Category: Cuadernos de cocción de un disco

Egunon!

Einstürzende Neubauten se inspiraron en “4´33´´” de John Cage para realizar “Silence is sexy”. Hoy recupero ese doble CD, con un libreto magnífico, y repaso los planteamientos, las fuentes. Hace tiempo que, dándole vueltas al pensamiento de que no existen las ideas originales, y de que todo lo que creamos es fruto de la adaptación, la transformación y la aportación de nuestra propia visión a lo ya existente, tengo en cuenta de manera más lúcida el germen y las influencias que nos han servido para desarrollar una obra.

Algunas conscientemente, y otras de forma involuntaria (que se lo digan al bueno de George Harrison, al que condenaron por “plagio inconsciente”), afloran en nosotros como ingrediente de una nueva criatura.

La cerilla que prendo en mi disco, y que supone el fluir entre “Magnetic” y “White”, a mí me remite inmediatamente al imaginario de Lynch. La cola de armónicos del piano que acompaña al crepitar de la pequeña llama, recuerda al tráfico lejano que se escucha desde la habitación de un motel de carretera. Cambia el acorde, cambia el motor del vehículo, cambia la sensación. Entra la guitarra a lo lejos.

Descubro con placer que en realidad el de la cerilla es un sonido que mi subconsciente tenía celosamente guardado, y que al escuchar esta mañana “Silence is sexy”, me ha sido devuelto al plano consciente. Vivan las buenas referencias. Vivan los homenajes.

Os dejo con una bonita frase del libro “Silence” de Cage:

“Llevamos nuestro hogar

dentro de nosotros

lo cual nos permite volar

 

Subid el volumen y disfrutad del día.

Es tarde de sábado. Revolotean mosquitos. A lo lejos oigo txalapartaris blandir canciones de boda que relajan mis oídos tras la enésima escucha de “Every minute”. Ya está fuera. Ya le he visto los ojos. Ramon M. Zabalegi le ha hecho este traje, con trazos fuertes y sinceros.

Trato de describirlo pero me resulta imposible volver a hablar de la sobriedad, de la ausencia de artificios, de que si es un disco maduro o inmaduro, de que si me siguen gustando o no las campurrianas. Prefiero bramar desde el estómago y que cuente él cuáles son sus preferencias ahora. En breve, con todos vosotros, “Every minute”:

El Viaje como hilo conductor. No uno concreto, sino todos los que han hecho de mí quien ahora soy.

Cerca del frío y del agua. Del hielo.

Conversaciones imaginadas en un tren. Miradas a través del cristal. Respuestas clavadas en el reflejo al penetrar en la oscuridad de un túnel.

Las vidas que no viviré. Las vidas que sí he vivido. Los minutos que prometo no volver a malgastar.

La necesidad de saborear ciertos recuerdos antes de que fundan a blanco.

Decidimos, nadie sale indemne.

Ahora estamos listos.

 

Artwork Every minute por Ramon M. Zabalegi

Artwork Every minute por Ramon M. Zabalegi

En estos días trabajo con Karlos Osinaga en las mezclas (tardías) del nuevo disco. Hablamos de planos sonoros, de razones, de intenciones. Intento justificar conceptualmente las decisiones artísticas tomadas con anterioridad, y me doy cuenta de la cantidad de información que inconscientemente alguien es capaz de depositar en cuatro minutos de vida.

Antes de ayer volví a ver “The ice storm”, de Ang Lee. Y esta tarde, escuchando “White”, recordé el momento en el que inicialmente la pensé en un tren, mirando los campos helados y deseando saborear esas imágenes antes de que se desvanecieran en mi memoria. Trasladando a Karlos esas sensaciones, me he dado cuenta de que “White” es mi tormenta de hielo.

Es la sordidez de la mentira que al ungirse en uno mismo, se siente como la única verdad. Es el momento en el que algo te parece bello por primera vez porque aceptas que jamás llegarás a asimilarlo y comprenderlo en toda su inmensidad.

