Category: Reflexiones

Ayer me acerqué a mi ejemplar de “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago, y releí con una sonrisa en los ojos la dedicatoria de quien me lo regaló. Entre las páginas, una carta manuscrita hace años que acaba diciendo: “Me despido de ti lamentando que Google no pueda tener acceso a este mensaje. En el futuro el papel será un símbolo de libertad”.

Me ha sorprendido la cantidad de extractos que la gente ha ido publicando sobre sus estadísticas anuales en Spotify, sin pensar lo más mínimo en el escasísimo margen de libertad y privacidad que hoy tenemos. No soy usuaria de ninguna plataforma de streaming, y aún prefiero utilizar mi propia memoria para recordar qué discos he puesto a girar en los últimos meses y por qué. En vez de saltar de un tema a otro, movida por el capricho de un algoritmo, lo hago pensando en seres humanos: quién me dio a conocer este disco, y qué otros me enseñó también. De paso, además de la emoción que me suscita la propia música, siento el inmenso agradecimiento hacia esa persona. Y así, en cadena. De recuerdo en recuerdo. La sensación de un descubrimiento aleatorio (o no) que se relaciona con algo perdido en la memoria y lo hace reflotar bruscamente.

Anoche me acosté con los cascos puestos. El primer recuerdo fue el de tantas noches adolescentes acompañada por la radio de madrugada. El segundo, nada más comenzar a sonar las primeras notas de “Counterfeit” de Martin L. Gore. Misma época, 1989. Por entonces, ni idea de que aquel EP estaba formado enteramente por versiones. Me dejo llevar. Tercer recuerdo, momento en que una imagen en televisión atrapa toda mi atención, 1999: reconozco la melodía y letra de “Motherless child” (el título que cierra “Counterfeit”), acompañando una escena de la película “El evangelio según San Mateo” de Pasolini. Descubro la voz de Odetta impregnando de dolor unas imágenes que a día de hoy no encuentro adjetivo para describir. Anoche sentí el deseo irrefrenable de volver a verlas y abrazar con cuidado la impronta que todo aquello dejó en mí.

2019. Hoy os recomiendo el libro “The new analog. Cómo escuchar y reconectarnos en el mundo digital” de Damon Krukowski, al que el autor da la bienvenida con un “gracias por leer este libro analógico. No necesitarás ningún programa informático adicional, no gasta batería y es completamente reciclable”. Entre sus páginas, ideas como la de que “la música digital ha generado un déficit temporal. […] Escuchar con atención depende siempre del tiempo”.

Agradezco que los algoritmos genéticos que llevamos de serie operen aún de forma tan eficiente y bella. Probad a dejarlos funcionar, con el espacio y el tiempo suficiente para escuchar con atención, y ya veréis qué placer.

 

Durante seis meses, entre 2018 y 2019, y por encargo del Gobierno Vasco, realicé una investigación en torno a la situación de la igualdad de género en el ámbito de la música desde la perspectiva de la creación en Euskadi. El proceso de búsqueda y recopilación de datos, así como la realización de las entrevistas que han conformado el informe sobre el que aquí reflexiono, han provocado el afloramiento de algunos recuerdos lejanos sobre mi propia experiencia. Reconozco que algunas de estas evocaciones han desencadenado sentimientos encontrados dentro de mí, haciendo presentes las cuestiones de si hice o no lo correcto cada vez que, hace ya más de quince años, seguí la corriente a quien se dirigía por correo electrónico a mi manager, suponiendo que este existiría y sería un hombre, y dando por hecho que una chica joven no andaría por ahí representándose a sí misma ni autogestionando su proyecto musical. Comencé a escribir y firmar como un hombre y me di cuenta de que las condiciones y el trato mejoraban, así que lo utilicé como una herramienta de supervivencia, sin considerar el fondo de la cuestión ni pararme a pensar en si estaría alimentando unos mecanismos basados en algunos de los estereotipos que ahora tanto lucho por romper.

