Category: Writings

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Reflexiono sobre ello y sobre los contenidos recogidos en el Estatuto del Artista en mi artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo”, publicado en el Anuario de la Música 2018 de Musika Bulegoa y cuyo título es un homenaje a la gran Remedios Zafra. Está redactado teniendo en cuenta las recomendaciones sobre la utilización de lenguaje no sexista recogidas en la “Guía de lenguaje para el ámbito de la cultura” publicada por Emakunde/Instituto Vasco de la Mujer.

El Anuario completo se puede descargar aquí: http://musikabulegoa.eus/wp-content/uploads/2019/03/EHMBE_Urtekaria_2018_web-1.pdf

“Música e instrumentalización del entusiasmo”

A menudo la afirmación “soy artista” genera automáticamente la curiosidad morbosa, plasmada en la cuestión de con qué otro u otros trabajos y de qué forma es capaz de vivir una persona que se dedica a la creación artística. El cliché que nos persigue como amateurs o como colectivo precario (y precarizado) está profundamente asentado en la sociedad y, lo que es peor, en el propio ámbito artístico.

Afortunadamente en los últimos tiempos se está tratando abiertamente en distintos foros públicos la realidad de nuestra profesión. Ya no escondemos nuestro inestable modo de vida y tratamos de hacer llegar nuestras demandas más básicas tanto al público como a las instituciones y poderes políticos.

En este sentido es especialmente lúcido el ensayo “El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital” de Remedios Zafra (Premio Anagrama de ensayo 2017), un texto que reflexiona sobre cómo la pasión de las personas dedicadas al arte suele jugar en nuestra contra:

“…su entusiasmo puede ser usado como argumento para legitimar su explotación, su pago con experiencia o su apagamiento crítico, conformándose con dedicarse gratis a algo que orbita alrededor de la vocación, invirtiendo en un futuro que se aleja con el tiempo, o cobrando de otra manera (inmaterial), pongamos con experiencia, visibilidad, afecto, reconocimiento, seguidores y likes que alimenten mínimamente su vanidad o su malherida expectativa vital”.

Zafra también subraya que, en nuestros tiempos, esta “instrumentalización del entusiasmo y la pasión creadora, está definida por la caducidad como principal rasgo”. No puedo estar más de acuerdo con ella cuando afirma que los criterios culturales no vienen ya dados por la cultura, sino por el mercado, y que “el pago más fácil, porque es el más rápido, es el “pago con ojos”.” Efectivamente, la visibilidad es hoy lo que mejor encaja en la lógica de mercado, mientras que la remuneración “se advierte como inversión futura”.

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Yo contesto que es posible, al menos yo así lo experimento, siendo tremendamente promiscua y activa, con la dificultad añadida de mantener la coherencia artística y el sentido crítico en estas condiciones a veces tan frenéticas.

Pensemos en cuáles son las principales fuentes de ingresos del colectivo de músicos actualmente. Hay quienes solo componen. En este caso las principales fuentes son los honorarios por los encargos de obras y los derechos de autoría. Hay quienes solo interpretan, y en ese caso sus fuentes son principalmente los cachés de las actuaciones y los derechos conexos como artistas intérpretes. En ocasiones confluyen ambas facetas (las de autoría e interpretación) junto a la autoedición discográfica, con lo que se obtienen también ingresos por ventas y por derechos conexos sobre los fonogramas. Hay quienes además imparten charlas, talleres o dan clases regularmente. Esta es otra fuente de ingresos importante en relación a la música. Sin duda, las subvenciones o ayudas institucionales, becas, residencias artísticas y otros apoyos, constituyen otro soporte reseñable. Quienes podemos gestionar todo esto a la vez tenemos la suerte de vivir y además comer y pagar el alquiler gracias a la música, pero no es lo habitual, ni debería serlo. En estas condiciones, la auto-explotación se hace presente y las personas artistas acaban convertidas en gestoras y burócratas, con las energías extenuadas y sin apenas tiempo para entregarse a las tareas relacionadas con la creación.

Volvemos a uno de los problemas que nos ahogan: la prisa y la falta de tiempo para poder dedicar el mimo necesario a cada proyecto en el que nos embarcamos. Y este nos lleva al asunto de la intermitencia propia de nuestro sector: ¿qué ocurre en los periodos en los que seguimos trabajando, pero no obtenemos ingresos? Entre disco y disco seguimos componiendo, ensayando, preparando la producción de nuevas canciones o de una próxima gira, etc. Lo cierto es que carecemos de una estructura administrativo-legal adecuada para afrontar esta situación.

Hace unos meses, las noticias hablaban de la intención del Gobierno de reformar el régimen de Seguridad Social y permitir que la cuota que pagamos las personas afiliadas al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos esté en relación con nuestros ingresos, mediante una cotización por tramos. Desafortunadamente, este acuerdo que aguardamos con esperanza se va posponiendo.

