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Ayer me acerqué a mi ejemplar de “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago, y releí con una sonrisa en los ojos la dedicatoria de quien me lo regaló. Entre las páginas, una carta manuscrita hace años que acaba diciendo: “Me despido de ti lamentando que Google no pueda tener acceso a este mensaje. En el futuro el papel será un símbolo de libertad”.

Me ha sorprendido la cantidad de extractos que la gente ha ido publicando sobre sus estadísticas anuales en Spotify, sin pensar lo más mínimo en el escasísimo margen de libertad y privacidad que hoy tenemos. No soy usuaria de ninguna plataforma de streaming, y aún prefiero utilizar mi propia memoria para recordar qué discos he puesto a girar en los últimos meses y por qué. En vez de saltar de un tema a otro, movida por el capricho de un algoritmo, lo hago pensando en seres humanos: quién me dio a conocer este disco, y qué otros me enseñó también. De paso, además de la emoción que me suscita la propia música, siento el inmenso agradecimiento hacia esa persona. Y así, en cadena. De recuerdo en recuerdo. La sensación de un descubrimiento aleatorio (o no) que se relaciona con algo perdido en la memoria y lo hace reflotar bruscamente.

Anoche me acosté con los cascos puestos. El primer recuerdo fue el de tantas noches adolescentes acompañada por la radio de madrugada. El segundo, nada más comenzar a sonar las primeras notas de “Counterfeit” de Martin L. Gore. Misma época, 1989. Por entonces, ni idea de que aquel EP estaba formado enteramente por versiones. Me dejo llevar. Tercer recuerdo, momento en que una imagen en televisión atrapa toda mi atención, 1999: reconozco la melodía y letra de “Motherless child” (el título que cierra “Counterfeit”), acompañando una escena de la película “El evangelio según San Mateo” de Pasolini. Descubro la voz de Odetta impregnando de dolor unas imágenes que a día de hoy no encuentro adjetivo para describir. Anoche sentí el deseo irrefrenable de volver a verlas y abrazar con cuidado la impronta que todo aquello dejó en mí.

2019. Hoy os recomiendo el libro “The new analog. Cómo escuchar y reconectarnos en el mundo digital” de Damon Krukowski, al que el autor da la bienvenida con un “gracias por leer este libro analógico. No necesitarás ningún programa informático adicional, no gasta batería y es completamente reciclable”. Entre sus páginas, ideas como la de que “la música digital ha generado un déficit temporal. […] Escuchar con atención depende siempre del tiempo”.

Agradezco que los algoritmos genéticos que llevamos de serie operen aún de forma tan eficiente y bella. Probad a dejarlos funcionar, con el espacio y el tiempo suficiente para escuchar con atención, y ya veréis qué placer.

 

Arratsaldeon! He estado un par de años mordiéndome la lengua sobre lo que va a ser mi próxima publicación (en formato libro-disco, se podría decir), y a partir de hoy me apetece ir compartiendo algunas pistas sobre “Res-cue”, que lleva un subtítulo tan estimulante para mí como “El archivo en la boca”. La primera clave es esta imagen de mi magnetofón Aiwa TP40-R y estas palabras recién escritas. No sé si el uno o las otras formarán parte finalmente de las presentaciones, pero algo de todo ello estará. Gracias por seguir ahí y no olvidéis vuestra dosis de hierro.

Irun, 04/12/19

Pienso en ti a través de mí.

Cuándo estuve dónde, quién serías tú.

Qué escuché que no entendí entonces.

Qué, que ahora comprendo a través de tus oídos.

Sin conocerte de nada me permites acceder
a una yo que fui,
a todo lo que ahora sé que tú ignoras,
a todo lo que tú dominas
y que yo no soy capaz de retener
entre mis frágiles partículas ferromagnéticas
solo por haber nacido en otro tiempo.

No puedo pulsar pausa,
pero recuerdo bien
que no pronunciar hasta el final
una de cada dos palabras,
ni dejar que la cola de un acorde
se desvanezca hasta lo inaudible
es anhelo,
ímpetu,
premura.

Deseas que hubiera sido concebida diez años después
para poder mirarte sin extrañeza,
para poder grabarte en mí sin este retardo en la escucha.

No importa. Te entiendo.

Eres la vida que tuve.
Un fast forward para llegar lo más rápido posible
al futuro ya pasado.