Que los extraños me dejen sola por un instante,
necesito saborear estos recuerdos antes de que fundan a blanco.

PD: La foto es de Rafa Rodrigo, durante la grabación de “White”. Que paséis una buena noche.

 

Ainara LeGardon grabando White por Rafa Rodrigo

Ainara LeGardon grabando White por Rafa Rodrigo

Mañana del 14 de abril. Seguimos en la segunda jornada de grabación. Le sueltas esto a un colega -como si fuera un poema de Espronceda- y te mira con sonrisita, cara de entendimiento y pone cuernecillos en señal de aprobación.

Gracias, Rubén “Demoliciones” Martínez. Con gente como tú estoy lista para el fin del mundo.

12/9/10/7/9/2/2/2/2

12/9/10/2 + 3 S

12/9/2 +4 S

12/9/10/7/9/2 (x8)

 

12/9/10/7/9/2/2/2/2

12/9/10/2 + 3 S
1

2/9 + 9/2 +2 S

12/9/10/7/9/2 (x8)

“I forgot to jump over the rising tide.


Now we are ready.”

“Olvidé saltar la marea alta.


Ahora estamos listos”.

 

La foto es de Rafa Rodrigo.

Rubén Martínez y Ainara LeGardon, por Rafa Rodrigo. El entendimiento

Rubén Martínez y Ainara LeGardon, por Rafa Rodrigo. El entendimiento

Héctor sonríe, mi ojo muestra la duda. La cicatriz de mi frente se torna gigante como si mis creencias lucharan desde dentro por salir a respirar un poco de aire fresco.

En la tarde de la tercera jornada de grabación me asaltó la desconfianza. Como un monstruo, fue creciendo y haciéndose poderosa a lo largo de unas cuantas horas. Llegué a replantearme decisiones artísticas tomadas hace ya muchos años, y que creía sólidas y firmes.

En todo proceso creativo siempre nos tropezamos (o al menos deberíamos hacerlo) con un momento de vacilación, de titubeo. Yo considero ese instante como la situación más sana y enriquecedora posible, aunque parezca una puerta difícil de franquear. El cuestionamiento de nuestras ideas, las razones por las que materializarlas de una forma y no de otra, a qué debemos darle prioridad, y un sinfín de interrogantes más, nos llevan incluso a reconsiderar las bases de nuestra propuesta.

Con suerte, alguien nos hará ver el cuadro con la perspectiva necesaria para tomar las determinaciones adecuadas. Yo tuve a todo el equipo de superhéroes volcado en ello. Expresar en voz alta, debatir y defender las razones por las que una vez decidimos algo trascendental, nos hace reafirmarnos en nuestras conclusiones.

La mía, una vez más, se puede resumir en que ser REAL es lo más importante.

“Buscaré siempre, dudaré con frecuencia y desconfiaré de mí mismo”. Cicerón.

PD: la foto, como todas las de esta serie, es de Rafa Rodrigo. Que paséis una buena noche.

Ainara LeGardon y Héctor Bardisa, por Rafa Rodrigo. La duda

Ainara LeGardon y Héctor Bardisa, por Rafa Rodrigo. La duda

14 de abril. Segunda jornada de grabación.

A los homínidos, a diferencia de los otros animales, les basta con imaginar que lo van a pasar mal para pasarlo mal y desencadenar idénticos impactos a los provocados por una amenaza real. “El único primate capaz de sentirse impotente y desesperado ante algo que está ocurriendo en el otro extremo del planeta, o de algo que ocurrirá dentro de 50 años, es el humano, que puede desplazar ese proceso a través del tiempo y del espacio. La capacidad de conmoverse por hechos que ocurren lejos es característica del ser humano”. Aún a riesgo de que me perdáis el respeto, confesaré que lo leí en una entrevista de Eduard Punset al neurólogo Robert Sapolsky.

Yo añadiría que, de igual forma, nos emocionamos recordando algo que ha sucedido: Escucho mi voz cantando al miedo y me estremezco del mismo modo que lo hice en el instante en que lo viví.