Son innumerables las veces que dejé que la gente pensara que había un hombre tras el alias que solía utilizar en foros musicales para verter mis opiniones, ofrecer y recibir recomendaciones sobre música o sobre cuestiones técnicas relacionadas con instrumentos y sonido. En todas esas ocasiones me sentí más integrada en estas comunidades virtuales y reconocida en el ámbito de mi profesión.

A base de estudiar el contexto y obtener la información y la experiencia necesaria para sentirme segura expresando mis opiniones y negociando mis condiciones en mi propio nombre, fui poco a poco obteniendo la autoconfianza necesaria para dar la cara dejando a un lado (y finalmente casi olvidando) los trucos y las estrategias que tuve que elaborar para encajar en un mundo eminentemente masculino y masculinizado. Considero relevante volcar aquí y ahora estas apreciaciones y realizar la reflexión al respecto de todo ello, que en su día no fui capaz de hacer.

Así es precisamente la forma en la que operan los estereotipos: guían nuestras acciones dentro de una estructura determinada que nos sirve para justificarnos e identificarnos en relación a un esquema que se nos impone desde fuera. Pensar que encajaba en un determinado contexto me hacía sentir menos sola y más reconocida. El problema es que no era del todo yo a quien reconocían algunos, sino a una creación, a una representación de mí.

Y lo cierto es que fue precisamente cuando obtuve la confianza necesaria para mostrarme tal y como era, sin la preocupación de encajar o no en una identidad grupal, cuando comencé a sentirme libre y satisfecha. El reconocimiento ha ido llegando lenta y paulatinamente, sin buscarlo, y ahora está sustentado en una base considerablemente firme de libertad y otra algo más oscilante de satisfacción artística y personal.

Ha sido sorprendente, y a la vez de alguna forma reconfortante, descubrir que no soy la única mujer a la que le ha pasado algo similar.

El Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco acaba de publicar en septiembre de 2019 el “Diagnóstico de situación de la igualdad de género en el ámbito del teatro, la danza, el libro y la música desde la perspectiva de la creación y la industria en la CAE”. Se trata de un “Cuaderno 0” o compendio que recoge los resúmenes de los informes realizados por ocho profesionales de los sectores del teatro, la danza, las letras y la música, “con el objetivo de dotar los estudios de una mirada realista y experta de cada una de las realidades analizadas, y que han desarrollado un análisis y reflexión sobre la igualdad de mujeres y hombres en cada uno de sus sectores de referencia”.

Se puede acceder a su descarga libre en el enlace: https://bideoak2.euskadi.eus/2019/09/17/news_56710/CUADERNO_0_Cast_v3.pdf

El sábado 30 se celebrará una jornada para presentar las conclusiones de los informes, así como realizar unos talleres y trabajos grupales en torno a las propuestas que han sido planteadas. La inscripción está abierta en este enlace: https://www.lankor.eus/generoetakultura2019/

Próximamente estarán disponibles los informes completos para quien desee profundizar en la investigación, que no ha sido más que el inicio de un camino en el que seguiré trabajando a través del grupo de “Programas y Políticas de género” como miembro del Consejo Vasco de la Cultura, y por supuesto de forma independiente en mi día a día.

Gracias a todas las personas que os habéis involucrado y nos habéis regalado vuestro tiempo y experiencia. Seguro que merecerá la pena.

Informe Ainara LeGardon. Portada Cuaderno 0.

Informe Ainara LeGardon. Portada Cuaderno 0.

Ainara LeGardon es experimentación, rock, química, improvisación y autora de polaroids. También dedica una buena parte de su tiempo a investigar todo lo relacionado con los creadores y sus derechos. De ello hablamos una mañana de agosto. Como siempre digo: cualquier error es cosa mía.”.