Aiwa TP40R- Ainara LeGardon

Aiwa TP40R- Ainara LeGardon

Durante seis meses, entre 2018 y 2019, y por encargo del Gobierno Vasco, realicé una investigación en torno a la situación de la igualdad de género en el ámbito de la música desde la perspectiva de la creación en Euskadi. El proceso de búsqueda y recopilación de datos, así como la realización de las entrevistas que han conformado el informe sobre el que aquí reflexiono, han provocado el afloramiento de algunos recuerdos lejanos sobre mi propia experiencia. Reconozco que algunas de estas evocaciones han desencadenado sentimientos encontrados dentro de mí, haciendo presentes las cuestiones de si hice o no lo correcto cada vez que, hace ya más de quince años, seguí la corriente a quien se dirigía por correo electrónico a mi manager, suponiendo que este existiría y sería un hombre, y dando por hecho que una chica joven no andaría por ahí representándose a sí misma ni autogestionando su proyecto musical. Comencé a escribir y firmar como un hombre y me di cuenta de que las condiciones y el trato mejoraban, así que lo utilicé como una herramienta de supervivencia, sin considerar el fondo de la cuestión ni pararme a pensar en si estaría alimentando unos mecanismos basados en algunos de los estereotipos que ahora tanto lucho por romper.

Son innumerables las veces que dejé que la gente pensara que había un hombre tras el alias que solía utilizar en foros musicales para verter mis opiniones, ofrecer y recibir recomendaciones sobre música o sobre cuestiones técnicas relacionadas con instrumentos y sonido. En todas esas ocasiones me sentí más integrada en estas comunidades virtuales y reconocida en el ámbito de mi profesión.

A base de estudiar el contexto y obtener la información y la experiencia necesaria para sentirme segura expresando mis opiniones y negociando mis condiciones en mi propio nombre, fui poco a poco obteniendo la autoconfianza necesaria para dar la cara dejando a un lado (y finalmente casi olvidando) los trucos y las estrategias que tuve que elaborar para encajar en un mundo eminentemente masculino y masculinizado. Considero relevante volcar aquí y ahora estas apreciaciones y realizar la reflexión al respecto de todo ello, que en su día no fui capaz de hacer.

Así es precisamente la forma en la que operan los estereotipos: guían nuestras acciones dentro de una estructura determinada que nos sirve para justificarnos e identificarnos en relación a un esquema que se nos impone desde fuera. Pensar que encajaba en un determinado contexto me hacía sentir menos sola y más reconocida. El problema es que no era del todo yo a quien reconocían algunos, sino a una creación, a una representación de mí.

Y lo cierto es que fue precisamente cuando obtuve la confianza necesaria para mostrarme tal y como era, sin la preocupación de encajar o no en una identidad grupal, cuando comencé a sentirme libre y satisfecha. El reconocimiento ha ido llegando lenta y paulatinamente, sin buscarlo, y ahora está sustentado en una base considerablemente firme de libertad y otra algo más oscilante de satisfacción artística y personal.

Ha sido sorprendente, y a la vez de alguna forma reconfortante, descubrir que no soy la única mujer a la que le ha pasado algo similar.

El Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco acaba de publicar en septiembre de 2019 el “Diagnóstico de situación de la igualdad de género en el ámbito del teatro, la danza, el libro y la música desde la perspectiva de la creación y la industria en la CAE”. Se trata de un “Cuaderno 0” o compendio que recoge los resúmenes de los informes realizados por ocho profesionales de los sectores del teatro, la danza, las letras y la música, “con el objetivo de dotar los estudios de una mirada realista y experta de cada una de las realidades analizadas, y que han desarrollado un análisis y reflexión sobre la igualdad de mujeres y hombres en cada uno de sus sectores de referencia”.

Se puede acceder a su descarga libre en el enlace: https://bideoak2.euskadi.eus/2019/09/17/news_56710/CUADERNO_0_Cast_v3.pdf

El sábado 30 se celebrará una jornada para presentar las conclusiones de los informes, así como realizar unos talleres y trabajos grupales en torno a las propuestas que han sido planteadas. La inscripción está abierta en este enlace: https://www.lankor.eus/generoetakultura2019/

Próximamente estarán disponibles los informes completos para quien desee profundizar en la investigación, que no ha sido más que el inicio de un camino en el que seguiré trabajando a través del grupo de “Programas y Políticas de género” como miembro del Consejo Vasco de la Cultura, y por supuesto de forma independiente en mi día a día.

