Tag: Donostia 2016

¿Cómo reproducir el sonido de las olas del mar con arena, el de las obras de reforma de una ciudad con un vibrador rozando una vasija de cristal llena de conchas? ¿Cómo suena un pedazo de árbol a miles de kilómetros de donde fue cortado por el aizkolari Patxi Larretxea? ¿Se escucharán aún los versos de su hijo Hasier? Se lo cuento a la cámara de Kris Cwik en este vídeo que recoge fragmentos de los ensayos y de la performance sonora “El deseo como cemento” en Wrocław (Polonia). Lo comparto hoy con vosotros mientras preparo la maleta para un nuevo viaje a esa increíble ciudad. Espero que os guste.

“El deseo como cemento”: Un collage sonoro formado por grabaciones de campo realizadas en Donostia y Wroclaw es manipulado en directo desde dos reproductores de casete, y filtrado por un eco de cinta analógico. El sonido natural de la voz se entremezcla con el de objetos y materiales que funcionan como aglomerantes, moldeándose y adhiriéndose a los sonidos de las ciudades para construir historias y dialogar en un idioma formado por palabras truncadas, de las que nos llevamos tan sólo una parte de su significado. De esta manera podemos seguir construyendo ficciones y rellenar con el cemento del deseo los huecos de nuestra vida que no acertamos a comprender.

“Desire as cement”: A sound collage formed by field recordings of Donostia and Wroclaw is manipulated live using two cassette players and filtered through an analogue tape echo machine. The natural sound of the voice becomes interwoven with the sound of objects and textures, acting as binding materials and molding around the sounds of the cities, adhering to them and building stories as a dialogue is struck with a language made up of shortened words, whose meaning we can only partly grasp. In this way, the cement that is desire helps us to continue building fictions and to fill in the holes that we don’t quite understand in our lives.

 

 

Wroclaw, 26/06/15

 

Jaime de los Ríos: “En Wroclaw toda la red urbana de semáforos está diseñada por psicólogos para minimizar el estrés a los ciudadanos”.

Ainara LeGardon: “¿En serio?”

Jaime de los Ríos: “No, pero me lo imagino, y sería perfectamente posible”.

Así comenzamos este caluroso viernes, paseando hasta Impart, el lugar que acogerá al Festival BASK, en el que participaremos el próximo fin de semana.

Fantaseamos con relatos que poder contar a nuestra vuelta, ficciones posibles que sean capaces de hacer más agradable nuestras existencias y las de los que nos rodean. ¿Por qué no inventarnos toda una historia y crear así un lugar nuevo, y nuestro? Repertirla tantas veces, que se haga realidad. Jaime insiste en que la raíz de la palabra “verdad” en inglés (truth), viene de “confiar” (trust), y, de repente, se pone un semáforo en verde acompañado de unos ecos de txalapartas como indicación para los invidentes.

Está claro que este sistema de señales lo han diseñado para nuestro disfrute, así que me pongo a cazar el sonido de la percusión ancestral que sale del pequeño altavoz en lo alto del poste, mientras Jaime pone a funcionar su pieza “PKP” en Twitter.

Ainara LeGardon y Jaime de los Ríos, cada uno a lo suyo. Foto de Rafa Rodrigo

Ainara LeGardon y Jaime de los Ríos, cada uno a lo suyo. Foto de Rafa Rodrigo

Es impresionante cómo esa pequeña sonoridad lejana nos puede transportar al hogar de una manera tan directa. Todo cuadra. Al llegar a Impart cada uno de nosotros elige la localización más apropiada para mostrar su obra. Yo, acunada aún por los sonidos de la tierra y cómoda como en mi propia casa, decido montar una sala de estar en el vestíbulo principal del edificio desde la que poder cantar y contar narraciones tan reales como cada uno las sienta.

Probando cómo montar el salón de casa en el escenario. Foto de Jaime de los Ríos

Probando cómo montar el salón de casa en el escenario. Foto de Jaime de los Ríos

Varios días antes, Eneko Gil y yo trabajamos, en el contexto de un laboratorio de movimiento y performance, bajo la premisa “fake it till you make it”. Decidimos poner en práctica, pues, todo lo aprendido.

Eneko Gil y Ainara LeGardon, fingiendo hasta conseguirlo. Foto de Paula Victoria Photography

Eneko Gil y Ainara LeGardon, fingiendo hasta conseguirlo. Foto de Paula Victoria Photography

Aún nos queda media hora de paseo hasta el CeTA- Centrum Technologii Audiowizualnych (Centro Tecnológico Audiovisual). Lo que dentro de sus muros descubro, no hubiera podido imaginarlo ni en mis sueños más enrevesados y surrealistas. Sin duda todo ello merece una entrada independiente en esta bitácora.

(Continuará).

Wroclaw, 25/06/15

Conviviendo con Jaime de los Ríos y Eneko Gil, se han producido situaciones tremendamente divertidas, inspiradoras y reflexivas. Tanto es así, que hace unos días decidí integrar, de alguna manera que aún no tengo clara, sus proyectos artísticos en el mío.

