros mismos.

Limpios.

Tras estas jornadas dedicadas a la “industria musical” en La Térmica de Málaga, reconozco que estas dos palabras me parecen un binomio con los polos cada vez más distantes. Día a día, en cada conversación y cada pensamiento, me siento más alejada de la “industria” y más cercana a lo “musical”.

Gracias a Plan de Gira, Pablo y Áurea por haberlo hecho posible, por vuestras atenciones y hospitalidad. A La Térmica por poner este increíble espacio a nuestra disposición. Gracias también a Alejandro Vera Palencia por las conversaciones sobre leyes y licencias que hemos tenido estos días, pero sobre todo por las risas y las sardinas asadas.

Hoy os dejo con esta canción, dedicada a Jaime Molina, mi alumno con pinta de amish y principios inamovibles. Subid el volumen y que paséis una buena noche. PD: no dejéis que el logo de Warner os agüe la fiesta…

He tocado en un refugio de montaña excavado en la roca, al borde de un acantilado, en el Delta del Ebro al amanecer, en una antigua fábrica de armas, en monasterios, en castillos y en viejos mataderos. Para engrosar el listado de lugares mágicos de donde se puede extraer un buen relato, el sábado le tocó el turno a La Gallera, en la Ciutat Vella de Valencia. El Festival Off Herzios inauguraba su nueva edición con mi propuesta y la de Fernando Junquera (Negro), haciendo posible, por fin, el encuentro musical que ambos ansiábamos desde hacía mucho tiempo.

Como cada vez que me enfrento a un solo de improvisación pienso en el lugar que lo acogerá, su acústica y su historia. La Gallera es un majestuoso espacio dodecagonal de unos 10 metros de altura, con una reverberación natural de más de 7 segundos. Escenario de cientos de peleas de gallos, hogar de trileros y corredores de apuestas de antaño. Quise brindar un homenaje a las aves muertas en ese suelo, darle la vuelta a lo sórdido y convertirlo en un canto liviano.

Pero a veces, la idea que se preconcibe, no resulta ser exactamente la misma que se lleva a cabo en un final. El mismo sábado antes del concierto co-protagonicé varios repasos involuntarios a mi propio pasado. Recuperé amistades olvidadas y abracé con anhelo el encuentro con otras personas que siempre están presentes, aunque en la distancia. Entendí que todo aquello sirvió para recordarme la cantidad de peleas de gallos de las que he salido airosa. Me faltan algunas plumas, pero, como me dijo Negro, he pasado de pantalla.

Así que allí estaba yo, cual ave que vuela desde el primer piso hasta el rincón de la pelea. No pude evitar bajar cantando desde las balconadas, tras las sillas ya ocupadas por el público que abarrotaba el lugar y acortaba la reverberación, poniéndomelo muy difícil.

El sepulcral silencio y la fina escucha de las 150 personas allí congregadas chocaba dentro de mí con las imágenes de los gritos, los cacareos, las broncas y el sonido de la sangre caliente derramándose en el suelo de piedra. No dejaba de pensar en cómo se ganan las peleas de gallos. En cómo quería hoy ganar la nuestra. Y fue así, de esta manera, como lo hicimos. Negro y yo. Abrazo tu mirada clara, amigo. Así se vence. Juntos. Como tú dices, «contigo, insert coin siempre». Subid el volumen de vuestra vida y, por si acaso, disfrutad.

 

Otros enlaces:

Álbum de fotos de “La Gallera”: http://www.flickr.com/photos/manumarpel/sets/72157639971832873/

Audio de “La Gallera”:

http://shop.audiotalaia.net/album/offhz011-ainara-legardon-negro


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