Gracias a todas las personas que os habéis involucrado y nos habéis regalado vuestro tiempo y experiencia. Seguro que merecerá la pena.

Informe Ainara LeGardon. Portada Cuaderno 0.

Informe Ainara LeGardon. Portada Cuaderno 0.

¡Hola de nuevo!

Poco a poco vamos retomando el ritmo y las actividades de siempre tras un verano inusual. Vuelvo con buenas noticias:

Este año mi voz se ha escuchado por partida doble en el Festival de Cine de Venecia: “Madre” de Rodrigo Sorogoyen y “Zumiriki” de Oskar Alegria competían en la sección Orizzonti. Mis piezas vocales ilustran los trailers de ambas, la primera realizada a las órdenes de Olivier Arson (utilizando técnicas de expresión no convencionales), la segunda gracias a Xabier Erkizia (un collage vocal como solo Xabi sabe hacer al que hemos llamado “Argitu ezina”). Increíbles casualidades. Enhorabuena a Marta Nieto por ese premio a Mejor Actriz por su trabajo en “Madre”, y a Oskar Alegria por la cálida acogida que ha tenido “Zumiriki” y el camino que se abre a partir de ahora.

Al margen de estas buenas nuevas, el otoño me volverá a poner en gira con la música en directo de la pieza escénica “El fin de las cosas” (Barcelona, Mairena del Alcor y Lanzarote) y la obra de teatro “La casa de la llave” (Madrid -dos semanas seguidas en el Teatro Fernán Gómez-, y Elgoibar).

Habrá conciertos con banda (uno de ellos en nuestro querido AMFest), en solitario y activaciones de la pieza “Ecosistemas sonoros piensan, aprenden”. Habrá nuevas y viejas canciones. Algunas de las fechas aún no se pueden avanzar, pero en breve os haré llegar más información.

Ainara LeGardon por Rafa Rodrigo

Ainara LeGardon por Rafa Rodrigo

También, como siempre, sigue la actividad formativa con las sesiones de asesoría mensuales en el CBA de Irun, una charla en Basauri compartiendo mis reflexiones en torno a la investigación realizada acerca de la situación de las mujeres en la música (que se publicará próximamente), así como otros talleres que se anunciarán en breve.

Aquí os dejo todo lo anunciable por el momento. Gracias por seguir ahí y hasta pronto.

Ainara LeGardon.

12/09/19. “El fin de las cosas”- Pieza de danza con música de Ainara LeGardon en directo. La Caldera Les Corts, Barcelona.

Del 25/09/2019 al 05/10/2019. “La casa de la llave” -Obra de Tanttaka Teatroa con música de Ainara LeGardon en directo. Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, Madrid.

11/10/2019. Ainara LeGardon con banda. Psilocybenea, Hondarribia.

13/10/2019. Ainara LeGardon con banda en AMFest. Fàbrica de Creació Fabra i Coats, Barcelona-.

16/10/2019. “Copyzer”- Sesiones de asesoría personalizada #37. Centro Cultural Carlos Blanco Aguinaga (CBA) Kulturgunea, Irun.

08/11/2019. “El fin de las cosas”- Pieza de danza con música de Ainara LeGardon en directo. Teatro de la Villa, Mairena del Alcor (Sevilla)

22/11/2019. Ainara LeGardon en solitario. El Almacén, Arrecife (Lanzarote).

23/11/2019. “El fin de las cosas”- Pieza de danza con música de Ainara LeGardon en directo. Teatro “El Salinero”, Arrecife (Lanzarote).

27/11/2019. “Copyzer”- Sesiones de asesoría personalizada #38. Centro Cultural Carlos Blanco Aguinaga (CBA) Kulturgunea, Irun.

28/11/2019. Charla “Las mujeres en la música: reflexiones en torno a su situación y propuesta de acciones”. Basozelai Gizarte Etxea, Basauri.

18/12/2019. “Copyzer”- Sesiones de asesoría personalizada #39. Centro Cultural Carlos Blanco Aguinaga (CBA) Kulturgunea, Irun.

