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A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Reflexiono sobre ello y sobre los contenidos recogidos en el Estatuto del Artista en mi artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo”, publicado en el Anuario de la Música 2018 de Musika Bulegoa y cuyo título es un homenaje a la gran Remedios Zafra. Está redactado teniendo en cuenta las recomendaciones sobre la utilización de lenguaje no sexista recogidas en la “Guía de lenguaje para el ámbito de la cultura” publicada por Emakunde/Instituto Vasco de la Mujer.

El Anuario completo se puede descargar aquí: http://musikabulegoa.eus/wp-content/uploads/2019/03/EHMBE_Urtekaria_2018_web-1.pdf

“Música e instrumentalización del entusiasmo”

A menudo la afirmación “soy artista” genera automáticamente la curiosidad morbosa, plasmada en la cuestión de con qué otro u otros trabajos y de qué forma es capaz de vivir una persona que se dedica a la creación artística. El cliché que nos persigue como amateurs o como colectivo precario (y precarizado) está profundamente asentado en la sociedad y, lo que es peor, en el propio ámbito artístico.

Afortunadamente en los últimos tiempos se está tratando abiertamente en distintos foros públicos la realidad de nuestra profesión. Ya no escondemos nuestro inestable modo de vida y tratamos de hacer llegar nuestras demandas más básicas tanto al público como a las instituciones y poderes políticos.

En este sentido es especialmente lúcido el ensayo “El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital” de Remedios Zafra (Premio Anagrama de ensayo 2017), un texto que reflexiona sobre cómo la pasión de las personas dedicadas al arte suele jugar en nuestra contra:

“…su entusiasmo puede ser usado como argumento para legitimar su explotación, su pago con experiencia o su apagamiento crítico, conformándose con dedicarse gratis a algo que orbita alrededor de la vocación, invirtiendo en un futuro que se aleja con el tiempo, o cobrando de otra manera (inmaterial), pongamos con experiencia, visibilidad, afecto, reconocimiento, seguidores y likes que alimenten mínimamente su vanidad o su malherida expectativa vital”.

Zafra también subraya que, en nuestros tiempos, esta “instrumentalización del entusiasmo y la pasión creadora, está definida por la caducidad como principal rasgo”. No puedo estar más de acuerdo con ella cuando afirma que los criterios culturales no vienen ya dados por la cultura, sino por el mercado, y que “el pago más fácil, porque es el más rápido, es el “pago con ojos”.” Efectivamente, la visibilidad es hoy lo que mejor encaja en la lógica de mercado, mientras que la remuneración “se advierte como inversión futura”.

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Yo contesto que es posible, al menos yo así lo experimento, siendo tremendamente promiscua y activa, con la dificultad añadida de mantener la coherencia artística y el sentido crítico en estas condiciones a veces tan frenéticas.

Pensemos en cuáles son las principales fuentes de ingresos del colectivo de músicos actualmente. Hay quienes solo componen. En este caso las principales fuentes son los honorarios por los encargos de obras y los derechos de autoría. Hay quienes solo interpretan, y en ese caso sus fuentes son principalmente los cachés de las actuaciones y los derechos conexos como artistas intérpretes. En ocasiones confluyen ambas facetas (las de autoría e interpretación) junto a la autoedición discográfica, con lo que se obtienen también ingresos por ventas y por derechos conexos sobre los fonogramas. Hay quienes además imparten charlas, talleres o dan clases regularmente. Esta es otra fuente de ingresos importante en relación a la música. Sin duda, las subvenciones o ayudas institucionales, becas, residencias artísticas y otros apoyos, constituyen otro soporte reseñable. Quienes podemos gestionar todo esto a la vez tenemos la suerte de vivir y además comer y pagar el alquiler gracias a la música, pero no es lo habitual, ni debería serlo. En estas condiciones, la auto-explotación se hace presente y las personas artistas acaban convertidas en gestoras y burócratas, con las energías extenuadas y sin apenas tiempo para entregarse a las tareas relacionadas con la creación.

