Category: Proyecto Wroclaw

Portada Aldiri Aktikertura eta abar 25

Portada Aldiri Aktikertura eta abar 25. Fotografía de Rafa Rodrigo. Material utilizado para la elaboración de la pieza “El deseo como cemento”: Miniamplificadores Danelectro Honeytone, eco de cinta Copicat IC 300 WEM ’70s, micrófono Electro-Voice 915 Crystal –perteneciente a un afinador estroboscópico Conn Strobo Tuner ST9 ‘50s-,varios reproductores de casete Philips, Sanyo, Omega y Unisef, cinta, material plástico, vasija con conchas y teléfono perteneciente a un sintetizador analógico DeMenTia laBs circuit bent “Field phone”

Mis cacharros tienen el honor de conformar el bodegón de la portada del nº25 de la revista de arquitectura Aldiri Arkitektura eta abar. En el interior, una entrevista de Ander Gortazar Balerdi sobre mi proyecto “El deseo como cemento“. Música y arquitectura, mucho en común. Reproduzco a continuación la versión en castellano. La versión en euskera, aquí: http://www.ueu.eus/denda/ikusi/aldiri_25__donostia__kulturaren_hiria_

 

Música para la portada de una revista de arquitectura. ¿Qué tienen en común ambas disciplinas?

Muchísimo. A través de la música también diseñamos, proyectamos y construimos. Fabricamos relatos y lugares en los que la gente encuentra refugio y disfrute. Los músicos, al igual que vosotros los arquitectos, tenemos que elegir los materiales idóneos y la mejor forma de combinarlos para que la experiencia deje huella en quien la vive.

El bodegón fotografiado por Rafa Rodrigo muestra todos los dispositivos y elementos utilizados para la pieza “El deseo como cemento”. ¿Por qué deseo? ¿Por qué cemento?

Llegué a ese título casi al final del proceso, cuando comprendí con qué materiales estaba trabajando. No sólo eran sonidos, eran también palabras e historias. Pero lo que más peso iba adquiriendo era el conjunto de relatos que yo misma iba construyendo mirando los edificios, observando la ciudad (me informé sobre la historia local, el porqué de sus monumentos, arquitectura, peculiaridades, etc.), a los paseantes, a la gente conversando en el tranvía, en las cafeterías… En Donostia podía entender parte de sus diálogos. En Wroclaw sólo sus gestos, su tono, el contexto. Todas esas piezas, sin un material aglomerante, no encajaban. Ese aglomerante que daba cohesión al conjunto era precisamente mi fantasía y cómo yo estaba interpretando todo que percibía a través de mis sentidos: “El deseo –mi fantasía- como cemento –cohesionador-”.

En uno de los diarios donde fui describiendo el proceso, expliqué que me interesaba “dialogar entre nosotros y con ellas [las ciudades], en el idioma en el que hablan las ciudades y las historias: un lenguaje aunque a veces torpe, siempre acogedor; formado por palabras truncadas, de las que nos llevamos tan sólo una parte de su significado. De esta manera podemos seguir construyendo ficciones y rellenar con el cemento del deseo los huecos de nuestra vida que no acertamos a comprender”.

“El deseo como cemento” nace en una residencia artística en Wrocław, y fue grabada tanto en la capital cultural polaca como en Donostia. ¿En qué aspectos de la ciudades está basada la pieza?

La idea nace del reto de vincular ambas ciudades a través del arte sonoro. El resultado de la pieza no es una grabación, sino una acción o performance sonora. Las grabaciones que utilizo en ella están tomadas en ambas ciudades, pero en la pieza intervienen también las palabras (o mejor dicho, los fonemas), el poso de las historias con las que me fui encontrado y otras que fui imaginando, y también algo de reflexión y crítica sobre el paisaje sonoro que nos envuelve.

¿Cómo fue el proceso creativo?

Durante varias semanas caminé por las ciudades grabando todo sonido y/o escena sonora que me resultara interesante. En Donostia, por ejemplo, grabé a unos niños jugando al fútbol en la Plaza de Cataluña, gritando, bajo el cartel que avisa “prohibido jugar al balón”. Éste rebotaba contra las paredes de la Parroquia de San Ignacio, y se me ocurrió, sin parar la grabadora, caminar hacia la entrada y descubrir lo que estaba sucediendo en el interior de la iglesia. Me encontré con una escena magnífica, el rezo del rosario. Decenas de mujeres murmuraban ese cántico que se convertía en un colchón sonoro, con palabras empapadas por la reverberación de aquel espacio, ininteligibles pero con mucho significado. Una pared de piedra separaba dos mundos, dos ambientes sonoros, totalmente distintos.

Como ese ejemplo, muchos más. Tantos, que llegó el momento de desechar algunos paisajes. Fui uniendo ciertos cabos entre las dos ciudades, señales que me indicaban qué audios usar y cuáles no, y lo fui documentando todo en un diario. De esta forma, el proceso se completaba con pequeños poemas y reflexiones.

Técnicamente, hubo que realizar una selección de las grabaciones de campo, elegir un orden lógico, pasarlas a formato casete, y encontrar la manera de encajarlas con las historias y las escenas que más me habían llamado la atención. También quise utilizar objetos o materiales encontrados en las ciudades para recrear momentos sonoros vividos en ellas. Por ejemplo, recreé el sonido de las olas del mar rozando la superficie de un micrófono de contacto con arena de la playa de la Zurriola contenida en un bol, o el sonido de las obras de reforma de las ciudades -el más común y casi continuo de los ambientes sonoros- haciendo vibrar una vasija de cristal que compré en un mercadillo de Wroclaw y rellené con conchas traídas de Donosti. Todo este proceso de búsqueda, ensayos, errores y hallazgos, me llevó aproximadamente un par de meses.