Ainara LeGardon es experimentación, rock, química, improvisación y autora de polaroids. También dedica una buena parte de su tiempo a investigar todo lo relacionado con los creadores y sus derechos. De ello hablamos una mañana de agosto. Como siempre digo: cualquier error es cosa mía.”.

Así abre el escritor Daniel Jándula la larga e intensa charla que mantuvimos hace unos meses, ahora albergada en la sección de su web “El oído interno”. Confieso que cuando grabamos esta conversación, estando a miles de kilómetros de distancia la una del otro, no pensé que nuestras palabras fueran a ver la luz tal cual fueron dichas, prácticamente sin edición. La lejanía se tornó proximidad, el desconocido al otro lado se tornó cómplice.

Si os apetece escuchar a dos personas hablar de procesos creativos, de la destrucción que entraña toda creación, de las emociones que rodean la propiedad intelectual (sí, es posible encontrar emoción en este campo también), de activismo, de necesidad… adelante:

Ainara LeGardon. Un jardín afilado

Ainara LeGardon en El Oído Interno

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Reflexiono sobre ello y sobre los contenidos recogidos en el Estatuto del Artista en mi artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo”, publicado en el Anuario de la Música 2018 de Musika Bulegoa y cuyo título es un homenaje a la gran Remedios Zafra. Está redactado teniendo en cuenta las recomendaciones sobre la utilización de lenguaje no sexista recogidas en la “Guía de lenguaje para el ámbito de la cultura” publicada por Emakunde/Instituto Vasco de la Mujer.

El Anuario completo se puede descargar aquí: http://musikabulegoa.eus/wp-content/uploads/2019/03/EHMBE_Urtekaria_2018_web-1.pdf

“Música e instrumentalización del entusiasmo”

A menudo la afirmación “soy artista” genera automáticamente la curiosidad morbosa, plasmada en la cuestión de con qué otro u otros trabajos y de qué forma es capaz de vivir una persona que se dedica a la creación artística. El cliché que nos persigue como amateurs o como colectivo precario (y precarizado) está profundamente asentado en la sociedad y, lo que es peor, en el propio ámbito artístico.

Afortunadamente en los últimos tiempos se está tratando abiertamente en distintos foros públicos la realidad de nuestra profesión. Ya no escondemos nuestro inestable modo de vida y tratamos de hacer llegar nuestras demandas más básicas tanto al público como a las instituciones y poderes políticos.

En este sentido es especialmente lúcido el ensayo “El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital” de Remedios Zafra (Premio Anagrama de ensayo 2017), un texto que reflexiona sobre cómo la pasión de las personas dedicadas al arte suele jugar en nuestra contra:

“…su entusiasmo puede ser usado como argumento para legitimar su explotación, su pago con experiencia o su apagamiento crítico, conformándose con dedicarse gratis a algo que orbita alrededor de la vocación, invirtiendo en un futuro que se aleja con el tiempo, o cobrando de otra manera (inmaterial), pongamos con experiencia, visibilidad, afecto, reconocimiento, seguidores y likes que alimenten mínimamente su vanidad o su malherida expectativa vital”.

Zafra también subraya que, en nuestros tiempos, esta “instrumentalización del entusiasmo y la pasión creadora, está definida por la caducidad como principal rasgo”. No puedo estar más de acuerdo con ella cuando afirma que los criterios culturales no vienen ya dados por la cultura, sino por el mercado, y que “el pago más fácil, porque es el más rápido, es el “pago con ojos”.” Efectivamente, la visibilidad es hoy lo que mejor encaja en la lógica de mercado, mientras que la remuneración “se advierte como inversión futura”.

A menudo me preguntan si de verdad es posible vivir exclusivamente de la música. Yo contesto que es posible, al menos yo así lo experimento, siendo tremendamente promiscua y activa, con la dificultad añadida de mantener la coherencia artística y el sentido crítico en estas condiciones a veces tan frenéticas.