En 2019 tendremos que afrontar una cuota de 283,3 euros mensuales sean cuales sean nuestros ingresos. Esto provoca que tengamos que trabajar mucho y de forma continuada, descartando incluso los periodos vacacionales. Carecemos de derecho a subsidio por desempleo, y ni nos planteamos soñar con etapas en las que podamos dejar de tocar o dar clases para poder dedicarnos exclusivamente a la investigación artística y a la creación de nuevas obras. Esta situación genera un problema de sobresaturación y ansiedad que en algunos momentos de nuestras carreras nos pasa factura en lo referente a la salud.

Para (sobre)vivir de la música, nos vemos en la obligación de crear/producir mucho y rápido. Mientras tanto, el público se acostumbra a consumir de la misma forma: superficialmente y sin disfrutar de la música ni valorar el esfuerzo que requiere su creación y su puesta a disposición. Los actuales modelos de distribución musical no ayudan; la tiranía que impone la cultura de masas, tampoco.

Mery Cuesta, en su libro “La Rue del Percebe de la cultura y la niebla de la cultura digital” (consonni, 2015), describe tres interesantes aspectos de la “nueva cultura” que se genera en el entorno digital: “a) rapidez de acceso, b) amplitud de horizonte y c) baratura”, y describe certeramente sus contras: “la rapidez y facilidad de acceso a una gran cantidad de información también implica una absorción superficial de los contenidos y una suerte de bulimia; la amplitud de horizonte provoca desorientación; y la baratura -no nos engañemos- es muchas veces la máscara amistosa de la precariedad profesional”.

Los modelos de distribución y consumo musical en el ámbito digital, en vez de ser valiosas herramientas de trabajo para el colectivo artístico, con frecuencia se convierten en interferencias y provocan la homogeneización tanto del pensamiento artístico como del gusto de la audiencia.

Al margen de esta circunstancia, tampoco nos ayuda en nuestro día a día el escaso cumplimiento de la legislación vigente. En teoría, la empresa o institución organizadora de un concierto debe encargarse del alta y baja en la Seguridad Social siempre que la persona trabajadora lo demande o solicite. Esto casi nunca se cumple. Nos “obligan” a presentar una factura.

En el Estatuto del Artista se analiza la necesidad de la creación de un sistema fiscal acorde a la intermitencia del trabajo artístico y a la irregularidad de nuestros ingresos, que pueda garantizar una jubilación digna y compatible con el derecho a seguir creando. También se demanda el reconocimiento de nuestras lesiones y enfermedades laborales y el derecho a percibir el subsidio por desempleo. También, como punto relevante, se enfatiza la importancia de las enseñanzas artísticas y la necesidad de equiparación de sus titulaciones a las universitarias. No pedimos mucho, simplemente la misma protección social que se le brinda al resto de la clase trabajadora.

Dice Zafra que “lo que moviliza a un entusiasta es dedicarse a su pasión, transformar su vulnerabilidad económica en libertad.” Y sin embargo, lo que los entusiastas se encuentran con mayor frecuencia es “que su trabajo es convertido en afición, que su trabajo no es empleo, que su producción es valorada como consumo, y su fuerza productiva es rentabilizada por otros.”

Es nuestra responsabilidad mantenernos firmes en un compromiso con la lucha para dejar de ser el eslabón débil de la cadena en cualquier negociación relacionada con el trabajo en el campo artístico, así como en la batalla para seguir creando desde una posición reflexiva que huya del apagamiento crítico y de la banalización.

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo” de Ainara LeGardon

Muchas personas me preguntan acerca de la gestión de derechos y el flujo de royalties a través de las plataformas de streaming. Buena parte de la investigación que desarrollamos David García Aristegui y yo, quedó plasmada en un ensayo crítico sobre SGAE, que toca otros asuntos como la recaudación y reparto de los derechos en el ámbito de internet.

“…las plataformas no establecen de manera clara el estándar de cálculo de reparto de derechos y royalties entre autores, artistas y productores (siendo estos últimos a quienes corresponde el grueso de los ingresos). Un estudio encargado por la Comisión Europea al Instituto de Derecho de la Información de la Universidad de Ámsterdam (IVIR), sobre el nivel de remuneración de autores y artistas en los sectores de la música y audiovisual, manifestó en 2015 la complejidad del flujo de pago en la industria musical en línea”.