Así abre el escritor Daniel Jándula la larga e intensa charla que mantuvimos hace unos meses, ahora albergada en la sección de su web “El oído interno”. Confieso que cuando grabamos esta conversación, estando a miles de kilómetros de distancia la una del otro, no pensé que nuestras palabras fueran a ver la luz tal cual fueron dichas, prácticamente sin edición. La lejanía se tornó proximidad, el desconocido al otro lado se tornó cómplice.

Si os apetece escuchar a dos personas hablar de procesos creativos, de la destrucción que entraña toda creación, de las emociones que rodean la propiedad intelectual (sí, es posible encontrar emoción en este campo también), de activismo, de necesidad… adelante:

Ainara LeGardon. Un jardín afilado

Ainara LeGardon en El Oído Interno

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Reflexiono sobre ello y sobre los contenidos recogidos en el Estatuto del Artista en mi artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo”, publicado en el Anuario de la Música 2018 de Musika Bulegoa y cuyo título es un homenaje a la gran Remedios Zafra. Está redactado teniendo en cuenta las recomendaciones sobre la utilización de lenguaje no sexista recogidas en la “Guía de lenguaje para el ámbito de la cultura” publicada por Emakunde/Instituto Vasco de la Mujer.

El Anuario completo se puede descargar aquí: http://musikabulegoa.eus/wp-content/uploads/2019/03/EHMBE_Urtekaria_2018_web-1.pdf

“Música e instrumentalización del entusiasmo”

A menudo la afirmación “soy artista” genera automáticamente la curiosidad morbosa, plasmada en la cuestión de con qué otro u otros trabajos y de qué forma es capaz de vivir una persona que se dedica a la creación artística. El cliché que nos persigue como amateurs o como colectivo precario (y precarizado) está profundamente asentado en la sociedad y, lo que es peor, en el propio ámbito artístico.

Afortunadamente en los últimos tiempos se está tratando abiertamente en distintos foros públicos la realidad de nuestra profesión. Ya no escondemos nuestro inestable modo de vida y tratamos de hacer llegar nuestras demandas más básicas tanto al público como a las instituciones y poderes políticos.

En este sentido es especialmente lúcido el ensayo “El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital” de Remedios Zafra (Premio Anagrama de ensayo 2017), un texto que reflexiona sobre cómo la pasión de las personas dedicadas al arte suele jugar en nuestra contra:

“…su entusiasmo puede ser usado como argumento para legitimar su explotación, su pago con experiencia o su apagamiento crítico, conformándose con dedicarse gratis a algo que orbita alrededor de la vocación, invirtiendo en un futuro que se aleja con el tiempo, o cobrando de otra manera (inmaterial), pongamos con experiencia, visibilidad, afecto, reconocimiento, seguidores y likes que alimenten mínimamente su vanidad o su malherida expectativa vital”.

Zafra también subraya que, en nuestros tiempos, esta “instrumentalización del entusiasmo y la pasión creadora, está definida por la caducidad como principal rasgo”. No puedo estar más de acuerdo con ella cuando afirma que los criterios culturales no vienen ya dados por la cultura, sino por el mercado, y que “el pago más fácil, porque es el más rápido, es el “pago con ojos”.” Efectivamente, la visibilidad es hoy lo que mejor encaja en la lógica de mercado, mientras que la remuneración “se advierte como inversión futura”.

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Yo contesto que es posible, al menos yo así lo experimento, siendo tremendamente promiscua y activa, con la dificultad añadida de mantener la coherencia artística y el sentido crítico en estas condiciones a veces tan frenéticas.