La foto es de Rafa Rodrigo y es mi favorita, por especial, de las de ese día. Que escuchéis y os emocionéis bien, y paséis una feliz noche.

Ainara LeGardon & band, por Rafa Rodrigo. La emoción de la escucha

Ainara LeGardon & band, por Rafa Rodrigo. La emoción de la escucha

En el 2008 sufrí una rotura de ligamento supraespinoso cuando nos disponíamos a grabar un disco que iba a llevar por título “The third”. A aquello, desde entonces, lo llamamos la “no grabación”. Pasé un año en casa, sin poder hacer otra cosa que comer, leer, ver películas y dormir. Ni siquiera podía tocar, ni encontré las ganas para que de mi boca saliera una sola nota. Aproveché para estudiar un poco y devorar algunos libros que me enseñaron mucho. Fue la única época desde que soy adulta en la que he podido contar por meses los periodos sin migraña, aunque el dolor provenía de otros lugares (físicos e incorpóreos), y era cansino y difícil de soportar.

Llegó el 2009 y me obligué a retomar la grabación de ese disco (que ya no era ése, sino otro, puesto que yo era otra también). Álvaro Sanz filmó todo el proceso. El crujir de sus rodillas se escucha en algunas canciones del “Forgive me…”, y yo aún percibo su presencia detrás de mí en “Stained sounds”. El documental jamás llegó a editarse, entre otros motivos porque el sufrimiento quedaba patente en cada fotograma.

Álvaro me preguntó por qué estaba dejando que esa situación me venciera, y yo le hablé de resignación y conformismo. Creo que fue la primera de las dos únicas veces que se ha enfadado conmigo.

Aquello me marcó. También lo hizo la lectura, durante aquellos días, de la autobiografía de Johnny Cash. “A veces debes rendirte para, al cabo de un tiempo, poder volver a pelear”. Hablaba de ir a un lugar donde el dolor no pueda seguirte. Y ahí es justo donde estoy ahora.

La sensación de haber perdido el tiempo espero que jamás me vuelva a hostigar. Y cuando alguien como mi amigo, quien me impulsó a dejar atrás la sumisión y el amoldamiento a determinadas circunstancias, necesite un pequeño recordatorio, aquí estaré para hacer que cada minuto de nuestras vidas cuente.

Ésta es la historia de por qué “Every minute” se titula así. Ésta, la imagen en blanco y negro de las primeras notas registradas. Fue el pasado 13 de abril, en Moby Dick Club, a puerta cerrada, dándole a ese espacio un uso especial. Devolviéndonos él a nosotros tanta música como su madera ha sido capaz de absorber minuto a minuto durante años.

Gracias a la gente de Moby Dick, a Paco Jiménez (que sufrió la “no grabación” de antaño y fue artífice de las posteriores “sí grabaciones”), a Héctor Bardisa –el alicantino supremo-, a Rubén “Demoliciones” Martínez, y a Rafa Rodrigo (el ojo que todo lo ve). Gracias a Ana por tanta ayuda en las veces que no y en las que sí hemos grabado, y a Rosalía por la hospitalidad.

Durante los próximos días iré desgranando algunos momentos vividos e imaginados en la última semana. Gracias por estar ahí y que paséis una buena noche.

Grabación de "Every minute", por Rafa Rodrigo. Primeras notas

Grabación de “Every minute”, por Rafa Rodrigo. Primeras notas

Ya sabía yo que la bolsa de papel que cogí el otro día en el avión hacia Málaga me iba a ser útil. “Respira, ya se pasa”. Si lo repito varias veces es posible que se haga realidad.

El tempo de dos de los temas es largo, de 50 negras por minuto. Según las tablas médicas, un pulso muy por debajo de la frecuencia cardiaca de una mujer sana de mi edad en estado de reposo. Voy a ver si consigo llegar a él de forma natural. (Hay que tener en cuenta que no soy una mujer sana, y yo diría que ni siquiera soy de mi edad).