A través de la sección “Bilbioteca Pop”, la revista musical Rock de Lux comparte uno de los capítulos del ensayo SGAE: el monopolio en decadencia (Ainara LeGardon y David García Aristegui. consonni, 2017). Podeis leerlo en su totalidad a través de este enlace: http://www.rockdelux.com/secciones/p/streaming-musical-negocio-opaco.html

El libro se puede conseguir en librerías y a través de la web de consonni: https://www.consonni.org/es/publicacion/sgae-el-monopolio-en-decadencia

 

¡Ya viene, ya se acerca peligrosamente! Nuestro libro “SGAE: El monopolio en decadencia” ya asoma portada y sinopsis en la web de Consonni Contemporary Art Producer and Publisher. Va por todos vosotros:

“¿Qué entidad puede presumir de haber tenido en su seno a compositores de ópera, directores de cine porno, dramaturgos, guionistas, mimos y punks? La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).

Fruto de una profunda labor de investigación, complementada con la experiencia personal de los autores como socios de SGAE, este ensayo busca ofrecer reflexiones críticas y visibilizar las alternativas existentes al modelo de gestión de derechos actual. Muestra un itinerario histórico, desde los orígenes de las sociedades de autores a principios del siglo XX y su situación durante el franquismo, pasando por la imagen de Teddy Bautista saliendo esposado hacia el juzgado, hasta llegar a la actualidad. Las narraciones, cartas abiertas y declaraciones de directivos de SGAE, así como las experiencias y enfoques de juristas, editores independientes, creadores y nuevas entidades que han irrumpido en escena nos ayudan encajar las piezas del puzzle”.

Más información en https://www.consonni.org/es/publicacion/sgae-el-monopolio-en-decadencia

Portada de "SGAE: El monopolio en decadencia" de Ainara LeGardon y David García Aristegui

Portada de “SGAE: El monopolio en decadencia” de Ainara LeGardon y David García Aristegui

¡Hola a todos!

Ya está a vuestra disposición un nuevo artículo en descarga libre: “Música y audiovisuales: consejos y guía de buenas prácticas”. Las preguntas relacionadas con la música en el mundo audiovisual son, junto a las referentes al funcionamiento de SGAE, las consultas más frecuentes (“¿Pueden utilizar sin mi permiso una de mis canciones para publicitar un producto o para ambientar la escena de una película? ¿Qué pasos hay que seguir para negociar una banda sonora? ¿Cómo se puede saber de antemano si podemos usar o no una canción para un cortometraje, spot o videocreación?”). Sé que echabais de menos una guía escrita en un lenguaje más o menos coloquial, inteligible (esquema-resumen incluido). Espero haber logrado aclarar vuestras dudas. Como siempre os digo, antes de actuar y tomar decisiones, por favor, informaos.

Es increíble que casos como el de Pablo Und Destruktion y La Sexta estén a la orden del día. Conocemos su caso puesto que ha adquirido un carácter mediático, pero supone tan sólo la punta del iceberg.  Si consideráis que este artículo es interesante y contiene ideas que os han ayudado o pueden ayudar a otros, podéis contribuir difundiendo mi página web (en la que hay otras publicaciones parecidas).

Por cierto, contiene fragmentos del libro sobre SGAE en que estoy trabajando junto a David García Aristegui. Si os interesa el tema, permaneced a la escucha…

Desde este enlace os podéis descargar el trabajo en formato pdf:

Musica_y_audiovisuales_Ainara_LeGardon

¡Música y acción!

Portada "Música y audiovisuales" Por Ainara LeGardon

Portada “Música y audiovisuales” por Ainara LeGardon

 

Texto disponible en formato pdf y descarga libre: Un_nuevo_escenario_Ainara_LeGardon

Esta breve ponencia se enmarca dentro de una mesa redonda en la que el desafío es mostrar las cuestiones que más preocupan a los autores en materia de la gestión de sus derechos, y hacerlo en menos de diez minutos. Vamos a intentarlo.

En el ámbito de la propiedad intelectual se están viviendo momentos de cambio. Por un lado, desde la Comisión Europea se trabaja para revisar y actualizar la normativa existente, tratando de armonizar las diferentes leyes estatales y apostando por el Mercado Único Europeo. Por otro lado, en el Estado español aún queda un largo camino que habrá de desembocar en una próxima y necesaria reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (una más, tras la insuficiente revisión que supuso la Ley 21/2014), que implique la definitiva transposición de la Directiva 2014/26/UE sobre gestión colectiva.

Si bien la última reforma de la LPI nació ya obsoleta al no transponer algunas normas contenidas en la directiva europea, sí que ha supuesto ciertos cambios en el rumbo de la gestión de derechos. Ese hecho, sumado al surgimiento de una nueva entidad en el País Vasco, está provocando que se tambaleen los cimientos del hasta ahora casi invulnerable monopolio de las sociedades gestoras[1].

¿Qué cuestiones son las que más preocupan a los autores musicales?

Cuestiones simples, llanas. Asuntos que carecen de lógica para los autores y usuarios, y que se podrían resumir en muy pocos puntos:

1-El contrato de gestión contiene unas condiciones innegociables, previa y unilateralmente establecidas por la entidad. En el caso de SGAE es, además, de carácter exclusivo. ¿Qué implica esto?