La pieza recrea sonoramente las obras de reforma de la ciudad, la arquitectura, la forma de comunicarnos. ¿Se podría extraer alguna conclusión? ¿Hacia dónde va La Ciudad, como ecosistema?

Aunque disfruté enormemente de las diferencias (la gastronomía y las costumbres relacionadas con ella, la arquitectura -que en Wroclaw es tremendamente especial-, etc.), me sorprendió encontrar un contexto de “Ciudad” muy homogéneo en dos lugares tan distintos y alejados. Hay más elementos comunes de los deseables, bajo mi punto de vista. Toda una retahíla de franquicias multinacionales que nos visten y nos dan el café como “nos tiene que gustar”, hacen que todo parezca demasiado uniforme y me hace intuir que el pensamiento se mueve globalmente por una misma senda que nos marcan tanto aquí como allá.

También me sorprendió lo poco conscientes que son los ciudadanos del entorno sonoro que les rodea. Vivimos en un contexto saturado de músicas, melodías, cantos, sonidos, ruidos (a gran volumen), voces y ecos (repeticiones de mensajes) que nos envuelve y, en ocasiones, incluso nos acorrala. Sin embargo, hemos terminado por acostumbrarnos a esta saturación y a vivirla con cierta dejadez.

¿Y hacia dónde la ciudad, Donostia-San Sebastián? ¿Cual es el poso que dejará la Capitalidad Cultural en la ciudad?

Para mí, a título personal, se está consolidando en una oportunidad de realizar proyectos diferentes, de encontrar otros creadores y ciudadanos con los que dialogar en lenguajes artísticos distintos. Pero, en términos generales, espero que seamos capaces de lograr que la huella que perdure no sea la de una ciudad más cara e inaccesible, como suele ocurrir tras los macro-eventos de este tipo.

Sólo me queda preguntarte por la definición de “cultura” de Ainara LeGardon.

Supongo que es aquello que hace de nosotros lo que somos. Lo que conforma nuestra identidad; ese contexto adquirido en el que a veces es necesario desaprender para que las nuevas ideas avancen.

Ilustración de Ainara LeGardon por Pirati a partir de una fotografía de Rafa Rodrigo

Ilustración de Ainara LeGardon por Pirati a partir de una fotografía de Rafa Rodrigo

 

 

“Múltiples deseos, múltiples cementos” es una reinterpretación del proyecto “El deseo como cemento” (descrito en este mismo blog) a través de una actividad de mediación realizada con alumnas de la Facultad de Magisterio de Donostia. Ha resultado ser una experiencia fantástica y sorprendente, en la que las participantes han aportado sus propias ideas y propuestas, tanto a nivel sonoro como emocional, incluyendo sus historias personales en la pieza. Este aspecto ha sido lo más enriquecedor en la elaboración del trabajo.

En esta ocasión, las grabaciones de campo tomadas en las ciudades han quedado en un segundo plano. El objetivo era que fueran las aportaciones de las alumnas las que cobraran el protagonismo en el desarrollo de la pieza, al tratarse de una reinterpretación de mi proceso vivido en Polonia.

Se presentó ante el público como una experiencia en forma de performance sonora, que representa un viaje a través de las emociones y las historias que ocurren en las ciudades. Las participantes fueron Ane Goenaga, Ane Iturbe, Naiara Kaperotxipi, Meriem Guennoun y yo misma.

Ainara LeGardon reproduciendo el sonido de las ciudades. Foto: Instituto Etxepare.

Ainara LeGardon reproduciendo el sonido de las ciudades. Foto: Instituto Etxepare.

La muestra estuvo llena de todo lo que puebla las ciudades, y lo que nos pobló por dentro a nosotras aquel día:

emociones

conversaciones

pulsos

latidos que se aceleran y ralentizan

sonidos que van y vienen, que forman colchones

sorpresas al doblar las esquinas

recuerdos

sensaciones sutiles, otras más fuertes

urgencia

prisa y desasosiego a veces

calma y descompresión otras

canto, voz, melodía

realidad

 

Tras la presentación, se abrió un coloquio con el público, que queda reproducido a continuación:

Ainara LeGardon: Por mi parte quiero decir que ha sido toda una sorpresa que, con muy poco tiempo de trabajo por delante, hayan logrado conseguir semejantes texturas y sonidos a partir de su propias propuestas. Se merecen una felicitación por el buen trabajo realizado. Yo, sinceramente, he aprendido mucho de la experiencia y se lo agradezco enormemente.

De izda a dcha: Ane Iturbe, Meriem Guennoun, Ainara LeGArdon, Naiara Kaperotxipi y Ane Goenaga en el coloquio posterior a la muestra sonora. Foto: Instituto Etxepare.

De izda a dcha: Ane Iturbe, Meriem Guennoun, Ainara LeGardon, Naiara Kaperotxipi y Ane Goenaga en el coloquio posterior a la muestra sonora. Foto: Instituto Etxepare.