Eneko baila, se mueve, sonríe y piensa como mantequilla. Ha inspirado su solo de danza en los cuentos “Las tiendas de canela fina” de Bruno Schulz, cuya escritura dicen que es como un “carrusel desorientador”. Le pido que me preste el libro durante unos días, para comprobar si yo también soy capaz de inhalar su esencia. Mientras tanto, tengo la osadía de inscribirme en un laboratorio de movimiento y performance para bailarines, al que acudo con Eneko. Le observo y envidio el poder y el control que ejerce sobre su cuerpo. A mí me sangran hoy las rodillas, y apenas puedo gestionar este sonido de la vulnerabilidad que ahora escucho, el del ridículo, el de la vergüenza, el de la fragilidad. Sin duda, me he aturdido en este tiovivo.

Intento olvidar el dolor físico y el proveniente del orgullo quebrado, y me pongo a leer a Schulz. En sus palabras encuentro sonidos oníricos con los que consigo quedarme adormilada:

“Las hierbas, los cardos, las ortigas y bodiak arden crepitando en el fuego del mediodía. La amodorrada siesta del jardín zumba con el estrépito de las moscas. Rastrojos dorados aúllan al sol como una nube de langostas, los grillos se desgañitan en la lluvia rutilante del fuego, las vainas colmadas de granos estallan en silencio expeliendo su fruto como saltamontes.”

(Extracto del cuento “Agosto” de Bruno Schulz, incluido en “Las tiendas de canela fina”).

Cuanto más rápido camino, más me duele, así que decido ir lenta. En todos los sentidos.

Jaime es un entusiasta, ávido de compartir experiencias y conocimiento, de dudar; De realizar un cuestionamiento colectivo tanto de nuestras acciones como de las reacciones que provocamos en nuestro entorno, y llegar a conclusiones cuasi-mágicas.

Iniciando juegos, poniendo a prueba nuestras intuiciones. Así pasamos estas jornadas.

Jaime trabaja en su proyecto tomando como base un listado de palabras primordiales, en polaco y euskera, que seguramente ya fueran empleadas por nuestros ancestros para referirse a lo más básico y esencial en su existencia. Mi idea es tomar varias de ellas y trabajarlas, amasarlas, desmembrarlas y dotarlas de una nueva vida en forma de poesía fonética que acompañe al collage realizado con los sonidos de Donostia y Wroclaw.

En mi opinión, vulnerabilidad es uno de esos términos elementales que deben existir desde que somos lo que somos y miramos de frente a nuestros retos (ya sean los bisontes que Jaime ha incluido en su lista, o los desafíos que encaramos al desear crecer como personas, en cualquier ámbito).

Poesía. ¿Por qué no incluirla también en esa relación de vocablos primordiales? He traído un trozo de ella en la maleta, en forma de astilla de haya recogida en Donosti. La poesía sonora de los golpes del hacha en la madera, esos cortes con los que el aizkolari Patxi Larretxea cantaba sobre el tronco mientras su hijo Hasier recitaba los versos de esa “Niebla fronteriza” a través de la que los vascos caminamos, intentando conjugar nuestras vidas entre tiempos verbales pasados y futuros.

Precisamente Hasier Larretxea me recomienda la obra de varios autores polacos, destacando a Adam Zagajewski. Encuentro en la librería Księgarnia Hiszpańska Wrocław el último ejemplar en castellano de “En la belleza ajena”, y, entre sus páginas, un párrafo que nos describe como vocales y consonantes, como esa materia prima de los fonemas, de las acciones, de la vida.

“Personas-vocales y personas-consonantes. Vocales son aquellas que gustan de hablar, de reírse –y al reír, echan la cabeza hacia atrás con energía-, aquellas que nacieron para la expresión. Las personas-consonantes callan generalmente, en sociedad pasan por aburridas, se duermen en el tren. Mas sin ellas no existiría la humanidad; las lenguas se las arreglan mejor sin vocales que sin el tieso y pesado brocado de las consonantes”.

(Extracto de “En la belleza ajena” de Adam Zagajewski).

Salgo a dar otro paseo, a explorar e intuir cómo suenan esas historias y relatos que todos llevamos en la mirada, incluso aquellos que cierran los ojos y se quedan dormidos en el tranvía, o aquellos cuyo pulso va tan rápido que sus figuras acaban por desdibujarse.

 

Foto de Rafa Rodrigo

Foto de Rafa Rodrigo

Recomendaciones literarias de autores polacos

Recomendaciones literarias de autores polacos. Foto de Ainara LeGardon

Proyecto Wroclaw. Donosti, 12/06/15. 10:07 am

Mis pasos en busca del líquido

Mis pasos en busca del líquido

 

En la cafetería del hospital ofrecen desayunos gratis a todos aquellos que hayan madrugado para hacerse un análisis de sangre. Es hora punta. Los enfermos en ayunas son como hienas; su mordedura, dicen que la más fuerte de entre los mamíferos.