Volvemos a uno de los problemas que nos ahogan: la prisa y la falta de tiempo para poder dedicar el mimo necesario a cada proyecto en el que nos embarcamos. Y este nos lleva al asunto de la intermitencia propia de nuestro sector: ¿qué ocurre en los periodos en los que seguimos trabajando, pero no obtenemos ingresos? Entre disco y disco seguimos componiendo, ensayando, preparando la producción de nuevas canciones o de una próxima gira, etc. Lo cierto es que carecemos de una estructura administrativo-legal adecuada para afrontar esta situación.

Hace unos meses, las noticias hablaban de la intención del Gobierno de reformar el régimen de Seguridad Social y permitir que la cuota que pagamos las personas afiliadas al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos esté en relación con nuestros ingresos, mediante una cotización por tramos. Desafortunadamente, este acuerdo que aguardamos con esperanza se va posponiendo.

En 2019 tendremos que afrontar una cuota de 283,3 euros mensuales sean cuales sean nuestros ingresos. Esto provoca que tengamos que trabajar mucho y de forma continuada, descartando incluso los periodos vacacionales. Carecemos de derecho a subsidio por desempleo, y ni nos planteamos soñar con etapas en las que podamos dejar de tocar o dar clases para poder dedicarnos exclusivamente a la investigación artística y a la creación de nuevas obras. Esta situación genera un problema de sobresaturación y ansiedad que en algunos momentos de nuestras carreras nos pasa factura en lo referente a la salud.

Para (sobre)vivir de la música, nos vemos en la obligación de crear/producir mucho y rápido. Mientras tanto, el público se acostumbra a consumir de la misma forma: superficialmente y sin disfrutar de la música ni valorar el esfuerzo que requiere su creación y su puesta a disposición. Los actuales modelos de distribución musical no ayudan; la tiranía que impone la cultura de masas, tampoco.

Mery Cuesta, en su libro “La Rue del Percebe de la cultura y la niebla de la cultura digital” (consonni, 2015), describe tres interesantes aspectos de la “nueva cultura” que se genera en el entorno digital: “a) rapidez de acceso, b) amplitud de horizonte y c) baratura”, y describe certeramente sus contras: “la rapidez y facilidad de acceso a una gran cantidad de información también implica una absorción superficial de los contenidos y una suerte de bulimia; la amplitud de horizonte provoca desorientación; y la baratura -no nos engañemos- es muchas veces la máscara amistosa de la precariedad profesional”.

Los modelos de distribución y consumo musical en el ámbito digital, en vez de ser valiosas herramientas de trabajo para el colectivo artístico, con frecuencia se convierten en interferencias y provocan la homogeneización tanto del pensamiento artístico como del gusto de la audiencia.

Al margen de esta circunstancia, tampoco nos ayuda en nuestro día a día el escaso cumplimiento de la legislación vigente. En teoría, la empresa o institución organizadora de un concierto debe encargarse del alta y baja en la Seguridad Social siempre que la persona trabajadora lo demande o solicite. Esto casi nunca se cumple. Nos “obligan” a presentar una factura.

En el Estatuto del Artista se analiza la necesidad de la creación de un sistema fiscal acorde a la intermitencia del trabajo artístico y a la irregularidad de nuestros ingresos, que pueda garantizar una jubilación digna y compatible con el derecho a seguir creando. También se demanda el reconocimiento de nuestras lesiones y enfermedades laborales y el derecho a percibir el subsidio por desempleo. También, como punto relevante, se enfatiza la importancia de las enseñanzas artísticas y la necesidad de equiparación de sus titulaciones a las universitarias. No pedimos mucho, simplemente la misma protección social que se le brinda al resto de la clase trabajadora.

Dice Zafra que “lo que moviliza a un entusiasta es dedicarse a su pasión, transformar su vulnerabilidad económica en libertad.” Y sin embargo, lo que los entusiastas se encuentran con mayor frecuencia es “que su trabajo es convertido en afición, que su trabajo no es empleo, que su producción es valorada como consumo, y su fuerza productiva es rentabilizada por otros.”

Es nuestra responsabilidad mantenernos firmes en un compromiso con la lucha para dejar de ser el eslabón débil de la cadena en cualquier negociación relacionada con el trabajo en el campo artístico, así como en la batalla para seguir creando desde una posición reflexiva que huya del apagamiento crítico y de la banalización.

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo” de Ainara LeGardon

(La pieza que ilustra esta entrada es una improvisación en la que juego con el sonido del tráfico y, mediante un pequeño grabador/reproductor, recreo con mi propia voz la textura de los cantos lejanos de los muecines).