Meriem Guennoun (alumna): Nosotras queríamos decir a todos los que estáis aquí que ha sido una experiencia maravillosa para nosotras, que nos ha abierto los ojos a otro tipo de música. La verdad es que trabajar aquí, todas juntas, ha sido muy emocionante porque, al crear los sonidos, hemos contado nuestras historias y encontrado las razones por las que queríamos que sonaran de una forma concreta. Ella [Ainara] también nos ha contado su historia, y ha sido para nosotras algo muy emotivo y muy bonito.

Ainara: Queremos dar las gracias de forma especial a Carmen [de las Cuevas], su profesora, porque ella fue la que puso en contacto a la institución con la gente a la que finalmente ha llegado la propuesta, y en última instancia con todos vosotros [refiriéndome al público].

Lo más bonito es vivir esta experiencia de pasar por todo un proceso, por todo un aprendizaje mutuo, y no sólo hacer una pieza y marcharnos a casa. El resultado final de la pieza es casi lo menos importante. Lo que importa es el recorrido que se hace, el tránsito juntos, el aprendizaje, el disfrutar y el emocionarnos haciéndolo.

Andrea (equipo DSS2016): ¿Nos podéis contar cómo han sido las reuniones y el proceso de mediación?

Ainara: Sí. Hemos hecho dos sesiones únicamente. Hace diez días tuvimos una primera sesión eminentemente teórica, en la que traté de trasladarles que detrás de una pieza, de una obra, de una composición, de un libro, etc. hay un proceso, un viaje, una búsqueda de muchas cosas. Existe un germen, la idea, que hay plantar, regar y trabajar. Muchas veces ese proceso nos lleva a conseguir metas que no nos habíamos planteado. Quizás la planta crece y da flores de un color que no habíamos intuido. Sobre todo en el ámbito de la experimentación y la improvisación, nos llevamos muchas sorpresas y encontramos hallazgos inesperados.

Momento de la segunda sesión del taller en Kaxilda. Foto: Oihane Espuñez.

Momento de la segunda sesión del taller en Kaxilda. Foto: Oihane Espuñez.

Salí de la primera sesión con la sensación de haberles soltado “un rollo”, pero creí necesario contarles mis planteamientos acerca de este proyecto en concreto y cuáles habían sido mis fuentes de inspiración. No sólo hablamos de música, de hecho hablamos de muchas otras cosas que no eran música, desde lecturas hasta historias de la vida cotidiana que una va encontrando por las ciudades, y que a lo mejor no entiende, puesto que son pedacitos, ladrillos con los que luego se construye algo (de ahí el título de la pieza, “El deseo como cemento”). Viajando por Polonia me encontraba con personas hablando en un idioma que desconocía. Por el contexto, por sus gestos, me podía imaginar parte de la historia. Fui recopilando esos ladrillos y añadiendo cemento para construir el resto. Y eso es lo que hemos hecho nosotras: Lo que hemos aportado cada una han sido pequeños trocitos de nosotras mismas. Parte del planteamiento del proyecto es, para crear sonidos, utilizar objetos encontrados en las calles de las ciudades, comprados en mercadillos, o que para mí significaran algo especial. Les propuse que pensaran en historias, en objetos que para ellas tuvieran un significado especial. Han traído agua, piedras, etc., elementos que en un principio jamás habrían pensado que se pudieran utilizar para hacer música, que pudieran ser utilizados como instrumentos. Eso también ha supuesto una experiencia nueva.

Yo he mantenido algún elemento de los que utilicé allí. Por ejemplo, me llamó mucho la atención que en casi todas las grabaciones de campo se escuchaba de fondo el sonido de obras de reforma de la ciudad. Como ciudadanos no nos damos cuenta de que estamos rodeados de sonidos que pueden resultar incómodos, integrados en esa gran pieza sonora que nos rodea, y casi los ignoramos. Yo los he recreado mediante esa vasija que compré en un mercadillo en Wroclaw, llena de conchas traídas de aquí, y que haciéndolas vibrar reproducen el sonido de las obras de reforma. Curiosamente es el sonido que une a ambas ciudades en este preciso momento en que las dos se están vistiendo de gala para ser capitales culturales, es el sonido común de ambas ciudades. Yo pensaba que el sonido común sería el del agua, el del líquido, pero no…

Ellas han sido libres de proponer sus ideas. Sólo con la sesión de esta mañana, hemos trabajado en la búsqueda de los sonidos de los líquidos, de la lluvia… Hemos tratado de representar de alguna manera los sonidos de nuestra tierra. Yo llevé a Polonia madera, arena… y hoy ha habido lluvia, ha habido viento, y otros sonidos que nos representan. Lluvia hecha con el pelo, que se te ha ocurrido a ti probando [mirando a Ane Iturbe], experimentando.

Ane Iturbe y Meriem Guennoun. Foto: Instituto Etxepare.

Ane Iturbe y Meriem Guennoun durante la muestra sonora. Foto: Instituto Etxepare.

Cada una ha traído lo que para ella significa algo especial, hemos trabajado con ello y además hemos incluido el uso de la voz. Me ha parecido bonito terminar así la pieza (muy tensa puesto que tiene una gran acumulación de sonidos, representando lo que es una ciudad: muchas historias, muchas vivencias de muchos habitantes) bajando paulatinamente hacia el final, hasta disfrutar también de algo parecido al silencio.

Esto creo que ha sido un buen resumen de trabajo que hemos realizado, ¿no?

Alumnas: ¡Sí! [Risas].

Chico entre el público: ¿Cómo se titula?