Así que me retiro de la barra. Espero paciente escuchando y grabando el maravilloso baile de tazas y conversaciones, el tintineo de platos, vasos de agua y la amortiguación sonora que brindan los cruasanes.

Cuando inicié este proyecto, lo primero en lo que pensé al buscar puntos de unión entre Donosti y Wroclaw fue el líquido: El mar Cantábrico y el río Óder custodiando cada una de las ciudades.

A mediodía grabo mi propio paseo desde el Kursaal hasta la misma orilla de la playa de la Zurriola. Aminoro la velocidad y me recreo en el sonido de mis pasos sobre la arena, y cómo se esconden, poco a poco, bajo el rumor de las olas.

Oigo un precioso susurro que parece la rotura de diminutos cristales en la lejanía, o quizás estrellas chocando sus puntas en el fondo del mar, o destellos de las miradas de los enamorados que caminan junto a su perro, o el pudor de alguna anciana al contemplar al hombre desnudo que se sienta en el espigón. No entiendo cómo pueden sonar tan lejos y tan cerca, a la altura de mi mano, siempre al elevar mi pie izquierdo, y pienso que quizás sea posible que se me esté quebrando el tobillo pisada a pisada. Pasa un rato hasta que descubro que se trata de la sigilosa danza de las llaves de casa en el bolsillo del chubasquero.

Esta es la resonancia de mis pasos en busca del líquido, el mismo que también llevo en mis tendones. La banda sonora la prepararé dentro de unos días, cuando sea capaz de sacar el Cantábrico de debajo de mi piel y dejarlo en Polonia.

Pasos capturados

Pasos capturados

 

Proyecto Wroclaw. Donosti, 9/6/15. 7:10 am

Ojalá pudiera mover los dedos, los brazos, sacar la grabadora y registrar la pieza sonora que me dedica la máquina de resonancias magnéticas de la Poliklinika Gipuzkoa sin que se nos trague de un bocado. Veinticinco minutos de pensamiento en los que las palabras “Esplendor Geométrico” me vienen a la mente por segunda vez en menos de media hora. El logotipo circular de “General Electric” se instala sobre mi cabeza, como un halo. Y tan sólo puedo retener esos sonidos ahí, precisamente, en los dominios de esa aureola.

Acaba de amanecer y fuera del hospital los rayos de sol dibujan un trapecio naranja en un hueco que deja el cielo gris y encapotado de Donosti. Esplendor geométrico.

A las nueve ya estoy en la arena.

Lo más curioso de esta mañana es que, me sitúe donde me sitúe en la playa de Ondarreta, siempre llega el ruido de unas obras: una radial cortando mármol a la derecha, los golpes de un hombre cuasi-maniquí subido a un andamio a la izquierda. Creo que es tan sólo su mirada la que produce los impactos contra la pared.

Supongo que es así como suena la orilla en estos días: con algo de tráfico bordeándola, resonancias que no encajan con el paisaje, y el rumor de la valentía de los ancianos bañistas habituales.

Egunon!

Estos días leo “Madrid Tucson” de Miriam Checa, una vasca que, como yo, pasó en Madrid varios años y relata en esta novela su relación con la ciudad.

“En Madrid hacen falta muchas noches sin dormir, un par de veranos abrasadores, otro par de inviernos polares y al menos un corazón hecho pedazos en cualquiera de sus esquinas. Si en ese momento no sales corriendo ya estás preparado para hacerte con un hueco en este lugar”. Yo pasé muchos más de dos veranos, y al final salí corriendo. Pero desde el domingo algo me ha reconciliado con Madrid. Enhorabuena a los que os quedasteis allí. Me alegro mucho por vosotros y ahora os siento un poco más cerca.

Reconozco en las palabras de Miriam muchos de los pensamientos y sensaciones que alguna vez he experimentado. Hoy rescato uno de ellos, el que tiene la protagonista cuando escucha los sonidos de un bar mezclándose con una canción que sale de la jukebox, provocando una versión diferente de ésta:

“Me gustaría llevar una grabadora encima para registrarlo. No sé muy bien qué haría después con estos sonidos, nunca he sabido si los sucesos inesperados sólo hay que disfrutarlos”.

Ayer se anunció la resolución de la convocatoria de residencias artísticas en Polonia que convoca Donostia 2016. En junio me iré a Wroclaw con varias grabadoras y con ganas de disfrutar de sucesos inesperados, para plasmarlos después en una pieza que arrancará en una antigua estación de tranvía.

El viaje continúa. Que paséis un feliz día.

Imagen de la noticia en Deia

Imagen de la noticia en Deia

http://www.deia.com/2015/05/27/ocio-y-cultura/cultura/todo-lo-necesario-para-el-exito-de-2016-donostia-y-wroclaw-mas-cerca-todavia

 

 

 

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