Pensemos en cuáles son las principales fuentes de ingresos del colectivo de músicos actualmente. Hay quienes solo componen. En este caso las principales fuentes son los honorarios por los encargos de obras y los derechos de autoría. Hay quienes solo interpretan, y en ese caso sus fuentes son principalmente los cachés de las actuaciones y los derechos conexos como artistas intérpretes. En ocasiones confluyen ambas facetas (las de autoría e interpretación) junto a la autoedición discográfica, con lo que se obtienen también ingresos por ventas y por derechos conexos sobre los fonogramas. Hay quienes además imparten charlas, talleres o dan clases regularmente. Esta es otra fuente de ingresos importante en relación a la música. Sin duda, las subvenciones o ayudas institucionales, becas, residencias artísticas y otros apoyos, constituyen otro soporte reseñable. Quienes podemos gestionar todo esto a la vez tenemos la suerte de vivir y además comer y pagar el alquiler gracias a la música, pero no es lo habitual, ni debería serlo. En estas condiciones, la auto-explotación se hace presente y las personas artistas acaban convertidas en gestoras y burócratas, con las energías extenuadas y sin apenas tiempo para entregarse a las tareas relacionadas con la creación.

Volvemos a uno de los problemas que nos ahogan: la prisa y la falta de tiempo para poder dedicar el mimo necesario a cada proyecto en el que nos embarcamos. Y este nos lleva al asunto de la intermitencia propia de nuestro sector: ¿qué ocurre en los periodos en los que seguimos trabajando, pero no obtenemos ingresos? Entre disco y disco seguimos componiendo, ensayando, preparando la producción de nuevas canciones o de una próxima gira, etc. Lo cierto es que carecemos de una estructura administrativo-legal adecuada para afrontar esta situación.

Hace unos meses, las noticias hablaban de la intención del Gobierno de reformar el régimen de Seguridad Social y permitir que la cuota que pagamos las personas afiliadas al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos esté en relación con nuestros ingresos, mediante una cotización por tramos. Desafortunadamente, este acuerdo que aguardamos con esperanza se va posponiendo.

En 2019 tendremos que afrontar una cuota de 283,3 euros mensuales sean cuales sean nuestros ingresos. Esto provoca que tengamos que trabajar mucho y de forma continuada, descartando incluso los periodos vacacionales. Carecemos de derecho a subsidio por desempleo, y ni nos planteamos soñar con etapas en las que podamos dejar de tocar o dar clases para poder dedicarnos exclusivamente a la investigación artística y a la creación de nuevas obras. Esta situación genera un problema de sobresaturación y ansiedad que en algunos momentos de nuestras carreras nos pasa factura en lo referente a la salud.

Para (sobre)vivir de la música, nos vemos en la obligación de crear/producir mucho y rápido. Mientras tanto, el público se acostumbra a consumir de la misma forma: superficialmente y sin disfrutar de la música ni valorar el esfuerzo que requiere su creación y su puesta a disposición. Los actuales modelos de distribución musical no ayudan; la tiranía que impone la cultura de masas, tampoco.

Mery Cuesta, en su libro “La Rue del Percebe de la cultura y la niebla de la cultura digital” (consonni, 2015), describe tres interesantes aspectos de la “nueva cultura” que se genera en el entorno digital: “a) rapidez de acceso, b) amplitud de horizonte y c) baratura”, y describe certeramente sus contras: “la rapidez y facilidad de acceso a una gran cantidad de información también implica una absorción superficial de los contenidos y una suerte de bulimia; la amplitud de horizonte provoca desorientación; y la baratura -no nos engañemos- es muchas veces la máscara amistosa de la precariedad profesional”.

Los modelos de distribución y consumo musical en el ámbito digital, en vez de ser valiosas herramientas de trabajo para el colectivo artístico, con frecuencia se convierten en interferencias y provocan la homogeneización tanto del pensamiento artístico como del gusto de la audiencia.

Al margen de esta circunstancia, tampoco nos ayuda en nuestro día a día el escaso cumplimiento de la legislación vigente. En teoría, la empresa o institución organizadora de un concierto debe encargarse del alta y baja en la Seguridad Social siempre que la persona trabajadora lo demande o solicite. Esto casi nunca se cumple. Nos “obligan” a presentar una factura.

En el Estatuto del Artista se analiza la necesidad de la creación de un sistema fiscal acorde a la intermitencia del trabajo artístico y a la irregularidad de nuestros ingresos, que pueda garantizar una jubilación digna y compatible con el derecho a seguir creando. También se demanda el reconocimiento de nuestras lesiones y enfermedades laborales y el derecho a percibir el subsidio por desempleo. También, como punto relevante, se enfatiza la importancia de las enseñanzas artísticas y la necesidad de equiparación de sus titulaciones a las universitarias. No pedimos mucho, simplemente la misma protección social que se le brinda al resto de la clase trabajadora.