 

“Escuchar es muy difícil”

“Escuchar es muy difícil”, me dice Khadija tras casi hora y media de paseo sonoro por la ciudad.

En Casablanca rumor del tráfico es constante. Al rugir de los motores y la fricción de los neumáticos contra el asfalto se unen los numerosos avisos que los conductores se dan entre ellos y a los peatones. En el centro de la ciudad no pasan tres segundos sin que suene el claxon de algún vehículo.

A primera vista existe un caos circulatorio inmenso. La señalización vial apenas es respetada, ni por los viandantes, ni por los vehículos a motor o los traccionados por animales. Lo más habitual es que estos vehículos tengan que sortear a las personas que cruzan lenta y en general confiadamente arterias de hasta tres carriles por sentido. Se hace por tanto esencial la advertencia sonora casi constante.

Marwan nos pregunta si otras grandes ciudades en las que ya hemos estado suenan igual. Pienso en Nueva York, Londres, Madrid… Rafa en Beirut, París, Montreal… y no, no suenan igual. Ninguna suena igual que otra.

Casablanca tiene muchas particularidades que afectan a su sonido, a su voz. Una de ellas la apunta Rafa: el envejecimiento de los vehículos implica que, entre sonidos de motores más modernos, podamos distinguir a menudo los de viejas motocicletas destartaladas, con su rugido particular. Algunas de ellas cargan con carros acoplados a su cuerpo, cuya estructura metálica vibra con cada irregularidad del pavimento. No es extraño tampoco escuchar las pisadas de caballos tirando de carros.

Bajo nuestros pies, el sonido más habitual es el de las baldosas sueltas en las aceras. Es habitual, pero solo es capaz de evidenciarse en las calles más tranquilas de ciertas zonas residenciales. Incluso en ellas, el flujo del tráfico se sigue escuchando a lo lejos. El movimiento en Casablanca no cesa.

En medio de todo este aparente caos, que acaba de alguna forma autorregulándose, aparecen las voces acusmáticas de los muecines que convocan a la oración desde el alminar cinco veces al día. Existen grandes torres con potentes altavoces diseminadas por toda la ciudad. Cada una de ellas amplifica el canto de un muecín, que llama a la oración a su manera. “Free style”, apunta Taha.

Desde la habitación del hotel se escucha una de esas llamadas claramente por encima de cualquier otra. Es la más melódica de las que tenemos la oportunidad de oír. Sin embargo, en los silencios entre frase y frase, se intercalan en nuestra escucha, muy a lo lejos, casi como ensoñados, los cantos de otros muecines cuya voz es amplificada desde otros puntos más lejanos. Se produce un falso eco. Una sinfonía llena de sutilezas, si a ello añadimos el sonido del aire a presión de las obras de construcción del edificio de enfrente, las sirenas, las bocinas y los pájaros que pueblan el interior de la ciudad. Así ha definido Houda lo que escucha: una sinfonía.

Salah nos explica que los pájaros boyeros solían habitar en una zona concreta, que tuvieron que abandonar al ser urbanizada. Ahora solo les quedan pequeños reductos para habitar pacíficamente, como los alrededores de la pista de atletismo que en otros tiempos vio competir a grandes campeones, según nos narra el vigilante. Las gaviotas, por su parte, se hacen oír cerca del puerto.

Casablanca también se caracteriza por su comercio. En toda ella encontramos puestos ambulantes, principalmente de fruta fresca, dulces o frutos secos. En el interior de la Medina, el bullicio general es alimentado por los anuncios de los vendedores, tratando de llamar la atención de los posibles clientes. A última hora de la tarde, las bolsas de plástico de las mercancías desembaladas han quedado desperdigadas por el suelo, hoy embarrado tras una fina lluvia. No se puede evitar pisarlas, así que esa parte de la Medina, a esa hora en concreto, suena a plástico, con distintas texturas y volúmenes.

Al terminar el paseo hablamos de la experiencia que hemos compartido. De qué es lo que ha supuesto caminar en grupo y en silencio, cuidándonos unos a otros, buscando las miradas de otras personas para saber si han escuchado lo mismo que nosotros, si han sentido lo mismo, si también han deseado parar para satisfacer su curiosidad durante unos segundos.