Ainara: Yo la titulé “El deseo como cemento”, y a esta experiencia la he llamado “Múltiples deseos, múltiples cementos” porque además de nuestras cinco historias, están todas las de las personas con las que me fui cruzando en ambas ciudades. Es múltiple la historia que podemos contar, hay múltiples capas, se trata de un collage sonoro del que solo podemos percibir una parte, y el resto nos lo imaginamos, que es lo interesante.

Carmen (profesora Facultad Magisterio): Yo quiero decir algo porque estoy realmente muy emocionada. Por un lado porque para ellas tener la oportunidad de disfrutar con vosotros de todo este proyecto es muy grande, pero especialmente porque creo que están felices. Eso es muy grande. Felices aprendiendo, abriendo oídos, mente y muchas cosas más. Os dejé en la primera sesión de trabajo un poco asustadas [risas], y hoy habéis estado tan contentas que he pensado “esto va rodado”. También me ha gustado mucho la red que has diseñado, y cómo has entrelazado los sonidos.

Ainara: Sí, bueno, tenemos la oportunidad de trabajar con estos pequeños amplificadores portátiles. Y es que en la vida los sonidos nos rodean por todos lados. En ningún momento he pensado en la pieza como un concierto en el que aquí esté el escenario y ahí el público, sino como algo envolvente. De hecho, ellas tenían libertad para moverse (esta mañana no estabais ahí sentados y era más fácil [risas]). Lo hemos diseñado así entre todas por ese motivo, para tener libertad de movimiento, tener libertad para utilizar los micros con los objetos que hemos traído, o con la garganta, con la voz, con el cuerpo… la libertad de sentir y hacerlo sentir.

Momento del taller en Kaxilda. Foto: Oihane Espuñez.

Momento del taller en Kaxilda. Foto: Oihane Espuñez.

Carmen: Se ha percibido.

Ainara: ¡Qué bien!

Carmen: Eskerrik asko.

Andrea: Muchas gracias, de verdad.

(La gente aplaude, van abandonando el local –Kaxilda, que nos acogió fabulosamente-, y yo me quedo recogiendo lentamente los micrófonos, los cables, las cintas… pensando en todo lo que ha ocurrido hoy, y agradecida por haber vivido esta experiencia).

PD: Creo que la partitura queda de la siguiente manera:

“Múltiples deseos, múltiples cementos”

(Pieza para ser interpretada por un número de entre 1 y 10 ciudadanos)

  1. Elige como instrumento uno o varios objetos/materiales/historias de la ciudad.
  1. Escucha al resto de ciudadanos.
  1. Reproduce junto a ellos

emociones

conversaciones

pulsos

latidos que se aceleran y ralentizan

sonidos que van y vienen, que forman colchones

sorpresas al doblar las esquinas

recuerdos

sensaciones sutiles, otras más fuertes

urgencia

prisa y desasosiego a veces

calma y descompresión otras

canto, voz, melodía

realidad

  1. Trata de dormir bien esta noche.

 

Ainara LeGardon, 2015.

Wroclaw, 08/10/15

 

El verde de las cabezas de los patos del Odra,

de las ensaladas de uvas,

de las botellas de agua sin gas.

El sonido de un trapo empapado en agua sucia impactando contra el suelo al caer desde un 7º piso.

Un ciervo con gafas y corbata posando serio,

un conejo tomando café,

una rana fumando un puro grabada en una de las pipas de la colección de Eugeniusz Get-Stankiewicz,

y tus ojos, bella Berenika,

tus ojos azules que se funden con el calor de tu chaqueta de lana

y tu sonrisa inteligente de gata de fábula.

 

Wroclaw, 08/10/15

En euskera, parece que “verdad” (egia) viene de “hacer” (egin). Tenía pendiente hablar de esto desde hace meses, cuando Jaime de los Ríos, Eneko Gil y yo caminábamos por las calles de Wroclaw discutiendo el asunto.

Ahora he vuelto sola, y los echo de menos. En cada rincón hay una anécdota, un buen momento que recordar de los que he pasado junto a ellos.

“Verdad” viene de “hacer”, y es ahora cuando hago y construyo posibilidades junto a otros.

Jaime ya me había advertido de la magia y la fuerte energía que baña ese lugar, pero, aún así,  la primera vez que visité el CeTA- Centrum Technologii Audiowizualnych (Centro Tecnológico Audiovisual) apenas pude dar abasto sintiendo el olor especial, escuchando la vasta y magnífica historia que encierran sus paredes. Pude pasear por los estudios de cine que a partir de 1954 funcionaban bajo el nombre de WFF Wroclaw (Wroclaw Feature Film Studio), donde desde entonces han sido realizadas más de 500 películas, incluyendo el debut de Polanski y otros directores polacos. Me permitieron entrar en la antigua sala de “foley” y grabar algunos sonidos, cantar junto a más de 200 maniquíes (los “extras” en las películas de entonces), incluso besar al cosmonauta que, desde hace décadas, se aburre haciendo de percha para el traje de “Tricotosa” que en su día vistió el protagonista de alguno de los films de ciencia ficción que aquí se rodaron.

Besando a un cosmonauta. Foto de Rafa Rodrigo.

Besando a un cosmonauta. Foto de Rafa Rodrigo.

No recuerdo si antes o después de aquel beso, Jaime me presentó a Dariusz Jackowski, un músico investigador especialista en nuevas tecnologías, con quien rápidamente congenié.