Dice Zafra que “lo que moviliza a un entusiasta es dedicarse a su pasión, transformar su vulnerabilidad económica en libertad.” Y sin embargo, lo que los entusiastas se encuentran con mayor frecuencia es “que su trabajo es convertido en afición, que su trabajo no es empleo, que su producción es valorada como consumo, y su fuerza productiva es rentabilizada por otros.”

Es nuestra responsabilidad mantenernos firmes en un compromiso con la lucha para dejar de ser el eslabón débil de la cadena en cualquier negociación relacionada con el trabajo en el campo artístico, así como en la batalla para seguir creando desde una posición reflexiva que huya del apagamiento crítico y de la banalización.

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo "Música e instrumentalización del entusiasmo" de Ainara LeGardon

Artículo “Música e instrumentalización del entusiasmo” de Ainara LeGardon

Inquire Magazine, un proyecto fantástico que une arte y opinión con perspectiva de género, publica la conversación que he tenido recientemente con la gran Natalia Piñuel. Hablamos de autogestión, de SGAE (y del libro “SGAE: el monopolio en decadencia”, Consonni cultura crítica), de los modelos de distribución digital de música y de sentir y hacer las cosas de otra manera:

http://inquiremag.com/pantalla-sonica-ainara-legardon/

Entrevista Ainara LeGardon en Inquire

Entrevista Ainara LeGardon en Inquire

(La pieza que ilustra esta entrada es una improvisación en la que juego con el sonido del tráfico y, mediante un pequeño grabador/reproductor, recreo con mi propia voz la textura de los cantos lejanos de los muecines).

 

“Escuchar es muy difícil”

“Escuchar es muy difícil”, me dice Khadija tras casi hora y media de paseo sonoro por la ciudad.

En Casablanca rumor del tráfico es constante. Al rugir de los motores y la fricción de los neumáticos contra el asfalto se unen los numerosos avisos que los conductores se dan entre ellos y a los peatones. En el centro de la ciudad no pasan tres segundos sin que suene el claxon de algún vehículo.

A primera vista existe un caos circulatorio inmenso. La señalización vial apenas es respetada, ni por los viandantes, ni por los vehículos a motor o los traccionados por animales. Lo más habitual es que estos vehículos tengan que sortear a las personas que cruzan lenta y en general confiadamente arterias de hasta tres carriles por sentido. Se hace por tanto esencial la advertencia sonora casi constante.

Marwan nos pregunta si otras grandes ciudades en las que ya hemos estado suenan igual. Pienso en Nueva York, Londres, Madrid… Rafa en Beirut, París, Montreal… y no, no suenan igual. Ninguna suena igual que otra.

Casablanca tiene muchas particularidades que afectan a su sonido, a su voz. Una de ellas la apunta Rafa: el envejecimiento de los vehículos implica que, entre sonidos de motores más modernos, podamos distinguir a menudo los de viejas motocicletas destartaladas, con su rugido particular. Algunas de ellas cargan con carros acoplados a su cuerpo, cuya estructura metálica vibra con cada irregularidad del pavimento. No es extraño tampoco escuchar las pisadas de caballos tirando de carros.

Bajo nuestros pies, el sonido más habitual es el de las baldosas sueltas en las aceras. Es habitual, pero solo es capaz de evidenciarse en las calles más tranquilas de ciertas zonas residenciales. Incluso en ellas, el flujo del tráfico se sigue escuchando a lo lejos. El movimiento en Casablanca no cesa.

En medio de todo este aparente caos, que acaba de alguna forma autorregulándose, aparecen las voces acusmáticas de los muecines que convocan a la oración desde el alminar cinco veces al día. Existen grandes torres con potentes altavoces diseminadas por toda la ciudad. Cada una de ellas amplifica el canto de un muecín, que llama a la oración a su manera. “Free style”, apunta Taha.

Desde la habitación del hotel se escucha una de esas llamadas claramente por encima de cualquier otra. Es la más melódica de las que tenemos la oportunidad de oír. Sin embargo, en los silencios entre frase y frase, se intercalan en nuestra escucha, muy a lo lejos, casi como ensoñados, los cantos de otros muecines cuya voz es amplificada desde otros puntos más lejanos. Se produce un falso eco. Una sinfonía llena de sutilezas, si a ello añadimos el sonido del aire a presión de las obras de construcción del edificio de enfrente, las sirenas, las bocinas y los pájaros que pueblan el interior de la ciudad. Así ha definido Houda lo que escucha: una sinfonía.