-El autor se obliga a delegar la gestión de la totalidad su repertorio a la entidad. No puede optar por dejar fuera de SGAE la gestión de ciertas obras.

-En el caso de las autoproducciones, los autores están obligados a pagarse a sí mismos los derechos de autor cuando editan un disco o cuando ejercen de organizadores de sus propios conciertos. Ese pago se ha de efectuar por adelantado y a través de SGAE. Es decir, SGAE cobra a los autores para luego pagar a esos mismos autores, previa deducción de su porcentaje por la recaudación y administración de esa cantidad.

-Los socios tampoco pueden controlar, por ejemplo,en qué espacios pueden tocar su repertorio sin que SGAE esté legitimada para solicitar el pago de derechos en su nombre: pequeñas librerías, locales ocupados, y otros espacios alternativos fuera del circuito oficial y que no pagan tarifas a SGAE.

2-Tarifas y pendiente de reparto

-¿Por qué SGAE es capaz de gestionar los derechos de sus socios, pero también los de otros autores que no les han encomendado su gestión? Por un lado, porque existen derechos de gestión colectiva obligatoria, y por otro, porque algunos derechos que en principio son de gestión colectiva voluntaria son recaudados también por SGAE a través de las tarifas generales. Estas tarifas se cobran a los usuarios no por el uso efectivo de un repertorio concreto, sino simplemente por la disponibilidad de uso. Esto implica que existan millones de euros pendientes de identificar y/o repartir en las arcas de SGAE, simplemente porque han sido cobrados en nombre de autores que no los podrán reclamar, puesto que muchos ni siquiera son socios (ni tienen intención de serlo).

-Las tarifas han sido fijadas de forma unilateral por SGAE, en muchos casos (como ha denunciado repetidamente la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) de forma abusiva, amparándose en su posición de monopolio.

Cambio en el modelo

Por suerte, la reforma de la LPI trata algunos de estos aspectos, como el contrato de gestión, el control sobre las tarifas (hace tan solo unos días se aprobó la orden ministerial por la que se aprueba la metodología para la determinación de las tarifas generales) y el destino del reparto, la transparencia, etc.

EKKI surge, por lo que hemos podido comprobar hasta ahora, con la intención de permitir que el titular de derechos pueda elegir qué tipo de contrato suscribe con ella, flexibilizando la gestión para que sea el autor el que pueda tomar todas las decisiones sobre su obra. Otro ejemplo, en marcha desde el año 99, es el de DAMA. Esta entidad permite el contrato por obra (no exclusividad), y, gracias a la aplicación de unas tarifas que atienden al uso efectivo, tiene un “pendiente de identificar” de cero euros.

Cualquier entidad gestora que sea capaz de incidir en estas cuestiones, estará corrigiendo los graves fallos del modelo de gestión actual, y mejorando las condiciones de los creadores.

Formación y ayuda para los creadores

Un asunto fundamental para que los autores puedan tomar decisiones conscientes y responsables respecto a la gestión de su obra, es dotarlos de la formación necesaria en materia de propiedad intelectual. Que sepan qué derechos genera su obra y de cuáles son titulares, que diferencien entre aquellos que pueden ceder y los que no, que entiendan qué es y qué no es una entidad de gestión colectiva, que comprendan lo que son y no son las licencias libres y su compatibilidad o no con el modelo de gestión elegido por ellos mismos, y, como objetivo final, que ni un solo autor firme ningún contrato sin entender plenamente a qué se está comprometiendo mediante ese acuerdo.

Ainara LeGardon. Durango, 8 de diciembre del 2015.

[1] Todas las sociedades de gestión de derechos de propiedad intelectual en el Estado español ostentan un monopolio en su ámbito de actuación, excepto en el caso de los derechos de los creadores audiovisuales, quienes pueden elegir entre SGAE o DAMA. DAMA supuso, hasta el nacimiento de EKKI, el único caso de ruptura de uno de esos monopolios, pero tan sólo en un sector concreto (directores y guionistas, no compositores).

Mesa redonda. De izda a dcha: Igor Estankona (EKKI), Ainara LeGardon, Myriam Miranda (Musikari), Anjel Valdes (Elkar). Foto: Twitter Noiz Agenda

Mesa redonda. De izda a dcha: Igor Estankona (EKKI), Ainara LeGardon, Myriam Miranda (Musikari), Anjel Valdes (Elkar). Foto: Twitter Noiz Agenda

 

Este artículo, publicado originalmente en el nº 2 de la revista “Rock I+D” (mayo 2015) está basado en preguntas que algunos músicos me han hecho llegar en los últimos meses. La mayoría de ellas giran en torno a la gestión de derechos y al funcionamiento de la que, hoy por hoy, sigue siendo la más poderosa de las entidades gestoras españolas: SGAE:

“¿Cómo va el tema de derechos de autor con SGAE y resto de entidades?”, “¿es posible declarar parte de tu obra en una entidad y otra parte en otra, o SGAE gestiona directamente al autor y toda su obra?”, “¿es cierto que SGAE recauda derechos no sólo en nombre de sus socios, sino también de otros autores?”, “¿qué pierde y qué gana un “pequeño” autor haciéndose socio de SGAE?”…

Es bien conocida mi actitud crítica frente a esta organización, y, sin embargo, sigo perteneciendo a ella por diversos motivos que han despertado la curiosidad de algunos.