Pensemos en cuáles son las principales fuentes de ingresos del colectivo de músicos actualmente. Hay quienes solo componen. En este caso las principales fuentes son los honorarios por los encargos de obras y los derechos de autoría. Hay quienes solo interpretan, y en ese caso sus fuentes son principalmente los cachés de las actuaciones y los derechos conexos como artistas intérpretes. En ocasiones confluyen ambas facetas (las de autoría e interpretación) junto a la autoedición discográfica, con lo que se obtienen también ingresos por ventas y por derechos conexos sobre los fonogramas. Hay quienes además imparten charlas, talleres o dan clases regularmente. Esta es otra fuente de ingresos importante en relación a la música. Sin duda, las subvenciones o ayudas institucionales, becas, residencias artísticas y otros apoyos, constituyen otro soporte reseñable. Quienes podemos gestionar todo esto a la vez tenemos la suerte de vivir y además comer y pagar el alquiler gracias a la música, pero no es lo habitual, ni debería serlo. En estas condiciones, la auto-explotación se hace presente y las personas artistas acaban convertidas en gestoras y burócratas, con las energías extenuadas y sin apenas tiempo para entregarse a las tareas relacionadas con la creación.

Volvemos a uno de los problemas que nos ahogan: la prisa y la falta de tiempo para poder dedicar el mimo necesario a cada proyecto en el que nos embarcamos. Y este nos lleva al asunto de la intermitencia propia de nuestro sector: ¿qué ocurre en los periodos en los que seguimos trabajando, pero no obtenemos ingresos? Entre disco y disco seguimos componiendo, ensayando, preparando la producción de nuevas canciones o de una próxima gira, etc. Lo cierto es que carecemos de una estructura administrativo-legal adecuada para afrontar esta situación.

Hace unos meses, las noticias hablaban de la intención del Gobierno de reformar el régimen de Seguridad Social y permitir que la cuota que pagamos las personas afiliadas al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos esté en relación con nuestros ingresos, mediante una cotización por tramos. Desafortunadamente, este acuerdo que aguardamos con esperanza se va posponiendo.

En 2019 tendremos que afrontar una cuota de 283,3 euros mensuales sean cuales sean nuestros ingresos. Esto provoca que tengamos que trabajar mucho y de forma continuada, descartando incluso los periodos vacacionales. Carecemos de derecho a subsidio por desempleo, y ni nos planteamos soñar con etapas en las que podamos dejar de tocar o dar clases para poder dedicarnos exclusivamente a la investigación artística y a la creación de nuevas obras. Esta situación genera un problema de sobresaturación y ansiedad que en algunos momentos de nuestras carreras nos pasa factura en lo referente a la salud.

Para (sobre)vivir de la música, nos vemos en la obligación de crear/producir mucho y rápido. Mientras tanto, el público se acostumbra a consumir de la misma forma: superficialmente y sin disfrutar de la música ni valorar el esfuerzo que requiere su creación y su puesta a disposición. Los actuales modelos de distribución musical no ayudan; la tiranía que impone la cultura de masas, tampoco.

Mery Cuesta, en su libro “La Rue del Percebe de la cultura y la niebla de la cultura digital” (consonni, 2015), describe tres interesantes aspectos de la “nueva cultura” que se genera en el entorno digital: “a) rapidez de acceso, b) amplitud de horizonte y c) baratura”, y describe certeramente sus contras: “la rapidez y facilidad de acceso a una gran cantidad de información también implica una absorción superficial de los contenidos y una suerte de bulimia; la amplitud de horizonte provoca desorientación; y la baratura -no nos engañemos- es muchas veces la máscara amistosa de la precariedad profesional”.

Los modelos de distribución y consumo musical en el ámbito digital, en vez de ser valiosas herramientas de trabajo para el colectivo artístico, con frecuencia se convierten en interferencias y provocan la homogeneización tanto del pensamiento artístico como del gusto de la audiencia.

Al margen de esta circunstancia, tampoco nos ayuda en nuestro día a día el escaso cumplimiento de la legislación vigente. En teoría, la empresa o institución organizadora de un concierto debe encargarse del alta y baja en la Seguridad Social siempre que la persona trabajadora lo demande o solicite. Esto casi nunca se cumple. Nos “obligan” a presentar una factura.