Salah nos explica que los pájaros boyeros solían habitar en una zona concreta, que tuvieron que abandonar al ser urbanizada. Ahora solo les quedan pequeños reductos para habitar pacíficamente, como los alrededores de la pista de atletismo que en otros tiempos vio competir a grandes campeones, según nos narra el vigilante. Las gaviotas, por su parte, se hacen oír cerca del puerto.

Casablanca también se caracteriza por su comercio. En toda ella encontramos puestos ambulantes, principalmente de fruta fresca, dulces o frutos secos. En el interior de la Medina, el bullicio general es alimentado por los anuncios de los vendedores, tratando de llamar la atención de los posibles clientes. A última hora de la tarde, las bolsas de plástico de las mercancías desembaladas han quedado desperdigadas por el suelo, hoy embarrado tras una fina lluvia. No se puede evitar pisarlas, así que esa parte de la Medina, a esa hora en concreto, suena a plástico, con distintas texturas y volúmenes.

Al terminar el paseo hablamos de la experiencia que hemos compartido. De qué es lo que ha supuesto caminar en grupo y en silencio, cuidándonos unos a otros, buscando las miradas de otras personas para saber si han escuchado lo mismo que nosotros, si han sentido lo mismo, si también han deseado parar para satisfacer su curiosidad durante unos segundos.

Aprendemos en colectivo a disfrutar de la escucha consciente y descubrimos así otras Casablancas que se esconden a nuestros oídos.

Descubrimos también que escuchar es muy difícil, pero que en este acto consciente y activo, podemos incluso impulsar la manifestación de otras realidades.

 

Ainara LeGardon, Aeropuerto de Casablanca, 15/11/18.

 

Nota: El alumnado es heterogéneo, pero con intereses comunes. Me miran con atención mientras les hablo de otras formas de expresión, de escucha, de comunicación. Nos expresamos, nos escuchamos y nos comunicamos de diferentes maneras. El último día de taller realizamos una performance ante el público, en la que se mezclan parte de las grabaciones de campo que hemos realizado mientras paseábamos, con sonidos orgánicos que vamos construyendo y entrelazando a tiempo real, además de la expresión de nuestras voces en distintos idiomas.

(Texto escrito a modo de diario de viaje tras un taller/experiencia desarrollado en el Centro Cultural Boultek -Centre de musiques actuelles– de Casablanca, así como en distintos recorridos de la ciudad. La experiencia está enmarcada dentro de ALAM AL-MITHAL, una colaboración entre Tabakalera y Gipuzkoa Koopera, junto a Salah Malouli (gestor) y el área de mediación de Tabakalera).

 

Pocas, muy pocas veces, el público tiene la oportunidad de conocer qué ocurre cuando se apagan los amplificadores, el eco de cinta deja de girar, y se pulsa “stop” en la grabadora de sonido. En ese momento es cuando la cabeza se pone a dar vueltas, a analizar qué ha sucedido en la improvisación y a tomar notas de las sensaciones vividas y de aquello que se quiere o no asentar.

“Germinal” es un proyecto de Inés Bermejo y Carla Fernández compuesto por una serie de documentales sobre los procesos de creación de artistas provenientes de diferentes disciplinas.

En este caso me acompañaron en el proceso de creación (o más bien de ensayo y error) de una pieza sonora especialmente concebida para su estreno en el MUSAC– Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, dentro del ciclo “Madre motor” en julio de 2018.

Gracias por hacerlo de una forma tan discreta y honesta.

 

Más información sobre “Germinal” en: https://carlafernandezartistavisual.wordpress.com/2018/05/15/germinal1_june-crespo-2016/

“Germinal” se presentó en el Festival BAD Bilbao en octubre de 2018: http://badbilbao.eus/web/bad-2018/espectaculos/germinal/

 

El programa ERRAIETATIK de Hala Bedi Irratia, me invitó a compartir mis experiencias como artista autogestionada y mis reflexiones en torno a los actuales modelos de gestión de derechos de propiedad intelectual. Podéis escuchar la entrevista completa a través de este enlace:


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