En las próximas líneas describiré brevemente qué son y cómo funcionan las entidades de gestión colectiva, y analizaré qué libertades se pierden, cuáles son los conflictos que se les presentan a algunos autores, y qué ventajas se encuentran en la pertenencia a SGAE.

Texto publicado bajo una licencia CC BY-NC-SA 3.0: Se puede difundir, estudiar y modificar libremente, siempre que se acredite a la autora, no exista ánimo de lucro y las obras derivadas se redistribuyan con la misma licencia que la obra original. Descarga en formato pdf disponible a través de este link:

De_SGAE_ser_o_no_ser_Ainara_LeGardon

 

Portada "De SGAE... ¿ser o no ser?"

Ponencia en la Jornada “Retos Digitales”. Algunos desafíos en el campo de la gestión actual de los derechos de Propiedad Intelectual desde el punto de vista del creador.

Por Ainara LeGardon.

Disponible en formato pdf en libre descarga bajo una licencia CC BY-NC-SA 3.0: Ponencia_Ainara_LeGardon_ Jornada_PI_Retos_Digitales

Portada Ponencia Retos Digitales

 

El Institut Catalá de les Empreses Culturals (ICEC) me ha invitado a participar como ponente en la Jornada sobre Propiedad Intelectual “Retos Digitales”, que se celebra el 22 de enero en Barcelona.

Entre políticos, catedráticos, abogados y expertos en marketing cultural, soy la única autora. Es de agradecer que los organizadores hayan tenido en cuenta mi perfil a la hora de proponer mi participación, pero no deja de sorprenderme lo excepcional de la situación, ya que en prácticamente ningún debate que se produce a este nivel, los autores tenemos oportunidad de exponer nuestro sentir desde la tribuna.

Es de vital importancia que el colectivo de creadores tenga representación en una jornada en la que se expondrán ideas y se dialogará sobre un asunto del que somos protagonistas: nuestras obras, nuestros derechos, y en definitiva nuestras pulsiones, nuestra forma de vivir, de ser.

Por tanto, siento el deseo, y también la obligación, de hablar en este entorno desde la posición del creador, con la circunstancia añadida, casual o no, de que seré la última en participar, justo antes de las conclusiones y la clausura tras casi diez horas de intensas charlas. Quizá mis palabras puedan poner en contexto las de los expertos que anteriormente habrán arrojado luz sobre los necesarios aunque fríos tecnicismos que bañan las nuevas normativas europeas, los informes acerca del impacto de la tecnología sobre los derechos de autor, y un sinfín de evaluaciones y recomendaciones referentes a las industrias creativas.

Soy consciente de que el término “industrias creativas”, y otros como “consumidor”, “producto”, “medidas de estrategia”, “negocio musical”, etc. están más que integrados en el discurso habitual de los expertos, pero no puedo evitar desear cambiarlos por otras expresiones más acordes con la naturaleza de una obra artística, que no se consume, sino que se disfruta; que no es un producto, sino una experiencia en proceso.

Hablaré desde el punto de vista de un trabajador cuya empresa (entendiendo esta palabra en su más amplio sentido –“acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo; designio de hacer algo”-) no podrá quebrar nunca, sencillamente porque un artista no es capaz de dejar de serlo. No está en su mano dejar de crear.

El músico y escritor Josep Lluís Galiana decía en un artículo publicado en la revista Sul Ponticello (1): “Jugar con desventaja no ayudará a que músicos y artistas puedan vivir de su profesión y seguir creando, sin embargo, ellos no van a dejar de subir a los escenarios o de actuar en las calles […], porque ellos no van a dejar de expresar, de proponer y de decir todo aquello que necesitan expresar, proponer y decir, porque no existen impuestos, normas, decretos, ordenanzas, prohibiciones, ni leyes que puedan detener la gran marea de la creatividad y la irrefrenable necesidad de provocar nuevas experiencias estéticas que redundarán afortunada e inevitablemente en la formación del gusto y de la sensibilidad estética de los públicos.”

Mediante estas palabras Galiana deja clara la naturaleza del artista, y toca el tema de la formación de públicos, al que más adelante me referiré.