En el Estatuto del Artista se analiza la necesidad de la creación de un sistema fiscal acorde a la intermitencia del trabajo artístico y a la irregularidad de nuestros ingresos, que pueda garantizar una jubilación digna y compatible con el derecho a seguir creando. También se demanda el reconocimiento de nuestras lesiones y enfermedades laborales y el derecho a percibir el subsidio por desempleo. También, como punto relevante, se enfatiza la importancia de las enseñanzas artísticas y la necesidad de equiparación de sus titulaciones a las universitarias. No pedimos mucho, simplemente la misma protección social que se le brinda al resto de la clase trabajadora.

Dice Zafra que “lo que moviliza a un entusiasta es dedicarse a su pasión, transformar su vulnerabilidad económica en libertad.” Y sin embargo, lo que los entusiastas se encuentran con mayor frecuencia es “que su trabajo es convertido en afición, que su trabajo no es empleo, que su producción es valorada como consumo, y su fuerza productiva es rentabilizada por otros.”

Es nuestra responsabilidad mantenernos firmes en un compromiso con la lucha para dejar de ser el eslabón débil de la cadena en cualquier negociación relacionada con el trabajo en el campo artístico, así como en la batalla para seguir creando desde una posición reflexiva que huya del apagamiento crítico y de la banalización.

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo” de Ainara LeGardon

Inquire Magazine, un proyecto fantástico que une arte y opinión con perspectiva de género, publica la conversación que he tenido recientemente con la gran Natalia Piñuel. Hablamos de autogestión, de SGAE (y del libro “SGAE: el monopolio en decadencia”, Consonni cultura crítica), de los modelos de distribución digital de música y de sentir y hacer las cosas de otra manera:

http://inquiremag.com/pantalla-sonica-ainara-legardon/

Entrevista Ainara LeGardon en Inquire

Entrevista Ainara LeGardon en Inquire

El programa ERRAIETATIK de Hala Bedi Irratia, me invitó a compartir mis experiencias como artista autogestionada y mis reflexiones en torno a los actuales modelos de gestión de derechos de propiedad intelectual. Podéis escuchar la entrevista completa a través de este enlace:

Archipiel (Ainara LeGardon y Álvaro Barriuso) son los protagonistas de un nuevo capítulo de “Con las ondas en la masa” en la Radio del Museo Reina Sofía. Tal y como se explica en su web, “Con las ondas en la masa” es una serie de cápsulas producidas por Javi Álvarez en las que entrevista a artistas en relación a su trabajo sonoro y presenta algunas de sus piezas. Entrevista y pieza nunca se solapan. Todo el material sonoro del programa es inédito o ha sido producido para la ocasión”.

http://radio.museoreinasofia.es/javi-alvarez

Material complementario (pdf con detalles sobre las piezas incluidas en el programa, créditos, etc.) aquí:

http://radio.museoreinasofia.es/sites/default/files/audio/material/capitulo_6_-_archipiel.pdf

 

“Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir” es una conferencia performativa ofrecida en Tabakalera (Donostia) el 10/02/18 en el marco de la Jornada “La Gran Conversación”.

Más información en https://www.tabakalera.eu/es/dejarse-hablar-la-gran-conversacion

En esta conferencia, a través de un texto poético y utilizando diversos micrófonos, un eco de cinta antiguo y una grabadora de cassette, muestro parte de mi relación con la voz y la palabra.

El texto proyectado es el siguiente:

Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir.

De mis años en la Facultad de Ciencias Químicas no saqué nada en claro salvo multitud de imágenes poéticas. Imágenes que a veces se agolpan para tratar de explicarme lo incomprensible o ayudarme a interpretar lo indescifrable. Me aclaran cómo la voz ha sido siempre mi manera de marchar, de volver, de llegar a cualquier lugar. De volar hacia un destino a menudo incógnito. Incluso de lamentar, de avergonzarme y de temer. De crear campos magnéticos, transformar y transformarme.