Hoy día, entre las estancias del edificio, hay un inmenso plató reconvertido en auditorio, y que Vox Machinatione (el proyecto que Darek y yo hemos ido fraguando a lo largo de los últimos meses junto a otros artistas polacos), tomamos el pasado domingo para construir nuestras propias ficciones dentro del cartel del Avant Art Festival.

Haciendo (y más en un sitio como este), los sueños se convierten en realidad.

PD: Todos los visuales son obra de Róża Smółka.

PD2: Gracias a DSS2016 y Wroclaw 2016 por el apoyo.

Ainara LeGardon. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon, Kostas Georgakopulos y Dariusz Jackowski. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon, Kostas Georgakopulos y Dariusz Jackowski. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon, Kostas Georgakopulos y Dariusz Jackowski. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon, Kostas Georgakopulos y Dariusz Jackowski. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon. Foto de Marcin Maziej.

Ainara LeGardon. Foto de Marcin Maziej.

Más fotos del festival aquí.

En esta ciudad los poros de mi piel se abren tanto
que desde el interior de mi rostro
se podrían leer mis pensamientos en Braille.

Ainara LeGardon. Foto de Róża Smółka

Ainara LeGardon. Foto de Róża Smółka

¿Cómo reproducir el sonido de las olas del mar con arena, el de las obras de reforma de una ciudad con un vibrador rozando una vasija de cristal llena de conchas? ¿Cómo suena un pedazo de árbol a miles de kilómetros de donde fue cortado por el aizkolari Patxi Larretxea? ¿Se escucharán aún los versos de su hijo Hasier? Se lo cuento a la cámara de Kris Cwik en este vídeo que recoge fragmentos de los ensayos y de la performance sonora “El deseo como cemento” en Wrocław (Polonia). Lo comparto hoy con vosotros mientras preparo la maleta para un nuevo viaje a esa increíble ciudad. Espero que os guste.

“El deseo como cemento”: Un collage sonoro formado por grabaciones de campo realizadas en Donostia y Wroclaw es manipulado en directo desde dos reproductores de casete, y filtrado por un eco de cinta analógico. El sonido natural de la voz se entremezcla con el de objetos y materiales que funcionan como aglomerantes, moldeándose y adhiriéndose a los sonidos de las ciudades para construir historias y dialogar en un idioma formado por palabras truncadas, de las que nos llevamos tan sólo una parte de su significado. De esta manera podemos seguir construyendo ficciones y rellenar con el cemento del deseo los huecos de nuestra vida que no acertamos a comprender.

“Desire as cement”: A sound collage formed by field recordings of Donostia and Wroclaw is manipulated live using two cassette players and filtered through an analogue tape echo machine. The natural sound of the voice becomes interwoven with the sound of objects and textures, acting as binding materials and molding around the sounds of the cities, adhering to them and building stories as a dialogue is struck with a language made up of shortened words, whose meaning we can only partly grasp. In this way, the cement that is desire helps us to continue building fictions and to fill in the holes that we don’t quite understand in our lives.

 

 

En algún lugar entre el aeropuerto y el cielo de Munich, 15/06/15. 22:05 h.

 

Delante de mí viaja una familia formada por una madre y sus tres hijos. La mujer es joven, guapísima. Pide a la azafata gominolas para ellos y alarga su brazo hasta alcanzar con su mano la de su hija mayor, sentada al otro lado del pasillo. Bloquean el paso durante el despegue. Brillan su anillo y sus uñas esmaltadas. Se aprietan fuertemente.

 

La imagen es bella y aterradora.

 

Siento la necesidad de escribir sobre ello y me agacho a coger el cuaderno que guardo en la mochila, bajo mis pies. En ese momento comienza a sonar un teléfono varios asientos más atrás. La mujer me mira con desprecio, y a la vez temerosa, creyendo que soy yo la que ha olvidado apagar el aparato y a quien están llamando en pleno ascenso.

 

Suena la señal que indica que podemos desabrocharnos el cinturón. Madre e hija separan sus manos. La madre, con la derecha, sigue pasando las cuentas púrpuras de un rosario.

 

Pido un zumo de tomate, a juego con la situación, y disfruto de las vistas de este anochecer anaranjado por encima de las nubes. Me pregunto si este momento tan precioso sólo será apreciable por aquellos que, al menos ahora mismo, no tenemos miedo a nada.

 

 

“Even from here, our city is always at hand
if you make a fist it will fit in your pocket”

[Extract from the poem W mieście” (“En la ciudad”) by Marta Eloy Cichocka]. 

 

Foto de Rafa Rodrigo

Photograph: Rafa Rodrigo

When I press Record I capture small fragments of the city. I put them away, from my hand into my jacket, letting them mingle as they swing with each step. I also take in the expressions, beauty, wrinkles and experiences of every person I walk past, their breathing ending up in my pocket. I don’t understand everything they say but I imagine it. Many have felt the same way before.

I listen to the rain, as it sometimes spits and drenches alike here and there. I admire the astonishing architecture in the large squares and the neglected balconies in the boroughs, braced, with window panes that once shone. I set my eyes on the aesthetic traps hidden around Wroclaw: fake windows, painted on buildings for the purpose of maintaining symmetry in the composition. This makes me think of Horror vacui, non-acceptance of the void.