 

Fotograma Ponencia de Ainara LeGardon. Vídeo por Maxi Diaz

Ponencia de Ainara LeGardon. Vídeo por Maxi Diaz

 

La primera clave que me ha sido propuesta para el desarrollo de mi ponencia entraña la siguiente cuestión:

 

“¿Cuál es el comportamiento de la audiencia en Internet? El consumidor ya no solo recibe, también quiere crear y aportar”

En efecto, aunque matizaría que ese hecho no es característico exclusivamente de la era de Internet. Lo que la red ha propiciado ha sido la democratización del acceso a los bienes culturales y la comunicación casi directa del creador con los seguidores, contacto fundamental y muy enriquecedor. En mi opinión debemos congratularnos por la caída de la antigua jerarquía entre artista y público. La música, el arte, es un proceso de interacción, reflexión y evolución en el que artistas y público creamos juntos. O, al menos, así debería ser.

En el nuevo entorno digital la transmisión de información es más fácil y rápida que nunca, y los creadores encontramos nuevas opciones. Lo que no debemos perder de vista es que la materia prima con la que trabajamos, intangible y tan preciada, es la misma de toda la vida: nuestro corazón, nuestras ideas (aunque el objeto de protección no sean las ideas en sí, sino la plasmación de éstas). El reto de los autores en este contexto es no dejarnos condicionar por los nuevos modelos y formatos a la hora de crear (actualmente se ofertan incluso algunos cursos en los que se “enseña a crear una obra musical orientada al marketing y consumo digital”). Debemos tomar estos modelos y formatos como las valiosas herramientas que son, pero sin permitir que nos limiten, pues este entorno puede llegar a hacer de la experiencia musical algo inocuo y con obsolescencia programada.

La alerta, también, ha de estar puesta en esos nuevos intermediarios imposibles de eludir llamados Google, Youtube y demás plataformas que son, en la actualidad, los eslabones de la cadena que más se benefician de esta industria. Muy frecuentemente ejercen presión sobre los creadores, que se ven forzados a decidir entre estar presentes en estos canales o mantenerse fieles a sus principios (2).

Una moderna jerarquía ha surgido en torno a las nuevas formas de distribución. Los agregadores o distribuidoras digitales se han convertido en un mediador ineludible para que nuestra música esté a disposición a través de Spotify, Deezer, iTunes, Amazon y otros gigantes que son ahora las tiendas a las que acudimos (con un almacén casi infinito), y a la vez, nuestros tocadiscos. La dependencia y subordinación que caracterizan a una relación jerárquica es ahora diferente, pero sigue existiendo. Y los desequilibrios, económicos y de poder, también. (Que las grandes discográficas sean socias de Spotify, explica muchas cuestiones que los artistas no dejan de plantearse) (3).

 

La interacción respetuosa entre autores y público

 

Otro reto importante en este sentido es la concienciación y la formación del público, la creación de audiencias con criterio y el fomento de la interacción respetuosa entre autores y público. Este desafío se presenta, no obstante, como una tarea nada fácil de lograr ni en el ámbito de la red, ni fuera de ella. Lidiamos con un modelo de negocio en el que imperan los grandes festivales y la tiranía del acceso “aquí y ahora”, con espectadores acostumbrados a la aglomeración y al consumo de forma masiva, rápida e irreflexiva. ¿Quién no se perdería en esos almacenes virtuales cuasi infinitos y de acceso instantáneo? (4) No permitamos que el público se convierta en mero receptor sin capacidad crítica. Que cree, que aporte, que comparta, y que los creadores y los demás agentes culturales no lo percibamos como una amenaza.

Ponencia Ainara LeGardon por Albert G. Pedrosa

Ponencia Ainara LeGardon. Foto de Albert G. Pedrosa

Otra de las claves planteadas es:

 

“¿Qué impacto tiene esto en el amateurismo y la profesionalidad?”

 

Si atendemos a la raíz del término, amateur significa “el que ama”. Es, pues, quien realiza una actividad motivado por la vocación, la pasión y el amor, aunque no cobre por ello. ¿Significa esto que el artista profesional, al percibir una remuneración por su trabajo, ya no ama lo que hace y “finge los orgasmos creativos”? ¿Entonces, por qué confrontar amateurismo y profesionalidad? Esta comparación, además, se ve coloreada en ocasiones por un tinte peyorativo al hablar del amateur, aportando un supuesto estatus de superioridad al profesional.

Sin duda, la situación ideal sería la de poder desarrollar la creación con el amor de un amateur, pero con la dedicación en términos de tiempo, esfuerzo y energía, de un profesional que no ha de cubrir su jornada laboral con otro oficio que le dé de comer. Otro reto histórico.