Viajo con y dentro de la voz.
Me convierto en animales nocturnos,
puertas que se abren,
objetos que caen al vacío,
viento, niebla y lluvia.
Mi cuerpo, una dinamo.

La voz y el canto. El canto y el grito. La peligrosa, comprometida y comprometedora palabra en medio de todo. Transitar por el susurro y por el aullido, expuesta.

Callar.
Cantar.
Cantar callada.
Morder el silencio, abrir la boca y dejarlo ir.

Cantar. Cantar es una lección. Una lección de Termodinámica, para ser exactos. O quizás de Química Orgánica, no lo tengo muy claro.
Al cantar, la palabra es una frontera, un cambio de estado en el que la presión provoca que, a igual temperatura, cuando pronuncio el vocablo me pueda encontrar en estado sólido y líquido al mismo tiempo.

La palabra, en realidad, es la frontera y es la presión. Es la fuerza que comprime mi pecho cuando canto.

La palabra, quizás, es la frontera, la presión y la tensión que intenta desmembrarme, separar todas las partículas de mi piel, rasgar mis poros, desarticularme.

La palabra impide o permite, a su antojo, el equilibrio. Una armonía en la que ni el hielo se derrite, ni el agua se congela. Una situación en la que mi cuerpo en ocasiones logra deslizase serpenteante sobre su propia superficie. Otras veces no lo consigue. La capa de sólido se rompe, inspiro líquido, me ahogo en el intento. Me ahogo en mí.

Solo encuentro una forma de moldear la autoridad de la palabra: despojarla de su significado a base de no pensarla (o de tanto pensarla), hasta convertirla en palabra que no suena a nada, o directamente en palabra que no suena.

Aligerar el peso que tiene el lenguaje, y por fin dejar de jadear entre hielo y agua según el capricho de la sintaxis y de mi entendimiento, ambos cómplices de la palabra.

Debo respirar la propia palabra. Inhalarla y aguantarla dentro de los pulmones, contando hasta diez como si fuera salbutamol.

“Sal” de saligenina, “but” de butil, “am” de amino, “ol” de etanol. Salambutol, olambutsal.

AM, amplitud modulada.
Ol, todo.
But, pero.
Sal, vete.

Diez segundos es aproximadamente el tiempo que necesita mi cerebro para dejar de percibir la palabra con todas sus razones, y convertirla en un elemento inocuo. Que deje de ser una amenaza para mi voz.

La voz.

¿Dónde queda la voz en este diagrama de fases? ¿La voz como portavoz (esclava) de la palabra, o como veleidosa ama y señora de esta?

Nadie quiere hablar con la voz.
La voz da miedo.
Nadie quiere hablar con la voz, ni alzando su propia voz contra la voz.
La voz está ahí antes de pensarla.
Sale de la boca sin permiso, sin pensarla.
Incluso antes de pensar otorgarse a una misma el permiso para pensarla.

A veces me avergüenzas, voz.
No sabes cuánto.
A veces deseo que te quedes dentro.
Quédate dentro.
No salgas si no es estrictamente necesario.
Si no se quema tu casa, no corras, no me avergüences.
Si no se quema mi tráquea, que no brote el aire que te da vida.

Al menos, por favor, no digas nada.

.

Ainara LeGardon.

Estoy viendo Metrópolis en La 2 y me da un vuelco el corazón cuando veo reproducidas en pantalla y oigo declamar, en boca de una performer, estas palabras mías:

“Los artistas nos dedicamos a hacer, sin preocuparnos demasiado de cómo lo estamos haciendo. Nos han enseñado que responsabilizarnos de algo más que divertirnos creando, nos desconcentra. Nos han repetido que lo mejor es que nosotros nos dediquemos a lo que sabemos hacer, y dejemos el control de la gestión de nuestra obra en manos de profesionales. Estamos desunidos y luchamos solos. Y las batallas, de esa forma, están perdidas antes siquiera de iniciarse”.