Aprendemos en colectivo a disfrutar de la escucha consciente y descubrimos así otras Casablancas que se esconden a nuestros oídos.

Descubrimos también que escuchar es muy difícil, pero que en este acto consciente y activo, podemos incluso impulsar la manifestación de otras realidades.

 

Ainara LeGardon, Aeropuerto de Casablanca, 15/11/18.

 

Nota: El alumnado es heterogéneo, pero con intereses comunes. Me miran con atención mientras les hablo de otras formas de expresión, de escucha, de comunicación. Nos expresamos, nos escuchamos y nos comunicamos de diferentes maneras. El último día de taller realizamos una performance ante el público, en la que se mezclan parte de las grabaciones de campo que hemos realizado mientras paseábamos, con sonidos orgánicos que vamos construyendo y entrelazando a tiempo real, además de la expresión de nuestras voces en distintos idiomas.

(Texto escrito a modo de diario de viaje tras un taller/experiencia desarrollado en el Centro Cultural Boultek -Centre de musiques actuelles– de Casablanca, así como en distintos recorridos de la ciudad. La experiencia está enmarcada dentro de ALAM AL-MITHAL, una colaboración entre Tabakalera y Gipuzkoa Koopera, junto a Salah Malouli (gestor) y el área de mediación de Tabakalera).

 

Pocas, muy pocas veces, el público tiene la oportunidad de conocer qué ocurre cuando se apagan los amplificadores, el eco de cinta deja de girar, y se pulsa “stop” en la grabadora de sonido. En ese momento es cuando la cabeza se pone a dar vueltas, a analizar qué ha sucedido en la improvisación y a tomar notas de las sensaciones vividas y de aquello que se quiere o no asentar.

“Germinal” es un proyecto de Inés Bermejo y Carla Fernández compuesto por una serie de documentales sobre los procesos de creación de artistas provenientes de diferentes disciplinas.

En este caso me acompañaron en el proceso de creación (o más bien de ensayo y error) de una pieza sonora especialmente concebida para su estreno en el MUSAC– Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, dentro del ciclo “Madre motor” en julio de 2018.

Gracias por hacerlo de una forma tan discreta y honesta.

 

Más información sobre “Germinal” en: https://carlafernandezartistavisual.wordpress.com/2018/05/15/germinal1_june-crespo-2016/

“Germinal” se presentó en el Festival BAD Bilbao en octubre de 2018: http://badbilbao.eus/web/bad-2018/espectaculos/germinal/

 

Acerca de la residencia artística en Artium, auspiciada por el festival Mugako: “La curiosidad que tengo por aprender y experimentar cosas nuevas es lo que me lleva a disfrutar todo este tipo de oportunidades”.

Entrevista completa en:

Entrevista a Ainara LeGardon en Noticias de Álava

Entrevista a Ainara LeGardon en Noticias de Álava

https://www.noticiasdealava.eus/2018/10/02/ocio-y-cultura/la-curiosidad-por-aprender-es-lo-que-me-lleva-a-disfrutar-oportunidades-como-la-de-mugako

Habíamos guardado esta versión en directo de “Témpano” hasta ahora, esperando quizás el momento preciso. Está grabada en octubre de 2017 en el garaje de Ramon M. Zabalegi (Irun), solo utilizando elementos de electrónica analógica.

“Creo que ha realizado un plano sonoro del escenario más incómodo de nuestros tiempos. Y cuando digo que es su disco más humano me refiero a que esa humanidad, trasladada sin cortapisas a la música, tiene el fin de sanar; son sensaciones fuertísimas pero en ningún caso pesimistas. Es más bien un zarandeo de reanimación. En “Témpano”, por ejemplo, el ligero crujido de las ascuas en un campo de guerra se ve sofocado inesperadamente por un zumbido abominable, como si cayese un nuevo misil, y nos sumerge en el horror como la advertencia de que incluso la historia más sanguinaria está condenada a repetirse.” Eso decía Estanis Solsona en Picadura de Abeja hace unos meses. Que disfrutéis de la incomodidad.