No es lo mismo vivir de algo que comer de algo. Puedo decir con orgullo que nunca he permitido que los oficios que me daban de comer me apartaran un solo ápice de mi deber para con mi verdadero trabajo. He sido consciente de mi grado de compromiso con la música, y la responsabilidad de estar a su altura. Y como yo, afortunadamente, otros muchísimos artistas que han sacrificado comodidad y estabilidad económica en pos del desarrollo de sus verdaderas carreras. En pos de la auténtica estabilidad, tal como yo la entiendo y experimento.

Mientras escribo estas palabras, me vienen a la memoria las de H.D. Thoreau, que en una carta fechada en 1853 se disculpaba por no haber podido responder antes a su interlocutor, ya que sus jornadas de trabajo realizando mediciones topográficas no le dejaban tiempo para otros asuntos. En esa época Thoreau tuvo que prescindir de dar conferencias y se vio obligado a aceptar trabajos “beneficiosos desde un punto de vista pecuniario, aunque poco beneficiosos desde otros puntos de vista más importantes”, porque apenas le llegaba para costearse el libro que había mandado a imprenta. Me parece interesante destacar la entrada en su diario del 28 de octubre de 1853:

 

“Durante uno o dos años, mi editor, así llamado erróneamente, me ha escrito de vez en cuando para preguntarme qué debía hacer con los ejemplares de “Una semana a la orilla del Concord y del Merrimack” que quedan, y finalmente me ha indicado que necesitaba el espacio que ocupaban en su sótano. Así que le pedí que me enviara todos aquí y han llegado hoy, por correo urgente: 706 ejemplares de una edición de 1000 que compré a Munroe hace cuatro años, y que sigo pagando. […] De los restantes doscientos noventa y pico ejemplares, se regalaron 75 y el resto se vendieron. Ahora tengo una biblioteca de más de novecientos libros, de los cuales setecientos y pico han sido escritos por mí. ¿No es correcto que el autor reciba los frutos de su trabajo? Mis obras están apiladas a un lado de la habitación en un montón que me llega casi a la cabeza: mi opera omnia. Eso es autoría; ésas son la obra de mi cerebro. […] Ahora puedo ver para qué he escrito, el resultado de mis esfuerzos. Sin embargo, y a pesar de este resultado, me siento junto a la masa inerte de mis obras y cojo la pluma para anotar los pensamientos o experiencias que haya tenido con la misma satisfacción de siempre”.

 

Siguiendo con la disquisición, en el blog (5) que ha habilitado la organización de esta jornada, se puede acceder a una entrevista con Enrique Gómez Piñeiro, actual Director General de SGAE, en la que recalca que “la afirmación tantas veces escuchada de que el derecho de autor es el salario del creador no es ninguna frase vacía o exagerada. Es la pura realidad. Los autores perciben la mayor parte de sus ingresos a través de las cesiones o licencias que hacen de sus derechos de autor. […] Los músicos, por ejemplo, viven de los derechos de comunicación pública, que se generan cuando sus obras suenan en la televisión, en la radio, en Internet o cuando dan un concierto.”

Lamento estar en desacuerdo. La mayoría de los autores no vive de los derechos de autor. Según las cifras que muestra la propia entidad (datos de noviembre del 2011, publicados en su página web) (6), el 42,41 % de los socios no ha generado nunca derechos de autor, y el 46,44 % de los socios cuyo repertorio ha producido derechos alguna vez no alcanza el salario mínimo interprofesional en los últimos cuatro años.

(Al margen de “Los conciertos de Radio 3” no recuerdo ya el último programa de televisión en el que se daba cabida a música de autores independientes. Sí recuerdo, sin embargo, las noticias denunciando las prácticas poco éticas por parte de unos algunos autores y unas pocas editoriales que se reparten el negocio de la música en programas nocturnos).

La entrevista con Piñeiro prosigue: “Sin derechos de autor no hay remuneración para el creador y sin remuneración no hay creación”.

No sé de qué tipo de autores habla, pero decididamente no de los que yo conozco. No vivimos de los derechos de autor, pero afortunadamente ese hecho no nos va a frenar.

Sin embargo los autores necesitamos que alguien esté de nuestro lado y nos acompañe en nuestra lucha diaria:

Que se realice una gestión eficaz de los derechos y que éstos lleguen a los legítimos titulares;

Que se aproveche la innovación tecnológica existente hoy en día para destinarla a un eficiente reconocimiento e identificación de las obras, abandonando el sistema de sondeos;

Que se mire a Europa y se tome el ejemplo de otros países, como Holanda, cuya entidad de gestión BUMA/STEMRA fue la primera en adoptar un proyecto piloto en colaboración con Creative Commons (2007) (7) y en alcanzar los estándares de calidad de la European Contact Centre Standard por su transparencia, eficiencia y calidad de los servicios ofrecidos (2014) (8);

Que se otorgue un mayor poder de representación a los socios, ampliando el número de los miembros con derecho a voto;

Que se trabaje por la transparencia y por erradicar las prácticas poco éticas, aunque legales, cuyas denuncias estamos tristemente acostumbrados a leer en los noticieros (9);

Que se flexibilice nuestro modelo de gestión para que a él puedan acceder los autores libres (10), y, en todo caso, que se replantee la gestión colectiva obligatoria que marca la ley, y que se tenga en cuenta el derecho del autor a decidir si quiere o no proteger su obra, en aras de un servicio justo para todos.