Extracto del artículo "¿La culpa es de los artistas?" de Ainara LeGardon en Metrópolis de La 2 de TVE.

Extracto del artículo “¿La culpa es de los artistas?” de Ainara LeGardon en Metrópolis de La 2 de TVE

La performance “Bosobosoboso”, según el dúo de creadores “Somos nosotros” (Begonya García y Alfonso Fernández), está basada en el Decálogo de Buenas Prácticas Profesionales desarrollado por la Asociación de Artistas Visuales, y contrapone las buenas prácticas e intenciones, con la realidad de los artistas.

Me ilusiona que esas palabras mías hayan llegado hasta ahí y me emociona que alguien las haya tomado para desarrollar una obra que además reflexiona sobre la realidad de los artistas como trabajadores precarios (aunque echo de menos un pequeño crédito a la autora y a la fuente, ya que detalles como ese harían que todo esto fuera un poco menos precario).

Dicho esto, la cuestión es que si sirven para abrir debates de este tipo, me doy por satisfecha.

Hoy os iba a contar que ya queda muy poco para el curso on-line de Propiedad Intelectual, licencias libres y gestión de derechos, que comienza el 1 de febrero. Os animo a realizarlo para adquirir los conocimientos y las herramientas que, con suerte, harán que podamos luchar más firmemente por nuestros derechos (por cierto, que el Decálogo de Buenas Prácticas Profesionales desarrollado por la Asociación de Artistas Visuales es uno de los documentos que suelo mostrar en clase). Más info sobre el curso aquí:
http://www.ainaralegardon.com/…/curso-on-line-de-propiedad…/

PD: El artículo original que contiene las palabras citadas es “¿La culpa es de los artistas?” y está disponible en: http://www.ainaralegardon.com/…/la-culpa-es-de-los-artistas/.

Gabon! Que paséis una buena noche!

 

“El diablo se hace más fuerte cuando miras hacia otro lado”. Ayer escuché esta frase (o algo parecido en su versión inglesa) e inmediatamente la adopté como epígrafe de uno de los capítulos del libro sobre SGAE. Afortunadamente, algo está cambiando y hoy, 27 de mayo, algunos miramos de frente a muchas cosas. Las comparto con vosotros por si os apetece unir la trayectoria de vuestros rayos X:

-Se ha puesto en marcha la página Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Uno de los primeros actos en los que estarán algunos compañeros es esta tarde en Madrid, una jornada sobre sindicalismo y derechos de autor en el Ateneo de Villaverde: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/30454-jornada-sindicalismo-derechos-autor.html

-Yo no estaré allí, porque arranco en Irun “Copyzer” (“Copyqué”), un servicio de asesoría gratuita y personalizada en materia de derechos de autor, licencias, y propiedad intelectual en general. La demanda ha sido brutal y las sesiones están completas hasta septiembre, lo cual indica vuestra inquietud y necesidad.

-Pero para el que quiera escuchar mis consideraciones acerca de los modelos de gestión de derechos de autor, la música en el entorno digital, la supuesta batalla entre creadores y usuarios, y lo que yo entiendo por respeto entre unos y otros, os recomiendo encarecidamente la lectura de esta entrevista en Plaza Abierta que me ha realizado Alejandro Matilla. La más detallada y completa en materia de propiedad intelectual de las que me han hecho hasta ahora. Espero que os parezca interesante puesto que, como siempre digo, va por vosotros. Que paséis un buen fin de semana. Y mirad a este lado, por favor.

http://plazabierta.com/entrevista-a-ainara-legardon-sobre-propiedad-intelectual/

Portada entrevista Ainara LeGardon en Plaza Abierta

Portada entrevista Ainara LeGardon en Plaza Abierta

 


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