Sin brotar del todo

del cansancio lento

vuelven

sin brotar del todo

del cansancio lento

del extremo roto

del mismo grabado

hablan

del ayer remoto

de alientos lejanos

vaho congelado

témpano quebrado

 

A lo largo de 2017 estuve trabajando junto a Xabier Erkizia en un nuevo disco, que constituía para mí un desafío personal. Necesitaba hacer converger de forma natural las dos principales facetas musicales por las que transito: por un lado el rock y por otro la improvisación libre y la experimentación sonora.

Concebimos y creamos un disco en estudio, contando con la participación de mis colaboradores habituales Héctor Bardisa, Rubén Martínez y Hannot Mintegia.

Y tras la producción del disco nos encontramos con un reto mayor, la cuestión de cómo llevar esas canciones al directo. Un reto que se plasmó en noviembre de 2017 en una serie de conciertos en diferentes formatos: desde el quinteto, incluyendo a Xabier Erkizia en el escenario, pasando por el cuarteto y el trío, hasta llegar incluso a un formato reducido en solitario en el que realizo una relectura de esas canciones.

Se crea de esta forma una propuesta en la que cabe la poesía, la experimentación sonora y el rock, y que permite retorcerse, modularse y articularse de muy diversas formas.

Este es un vídeo que resume todo ello en dos minutos. Las imágenes son de Rafa Rodrigo y está dirigido por Hannot Mintegia. Contiene filmaciones en Azkuna Zentroa (Bilbo), Teatro del Mercado (Zaragoza) y Jazz Cava (Vic, Barcelona), todas de noviembre del 2017.

Fotograma micro-documental Ainara LeGardon Live 2017

Fotograma micro-documental Ainara LeGardon Live 2017

Las próximas citas en las que presentaremos el disco con alguna encarnación de la banda son:

25/05/2018. 22:00. Ainara LeGardon (con banda). Casa de Cultura, Berriz.

26/05/2018. 21:00. Ainara LeGardon (con banda). DabaDaba, Donostia.

Todos los eventos, como siempre, en la agenda: http://www.ainaralegardon.com/eventos/

Espero encontraros en alguno de ellos. Hasta pronto,

Ainara LeGardon.

Para celebrar el Día de la Mujer, el programa Metrópolis de La2 de TVE ha invitado a Natalia Piñuel, que bajo el título “ELLAS HACEN RUIDO. Una historia de la música electrónica desde la perspectiva de género” ha realizado un excelente trabajo en el que destaca a algunas de las mujeres más relevantes en este ámbito, “donde han pasado desapercibidas, siendo silenciadas u olvidadas por la historia oficial”.

Tengo el honor de aparecer en el apartado dedicado a “España: De las Pioneras a las Contemporáneas”, entre otras muchas artistas a las que admiro.

Os animo a que dediquéis un rato para ver el programa, porque realmente es una delicia a través de la que podemos conocer verdaderas joyas. Gracias Natalia, Metrópolis. Gracias, mujeres. Que disfrutéis el día de hoy.

Frame Metrópolis Ainara LeGardon "Como lobos"

“Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir” es una conferencia performativa ofrecida en Tabakalera (Donostia) el 10/02/18 en el marco de la Jornada “La Gran Conversación”.

Más información en https://www.tabakalera.eu/es/dejarse-hablar-la-gran-conversacion

En esta conferencia, a través de un texto poético y utilizando diversos micrófonos, un eco de cinta antiguo y una grabadora de cassette, muestro parte de mi relación con la voz y la palabra.

El texto proyectado es el siguiente:

Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir.

De mis años en la Facultad de Ciencias Químicas no saqué nada en claro salvo multitud de imágenes poéticas. Imágenes que a veces se agolpan para tratar de explicarme lo incomprensible o ayudarme a interpretar lo indescifrable. Me aclaran cómo la voz ha sido siempre mi manera de marchar, de volver, de llegar a cualquier lugar. De volar hacia un destino a menudo incógnito. Incluso de lamentar, de avergonzarme y de temer. De crear campos magnéticos, transformar y transformarme.

Viajo con y dentro de la voz.
Me convierto en animales nocturnos,
puertas que se abren,
objetos que caen al vacío,
viento, niebla y lluvia.
Mi cuerpo, una dinamo.

La voz y el canto. El canto y el grito. La peligrosa, comprometida y comprometedora palabra en medio de todo. Transitar por el susurro y por el aullido, expuesta.

Callar.
Cantar.
Cantar callada.
Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir.