 

Éstos, en mi opinión, son los verdaderos retos en el campo de la gestión actual de los derechos de Propiedad Intelectual. Los desafíos que nos pueden ayudar a lograr esa profesionalización de la que algunos hablan, permitiéndonos seguir desempeñando nuestro amado trabajo en las mejores condiciones posibles, para lograr el objetivo de cualquier proceso creativo: alimentar, emocionar e inspirar.

 

Irun, 21 de enero del 2015.

www.ainaralegardon.com

Vídeo de la ponencia en:

 

Gracias a Wade Matthews, Álvaro Barriuso, David G. Aristegui, Alejandro Vera Palencia, David Gotxicoa y Rafael Rodrigo.

 

Referencias:

1http://www.sulponticello.com/el-publico-no-tiene-gusto/

2http://zoekeating.tumblr.com/post/108898194009/what-should-i-do-about-youtube

3http://www.enriquedans.com/2013/10/la-culpa-no-es-de-spotify-es-de-los-de-siempre.html

4https://musicindustryblog.wordpress.com/2013/10/02/the-complexity-coefficient-listen-services-and-the-tyranny-of-choice/

5http://ipdigital.cat/es/blog/

6http://www.sgae.es/la-comision-de-la-reforma-electoral-de-la-sgae-presenta-sus-conclusiones-2/

7http://creativecommons.org/weblog/entry/7622

8http://www.authorsocieties.eu/mediaroom/168/33/Buma-Stemra-to-comply-with-the-European-quality-standard-ECCS

9http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/15/actualidad/1363380899_078784.html

10http://www.ainaralegardon.com/wp-content/uploads/2014/11/Otro_modelo_es_posible_Ainara_LeGardon.pdf

Egunon!

Hoy es un día importante para mí. He decidido no esperar más y, motivada por la carta que el presidente de SGAE envió la semana pasada a todos los socios, publicar la ampliación y actualización de mi Proyecto Final del Curso “Propiedad Intelectual y Gestión de Derechos Digitales” del Instituto Superior de Arte. Las palabras de Acosta me han indignado, como creadora y como miembro de la entidad, y creo que es el momento de hacer públicas las mías propias.

“Otro modelo es posible. Análisis y reflexiones en torno a la gestión de derechos de Propiedad Intelectual en el ámbito musical y su conflicto con el uso de licencias libres” es el fruto de más de un año de estudio, trabajo, documentación y recopilación de información. Está dedicado a vosotros, los que me preguntáis cuál es la mejor manera de gestionar vuestros derechos, los que ponéis cara de incredulidad cuando os cuento cuál es la situación en España, los que usáis licencias libres y os resulta imposible reclamar las cantidades recaudadas en vuestro nombre por algunas entidades de gestión, los que creéis (creemos) que otro modelo es posible, y sobre todo, está dedicado a los que estáis (estamos) dispuestos a movilizarnos para cambiar aquello que no nos parece justo.

En la versión original del trabajo, “Otro modelo es posible” estaba entre interrogantes, pero a medida que ha ido avanzando, me he dado cuenta de que ya no lo cuestiono, sino que lo afirmo rotundamente.

Os pido que, aunque el lenguaje en el que está escrito pueda resultar arduo en ciertos momentos, le dediquéis atención, y, si lo consideráis oportuno, la máxima difusión posible. Este proyecto no lo he hecho exclusivamente para mí. Mi principal interés es el de informar a los autores y (ojalá) motivar la reflexión y la acción de otros. Por eso he elegido ponerlo a disposición en libre descarga y con una licencia que lo permita difundir, estudiar y modificar libremente, siempre que se me acredite, no exista ánimo de lucro y las obras derivadas se redistribuyan con la misma licencia que la obra original.

Sé que me voy a granjear algún que otro enemigo, pero también sé que estoy haciendo lo correcto. Comentarios, peticiones, insultos o abrazos serán bienvenidos en el blog. Desde este enlace os podéis descargar el trabajo en formato pdf:

Otro_modelo_es_posible_Ainara_LeGardon

Gracias por vuestro apoyo.

Gracias infinitas a David García Aristegui y David Gotxicoa.

¡Acción!

 

Portada "Otro modelo es posible" por Ainara LeGardon

Portada “Otro modelo es posible” por Ainara LeGardon

 

 

 

 

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