Falsa ventana en la Plaza del Mercado de Wroclaw. Foto de Rafa Rodrigo

Fake window at Market Square (Wroclaw). Photograph: Rafa Rodrigo

I feel the opposite: a rejection towards the saturation from music, melodies, singing, sounds, noises, voices and echoes that surround us continuously. In the city, a lapse of silence is hard to come by. We cannot free ourselves from the rumour of traffic. Not even inside a large urban park where listening to a bird beating its wings becomes a poetic delicacy out of reach for most people. In Donostia or Wroclaw, the noise of ongoing works never ends during the day; often, also, during the night. Cities dress up for the occasion but we suffer their complaints when pulling their corset or tie too tight. Meanwhile, the sea and the river never stop moving. What lives under the bubbling holes that remain on the shore when the waves move back? And under the wake left by ducks as their feet wade in the water? Is this where we find the gaps, the space, the time, the rest where we can breathe in oxygen? Is this where they live?

In “Desire as cement”, a sound collage formed by field recordings of Donostia and Wroclaw is manipulated live using two cassette players and filtered through an analogue tape echo machine. The natural sound of my voice becomes interwoven with the sound of objects and textures, acting as binding materials. They mold around the sounds of the cities, adhering to them, accepting moments of silence and creating them artificially. I suspect such moments are when the city allows us to think of what we need, to invent those stories we wish will come true and, in short, to strike a conversation.

A dialogue with each other and with the city, using the language spoken by cities and stories: a language that is clumsy at times though always welcoming; made up of shortened words whose meaning we can only partly grasp. In this way, the cement that is desire helps us to continue building fictions and to fill in the gaps that we don’t quite understand in our lives.

 

Some of the elements used in “Desire as cement”:

Dispositivos y elementos utilizados en "El deseo como cemento". Foto de Ainara LeGardon

Devices and elements used in “Desire as cement”. Photograph Ainara LeGardon

-A splinter of beech wood found in Garoa Kultur Lab (Donostia) on 27 March 2015: a sound poem of the axe hitting wood, the cuts made by the aizkolari Patxi Larretxea singing as he stands on top of the wood and as his son Hasier recites stanzas from “Niebla fronteriza” (“Border fog”), the fog that the Basque population traverses as we try to bring together our lives in past and future tenses: http://www.ainaralegardon.com/2015/06/la-poesia-de-la-vulnerabilidad/

-The sound of my fingers turning over each and every page of the book “Letters to a Young Poet” by Rilke, in Garoa Kultur Lab (Donostia) on 9 June 2015. Owing to my friendship with Ines, the bookseller, I ask her to turn the volume of the music down so that I can record the sound of the pages, enveloped by the ambience created by four customers.

– Sand collected at Ondarreta beach (Donostia) on 9 June 2015: http://www.ainaralegardon.com/2015/06/mis-pasos-en-busca-del-liquido/

Grabando Ondarreta. Foto de Rafa Rodrigo

Recording Ondarreta. Photograph: Rafa Rodrigo

– Shells collected at Zurriola beach (Donostia) on 12 June 2015. Beach treasures: perhaps not the ones that look the prettiest but the ones that sound the best; the lighter and higher-pitched ones, the more rugged and versatile ones, the ones with holes to blow through their carcass. With every wave, a new treasure.

– The sound of my steps walking towards the shore on Zurriola beach (Donostia) on 12 June 2015, gradually covered by the sound of the waves: http://www.ainaralegardon.com/2015/06/proyecto-wroclaw-donosti-9615/

– Sound of tram 2496, line 24 to Osobowice, recorded in Wroclaw on 21 June 2015, the driver’s beauty and expression, the hunters’ story and other passengers: http://www.ainaralegardon.com/2015/06/cuervos-lluvia-y-tranvias-wroclaw-210615/

La conductora del 2496. Foto de Ainara LeGardon

Driver´s beauty. Photograph: Ainara LeGardon

-Sound of La Bretxa market (Donostia) on 12 June 2015: the blend of languages, the machine sawing through marrow, the axe ripping meat apart, cash registers, flowers, kindness.

-Sound of Hala Targowa market (Wroclaw) on 20 June 2015: the birds stealing birdfeed, phones, berries, voices, laughter.

Mercado Hala Targowa. Foto de Rafa Rodrigo

Hala Targowa Market. Photograph: Rafa Rodrigo

-Sound of Cristina Enea Park (Donosti) on 12 June 2015: dogs panting, bunches of keys rocking as they hang off the necks of passers-by who whistle to grab their pets’ attention, bicycles.

-Sound of the Odra River around Paula Wlodkowica (Wroclaw) on 18 June 2015: soaked pigeons taking off, the wooden bridge shaking under the passing tram.

Paloma antes del vuelo. Foto de Rafa Rodrigo

Pigeon. Photograph: Rafa Rodrigo

El vuelo de la paloma. Foto de Rafa Rodrigo

Pigeon flying. Photograph: Rafa Rodrigo

-The sea entering fiercely under the Kursaal bridge (Donostia) on 9 June 2015.

-Sound of the park on the banks of the Odra River (Wroclaw) on 20 June 2015: children playing on the swings, the wind on the bushes, my steps on the gravel.

-Children playing football in Plaza de Cataluña (Donostia), on 9 June 2015: under the “ball games forbidden” sign, a ball bounces off the walls of the Parish of San Ignacio, inside of which people are praying the rosary.

"Debekatua baloiarekin jolastea". Foto de Rafa Rodrigo

“Debekatua baloiarekin jolastea”. Photograph: Rafa Rodrigo

-A rosary found on a seat of the To Tu Theatre (Wroclaw) on 30 June 2015.