Visualizo la bolsa de papel y me imagino respirando en ella.

Llegó la hora. En menos de una semana grabamos el nuevo disco, en directo pero sin haber ensayado los tres juntos: Rubén “Demoliciones” Martínez al bajo, Héctor Bardisa “El Alicantino Supremo” a la batería, y yo misma a la guitarra y voces. Paco “P.A. Commanding Officer” Jiménez se está encargando de la producción, (desde hace ya varios años, de hecho). Nunca había dedicado tanto tiempo a la cocción de unas canciones y tan poco tiempo a su ensayo. Premeditada FRESCURA. Apunta mi amigo Gotxi “supongo que también habréis invitado a la party a su prima CRUDEZA, a la encantadora Miss URGENCIA, a la tímida doña DELICADEZA y a otras tantas meretrices de sugerentes talentos”. Pues claro, hombre. Ellas traen la tarta.

Respiro.

Respira, ya se pasa. Por Ainara LeGardon.

Respira, ya se pasa. Por Ainara LeGardon.

Hace tres años que trabajo en algunas de las canciones del próximo disco. En otras, más de cuatro. Sufro un embarazo musical de rinoceronta, de eso no hay duda.

Hoy tocaba releer por enésima vez los textos y anotaciones de los cuadernos que me acompañaron desde el 2010 hasta la actualidad. He encontrado notas de mis clases con Wade Matthews, poemas dedicados a personas a quienes apenas conocía, frases extraídas de los libros que devoré en aquellos días, y consejos dirigidos a mi mejor amigo. Ahora descubro con sorpresa la conjunción de todo aquello, que parecía inconexo. Doy sentido a lo que regresa a mis canciones una y otra vez, y me permito considerarlo válido.

Decía mi maestro respecto a la repetición:

“Hay ideas que no se resuelven en una obra, por eso hay materiales que se repiten en una y otra improvisación [-pongamos aquí “pieza”-], porque la idea no está resuelta aún. Esa repetición es distinta a la que surge del miedo y de la pereza”. (Wade Matthews. Madrid, taller de improvisación libre, febrero 2011).

Varios meses después, escribí:

“A la repetición
se le oye respirar
con dificultad.
Ya está aquí.
La escultura
de una resonancia
en el tiempo”.

Os dejo con una inspiradora imagen de Mònica Bedmar. En ese horno abandonado se coció, y se sigue cociendo a distancia, parte de este disco. Suena “Sound in time” de Lungfish. Que paséis una buena noche.

Foto de Mònica Bedmar

Foto de Mònica Bedmar

Estoy buscando a las personas capaces de volver a dotar de vida objetos que en su día sirvieron para transmitir el sonido, aventuras, historias y seguro que alguna que otra pesadilla. El nuevo disco estará repleto de ellas.

En el 2007 compré dos laringófonos del ejército soviético (con casco incluido). Ésta es la foto que demuestra mi emoción la primera vez que me coloqué uno de ellos.

Los laringófonos eran la herramienta fundamental para comunicarse entre los pilotos que volaban en aviones con la cabina descubierta durante los años 30. Posteriormente fueron sustituidos por micrófonos convencionales, aunque el ejército soviético siguió utilizándolos hasta los años 80. Captan las vibraciones directamente de la laringe.

Estaba completamente ilusionada pensando en los miles de nuevos usos que les podría dar. Sin embargo, hasta hoy nadie ha conseguido ponerlos a funcionar.

Hoy he hablado con Jesús Etxeberria, el mago de los circuitos, los esquemas y la electricidad. Le he propuesto el reto, y cuando me ha contado que en su juventud, haciendo el servicio militar, trabajó en el equipo de radiotransmisiones, lo he visto claro: Estos pequeñuelos volverán a sonar, a transmitir relatos y a hacernos felices a algunos.

Laringófonos. Un selfie de Ainara LeGardon cuando no se sabía lo que eran los selfies (2007)

Laringófonos. Un selfie de Ainara LeGardon cuando no se sabía lo que eran los selfies (2007)


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