Cantar. Cantar es una lección. Una lección de Termodinámica, para ser exactos. O quizás de Química Orgánica, no lo tengo muy claro.
Al cantar, la palabra es una frontera, un cambio de estado en el que la presión provoca que, a igual temperatura, cuando pronuncio el vocablo me pueda encontrar en estado sólido y líquido al mismo tiempo.

La palabra, en realidad, es la frontera y es la presión. Es la fuerza que comprime mi pecho cuando canto.

La palabra, quizás, es la frontera, la presión y la tensión que intenta desmembrarme, separar todas las partículas de mi piel, rasgar mis poros, desarticularme.

La palabra impide o permite, a su antojo, el equilibrio. Una armonía en la que ni el hielo se derrite, ni el agua se congela. Una situación en la que mi cuerpo en ocasiones logra deslizase serpenteante sobre su propia superficie. Otras veces no lo consigue. La capa de sólido se rompe, inspiro líquido, me ahogo en el intento. Me ahogo en mí.

Solo encuentro una forma de moldear la autoridad de la palabra: despojarla de su significado a base de no pensarla (o de tanto pensarla), hasta convertirla en palabra que no suena a nada, o directamente en palabra que no suena.

Aligerar el peso que tiene el lenguaje, y por fin dejar de jadear entre hielo y agua según el capricho de la sintaxis y de mi entendimiento, ambos cómplices de la palabra.

Debo respirar la propia palabra. Inhalarla y aguantarla dentro de los pulmones, contando hasta diez como si fuera salbutamol.

“Sal” de saligenina, “but” de butil, “am” de amino, “ol” de etanol. Salambutol, olambutsal.

AM, amplitud modulada.
Ol, todo.
But, pero.
Sal, vete.

Diez segundos es aproximadamente el tiempo que necesita mi cerebro para dejar de percibir la palabra con todas sus razones, y convertirla en un elemento inocuo. Que deje de ser una amenaza para mi voz.

La voz.

¿Dónde queda la voz en este diagrama de fases? ¿La voz como portavoz (esclava) de la palabra, o como veleidosa ama y señora de esta?

Nadie quiere hablar con la voz.
La voz da miedo.
Nadie quiere hablar con la voz, ni alzando su propia voz contra la voz.
La voz está ahí antes de pensarla.
Sale de la boca sin permiso, sin pensarla.
Incluso antes de pensar otorgarse a una misma el permiso para pensarla.

A veces me avergüenzas, voz.
No sabes cuánto.
A veces deseo que te quedes dentro.
Quédate dentro.
No salgas si no es estrictamente necesario.
Si no se quema tu casa, no corras, no me avergüences.
Si no se quema mi tráquea, que no brote el aire que te da vida.

Al menos, por favor, no digas nada.

.

Ainara LeGardon.

Egunon! Me pregunta Shook Down Underzine si tuve charlas previas con Xabier Erkizia a la hora de enfocar este último trabajo. Contesto que “durante los más de 8 meses que ha durado el proceso de producción del disco hemos invertido probablemente más tiempo en conversar que en grabar música. Y os puedo asegurar que ha sido un auténtico placer”. Si queréis saber de qué hablábamos y conocer aspectos de este proceso que no había contado en ninguna entrevista hasta ahora, leed, leed. Que paséis un buen día.

Entrevista a Ainara LeGardon en Shook Down

Entrevista a Ainara LeGardon en Shook Down

https://shookdown.es/ainara-legardon-entrevista-disco-2017/

Con motivo de la salida del nuevo disco, “Ainara LeGardon”, EITB Kultura me dedica un completo reportaje en el que hablamos no solo de este último trabajo, sino que supone un repaso a mis últimos años: rock, experimentación, improvisación, música para piezas escénicas, escritura y divulgación de la propiedad intelectual.

Aquí en castellano: “El cruce de caminos de Ainara LeGardon”

http://www.eitb.eus/es/television/programas/eitb-kultura/videos/detalle/5217410/el-cruce-caminos-ainara-legardon/

Hemen euskaraz: “Ainara LeGardon: bidegurutzean, azkenean”

http://www.eitb.eus/eu/telebista/programak/eitb-kultura/bideoak/osoa/5217372/ainara-legardon-bidegurutzean-azkenean/

 


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