-A broken cassette recorder, purchased at the second-hand shop “Gauza Onak” (Donostia) on 12 June 2015 at one third of the asking price. It doesn’t work perfectly but it makes its own particular and interesting interpretation of whatever it finds.

-A glass vase and a cassette recorder (also worn down), purchased on a street market behind the train station in Wroclaw on Sunday, 28 June 2015.

-The sound of rusty springs of different shapes and sizes, as well as a piece created using artefacts used for special effects in movies in the 50’s at the Wroclaw Feature Film Studio (WFF Wroclaw), currently the CeTA- Centrum Technologii Audiowizualnych (Centre for Audiovisual Technologies). Recorded on 26 June 2015.

Amasando muelles. Foto de Rafa Rodrigo

Rusty springs. Photograph: Rafa Rodrigo

-A round of thin paper on which the polarity patterns of microphones were written down, found in the former special effects room at CeTA- Centrum Technologii Audiowizualnych  (Centre for Audiovisual Technologies) (Wroclaw) on 26 June 2015.

-Green traffic lights, with a percussive sound indicator for the blind which is reminiscent of the sound of the txalaparta, traditional Basque instrument. Recorded in Wroclaw on 26 June 2015.

El semáforo-txalaparta. Foto de Rafa Rodrigo

Txalaparta-traffic light. Photograph Rafa Rodrigo

-Trusting pigeons, elusive ravens, hungry ducks being fed stale bread by a young girl. Their flying. The rain.

Foto de Rafa Rodrigo

Young girl feeding ducks and pigeons. Photograph: Rafa Rodrigo

Cuervos. Foto de Rafa Rodrigo

Ravens. Photograph: Rafa Rodrigo

Observando los cuervos, grabadora en la mochila. Foto de Rafa Rodrigo

Rain. Photograph: Rafa Rodrigo

-Traffic, sirens, hustle and bustle, voices changing in the underpass.

-Wind, which I allowed to have fun with the recorder’s microphones. Sometimes, not even the best windshields can silence it.

 

Inspiration taken, more or less directly, from Eneko Gil, Jaime de los Ríos, Antonio Onio, Braulio Bandeira, Hasier y Patxi Larretxea, Adam Zagajeswski, Marta Eloy Cichocka, Eugeniusz Get Stankiewicz, Bruno Schulz, Malgorzata Haduch, Maria Mavridou, Dariusz Jackowski, Álvaro Barriuso, Rafa Rodrigo,  a tourist guide named Simon and the histories of destruction and reconstruction that have left a mark on both cities.

Recomendaciones literarias de autores polacos. Foto de Ainara LeGardon

Photograph: Ainara LeGardon

“Zrób to Sam”- “Do It Yourself” de Eugeniusz Get Stankiewicz. Foto de Rafa Rodrigo

“Zrób to Sam”- “Do It Yourself” by Eugeniusz Get Stankiewicz. Photograph: Rafa Rodrigo

Thank you to the staff teams at DSS2016, ESK Wroclaw 2016, Etxepare Euskal Institutua, CeTA- Centrum Technologii Audiowizualnych, Księgarnia Hiszpańska Wrocław, Garoa Kultur Lab, Kris Cwik, and to every person whose expression I have been able to capture or with whom I have shared experiences during this artistic process.

 

Wroclaw, 26/06/15

 

Jaime de los Ríos: “En Wroclaw toda la red urbana de semáforos está diseñada por psicólogos para minimizar el estrés a los ciudadanos”.

Ainara LeGardon: “¿En serio?”

Jaime de los Ríos: “No, pero me lo imagino, y sería perfectamente posible”.

Así comenzamos este caluroso viernes, paseando hasta Impart, el lugar que acogerá al Festival BASK, en el que participaremos el próximo fin de semana.

Fantaseamos con relatos que poder contar a nuestra vuelta, ficciones posibles que sean capaces de hacer más agradable nuestras existencias y las de los que nos rodean. ¿Por qué no inventarnos toda una historia y crear así un lugar nuevo, y nuestro? Repertirla tantas veces, que se haga realidad. Jaime insiste en que la raíz de la palabra “verdad” en inglés (truth), viene de “confiar” (trust), y, de repente, se pone un semáforo en verde acompañado de unos ecos de txalapartas como indicación para los invidentes.

Está claro que este sistema de señales lo han diseñado para nuestro disfrute, así que me pongo a cazar el sonido de la percusión ancestral que sale del pequeño altavoz en lo alto del poste, mientras Jaime pone a funcionar su pieza “PKP” en Twitter.

Ainara LeGardon y Jaime de los Ríos, cada uno a lo suyo. Foto de Rafa Rodrigo

Ainara LeGardon y Jaime de los Ríos, cada uno a lo suyo. Foto de Rafa Rodrigo

Es impresionante cómo esa pequeña sonoridad lejana nos puede transportar al hogar de una manera tan directa. Todo cuadra. Al llegar a Impart cada uno de nosotros elige la localización más apropiada para mostrar su obra. Yo, acunada aún por los sonidos de la tierra y cómoda como en mi propia casa, decido montar una sala de estar en el vestíbulo principal del edificio desde la que poder cantar y contar narraciones tan reales como cada uno las sienta.

Probando cómo montar el salón de casa en el escenario. Foto de Jaime de los Ríos

Probando cómo montar el salón de casa en el escenario. Foto de Jaime de los Ríos

Varios días antes, Eneko Gil y yo trabajamos, en el contexto de un laboratorio de movimiento y performance, bajo la premisa “fake it till you make it”. Decidimos poner en práctica, pues, todo lo aprendido.

Eneko Gil y Ainara LeGardon, fingiendo hasta conseguirlo. Foto de Paula Victoria Photography

Eneko Gil y Ainara LeGardon, fingiendo hasta conseguirlo. Foto de Paula Victoria Photography

Aún nos queda media hora de paseo hasta el CeTA- Centrum Technologii Audiowizualnych (Centro Tecnológico Audiovisual). Lo que dentro de sus muros descubro, no hubiera podido imaginarlo ni en mis sueños más enrevesados y surrealistas. Sin duda todo ello merece una entrada independiente en esta bitácora.

(Continuará).

Wroclaw, 25/06/15

Conviviendo con Jaime de los Ríos y Eneko Gil, se han producido situaciones tremendamente divertidas, inspiradoras y reflexivas. Tanto es así, que hace unos días decidí integrar, de alguna manera que aún no tengo clara, sus proyectos artísticos en el mío.

Eneko baila, se mueve, sonríe y piensa como mantequilla. Ha inspirado su solo de danza en los cuentos “Las tiendas de canela fina” de Bruno Schulz, cuya escritura dicen que es como un “carrusel desorientador”. Le pido que me preste el libro durante unos días, para comprobar si yo también soy capaz de inhalar su esencia. Mientras tanto, tengo la osadía de inscribirme en un laboratorio de movimiento y performance para bailarines, al que acudo con Eneko. Le observo y envidio el poder y el control que ejerce sobre su cuerpo. A mí me sangran hoy las rodillas, y apenas puedo gestionar este sonido de la vulnerabilidad que ahora escucho, el del ridículo, el de la vergüenza, el de la fragilidad. Sin duda, me he aturdido en este tiovivo.

Intento olvidar el dolor físico y el proveniente del orgullo quebrado, y me pongo a leer a Schulz. En sus palabras encuentro sonidos oníricos con los que consigo quedarme adormilada:

“Las hierbas, los cardos, las ortigas y bodiak arden crepitando en el fuego del mediodía. La amodorrada siesta del jardín zumba con el estrépito de las moscas. Rastrojos dorados aúllan al sol como una nube de langostas, los grillos se desgañitan en la lluvia rutilante del fuego, las vainas colmadas de granos estallan en silencio expeliendo su fruto como saltamontes.”

(Extracto del cuento “Agosto” de Bruno Schulz, incluido en “Las tiendas de canela fina”).

Cuanto más rápido camino, más me duele, así que decido ir lenta. En todos los sentidos.

Jaime es un entusiasta, ávido de compartir experiencias y conocimiento, de dudar; De realizar un cuestionamiento colectivo tanto de nuestras acciones como de las reacciones que provocamos en nuestro entorno, y llegar a conclusiones cuasi-mágicas.

Iniciando juegos, poniendo a prueba nuestras intuiciones. Así pasamos estas jornadas.

Jaime trabaja en su proyecto tomando como base un listado de palabras primordiales, en polaco y euskera, que seguramente ya fueran empleadas por nuestros ancestros para referirse a lo más básico y esencial en su existencia. Mi idea es tomar varias de ellas y trabajarlas, amasarlas, desmembrarlas y dotarlas de una nueva vida en forma de poesía fonética que acompañe al collage realizado con los sonidos de Donostia y Wroclaw.

En mi opinión, vulnerabilidad es uno de esos términos elementales que deben existir desde que somos lo que somos y miramos de frente a nuestros retos (ya sean los bisontes que Jaime ha incluido en su lista, o los desafíos que encaramos al desear crecer como personas, en cualquier ámbito).

Poesía. ¿Por qué no incluirla también en esa relación de vocablos primordiales? He traído un trozo de ella en la maleta, en forma de astilla de haya recogida en Donosti. La poesía sonora de los golpes del hacha en la madera, esos cortes con los que el aizkolari Patxi Larretxea cantaba sobre el tronco mientras su hijo Hasier recitaba los versos de esa “Niebla fronteriza” a través de la que los vascos caminamos, intentando conjugar nuestras vidas entre tiempos verbales pasados y futuros.

Precisamente Hasier Larretxea me recomienda la obra de varios autores polacos, destacando a Adam Zagajewski. Encuentro en la librería Księgarnia Hiszpańska Wrocław el último ejemplar en castellano de “En la belleza ajena”, y, entre sus páginas, un párrafo que nos describe como vocales y consonantes, como esa materia prima de los fonemas, de las acciones, de la vida.

“Personas-vocales y personas-consonantes. Vocales son aquellas que gustan de hablar, de reírse –y al reír, echan la cabeza hacia atrás con energía-, aquellas que nacieron para la expresión. Las personas-consonantes callan generalmente, en sociedad pasan por aburridas, se duermen en el tren. Mas sin ellas no existiría la humanidad; las lenguas se las arreglan mejor sin vocales que sin el tieso y pesado brocado de las consonantes”.

(Extracto de “En la belleza ajena” de Adam Zagajewski).

Salgo a dar otro paseo, a explorar e intuir cómo suenan esas historias y relatos que todos llevamos en la mirada, incluso aquellos que cierran los ojos y se quedan dormidos en el tranvía, o aquellos cuyo pulso va tan rápido que sus figuras acaban por desdibujarse.

 

Foto de Rafa Rodrigo

Foto de Rafa Rodrigo

Recomendaciones literarias de autores polacos

Recomendaciones literarias de autores polacos. Foto de Ainara LeGardon


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